jueves, 7 de febrero de 2019

La expulsión de los moriscos (y 6)

El marqués de Caracena, publicó el bando real que tenía en su poder, mandando que fueran expulsados todos los moriscos de aquel reino y trasportados a Berbería (22 de septiembre). Los principales capítulos de esta terrible ordenanza eran:—que en el término de tercero día todos los moriscos, hombres y mujeres, bajo pena de la vida, habían de embarcarse en los puertos que cada comisario les señalará;—no se les permitía sacar de sus casas más que la parte de bienes muebles que pudieran llevar sobre sus cuerpos;—no habían de ser maltratados, vejados ni molestados de obra ni de palabra;—durante la embarcación se les daría el necesario sustento;— cualquiera que encontrare a un morisco desmandado fuera de su lugar pasados los tres días del edicto, podía impunemente desvalijarle, prenderle, y hasta matarle si se resistía;—imponíase pena de muerte a los vecinos de cualquier lugar en que se averiguase haber quemado los moriscos, escondido o enterrado alguna parte de su hacienda;—en cada lugar de cien vecinos quedarían seis, los más viejos, escogidos por los señores entre los que hubieran dado más muestras de cristianos, para que pudieran enseñar a los nuevos pobladores el modo de cultivar los campos;—los niños menores de cuatro años podrían quedarse, si querían ellos y los padres lo consentían;—los menores de seis años, hijos de cristiana vieja, se quedarían con su madre, pero el padre, si era morisco, sería expulsado.”



La expulsión se prolongará en toda España hasta el año 1614. La operación fue dirigida por el duque de Lerma, señor del marquesado de Denia, que como hemos señalado, fue su principal instigador. La repoblación se hizo en medio de una serie de condiciones que en 1693 degenerarían en las conocidas segundas germanías.

La tragedia estaba servida; tragedia y desesperación de los expulsados; abusos que sobre ellos se cometíeron; todo junto provocó en Valencia un último y desesperado levantamiento, negándose abiertamente a cumplir las órdenes reales. En Finestrat, en Sella, en Relleu, en Tárbena y Aguar, en todo el valle del Guadalest, en Muela de Cortes, se levantaron en armas los caudillos Jerónimo Millini y el Turigi, lo que provocó una matanza entre los desgraciados expulsados, que acabaron entregando a los sublevados. El resto fue expulsado sin contratiempos.

Así, por tantos desmanes, “la providencia de  la expulsión de los moriscos fue bien recibida entonces por los mas”.  Al parecer, de la expulsión se aprovecharon unos pocos, en concreto el duque de Osuna; “es fama que el valido se enriqueció de tal suerte, usurpando los bienes de la corona, que aumentó sus rentas desde treinta mil hasta doscientos mil ducados.”

Como en tantas ocasiones, cuando la situación política está manejada por personas que no miran el bien común, hay algunos que mereciendo el destino de las víctimas, sin embargo, salen beneficiados a costa de todos.

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