martes, 12 de febrero de 2019

LA INQUISICIÓN Y LOS JUDÍOS (10)

Pero esa implacabilidad de los conversos hacia los judíos de religión, ¿de qué era consecuencia? Parece achacarse la culpabilidad de los enfrentamientos con los judíos a aquel que se enfrenta a los judíos, salvándose siempre la buena voluntad del judío y consiguientemente condenando a la injusticia la opinión o la actuación de quien adopta una postura contraria. No parece justo que tal suceda. Como hemos visto, los judíos que dejaban de serlo, los conversos, eran designados de dos formas por los que permanecían en el judaísmo: “anusim” (forzados) para aquellos que habían dejado el judaísmo por miedo, pero que seguían siendo judíos, y “mahram” (cosa prohibida) que por deformación lingüística derivó en “marrano”, para aquellos que habían abandonado el judaísmo y habían abrazo el cristianismo. ¿Quién atacaba a quién?, ¿quién ejercía la maledicencia sobre quién? Evidentemente, mientras que en la sinagoga se rezaba por los “anusim”, no se era tan piadoso con los “mahram”. Evidentemente, el enfrentamiento con los judíos, por naturaleza, debía estar encabezado por los “mahram”, que eran los primeros destinatarios de las iras judías. Y así sucedería; así, los principales predicadores cristianos contra el judaísmo eran justamente “mahram”, marranos, y como los “mahram” eran mayoría absoluta en los conversos, el reto en el sionismo estaba servido.



Recordemos que, aunque prácticamente nos podríamos situar en cualquier otro momento de la historia,  nos estamos moviendo a caballo entre los siglos XIV y XV. En el curso del nunca extinto y siempre revivido conflicto judío se habían producido en este tiempo una serie de vaivenes; por una parte se había acosado al pueblo judío prohibiéndole ejercer como médicos, cirujanos, tenderos…etc. Pero Juan II  dio en Arévalo una pragmática por la que ponía bajo su custodia a los hijos de Israel… Esa medída debía haber parado el conflicto, pero el sacrilegio llevado a cabo por un judío en Segovia significó el ahorcamiento de algunos rabinos, con un hecho añadido: los ilustres conversos Pablo de Santa María, Alfonso De Cartagena, Fray Alonso de Espina, y otros judíos que habían abrazado el cristianismo eran los que más concitaban los ánimos contra sus antiguos correligionarios.  Como vemos, los “marranos” se levantan contra el acoso a que se ven sometidos por parte de sus antiguos correligionarios, y arremeten contra ellos con  toda la fuerza. ¿Revancha?, ¿acción injusta?... Como señalamos en otros puntos de este trabajo, habrá que determinar qué es primero, si el huevo o la gallina, salvo que la tiranía imperante en cada momento nos obligue a señalar como culpable a alguien en concreto.

“En las cortes de Ocaña de 1469, los procuradores solicitan al monarca Enrique IV la prohibición a los judíos de trabajar en los oficios de los arrendamientos, recaudación, almojarifazgo y mayordomía de la corona y de las casas de la nobleza, y la participación en el arrendamiento y recaudación de los diezmos y rentas eclesiásticas, pero la corona da la callada por respuesta, dejando el camino expedito a los judíos (art. 21)” …”A juicio de Benzion Netanyahu, “las súplicas de las ciudades a los reyes para alejar de todos los cargos públicos a los judíos deriva igualmente de intereses sociales, económicos y políticos antes que religiosos”. Ciertamente, el móvil religioso no es el objetivo prioritario esgrimido por los concejos urbanos en su batalla por controlar los resortes fiscales de la administración local.”  Personalmente considero que Netanjahu tiene razón en el aserto; en lo que no estoy de acuerdo es en el hecho de que el móvil sea de carácter racial, porque como vengo señalando, España no ha sido nunca racista. Entonces, si no hay motivo racial, pero tampoco hay motivo religioso, como señala Netanyahu, ¿qué motivo queda?... El único motivo es el que vengo señalando desde el principio: la usura.

El poder real, no sólo con Enrique IV, sino prácticamente con todas las dinastías, estaba sometido al poder económico de la minoría judía, que los tenía dominados mediante la concesión de préstamos usurarios que ocasionalmente eran condonados, teniendo siempre la contrapartida de poder ejercer la usura con la totalidad de la población, a la que difícilmente le llegaba esa condonación. La cuestión es que el tipo aplicado a, los préstamos, como venimos señalando era de todo punto inverosímil, motivo, per sé, para provocar un levantamiento popular que pretendiese acabar con esa situación.

Naturalmente, esa medida no es tenida en buena consideración, máxime cuando en la actualidad, en el siglo XXI, el pueblo está sufriendo intereses y comisiones usurarias por parte de la banca y de las grandes empresas de servicios, mientras el poder político, los sindicatos y todos los grupos sociales que se encuentran bajo el paraguas de la democracia, gozan de prebendas sin límite, de subvenciones pagadas por todos y de condonaciones bancarias cuando es menester.

Es el caso que, volviendo al momento concreto en que nos estamos moviendo, los instantes históricos anteriores a los Reyes Católicos, “la influencia judía en la Corte del reino cobra fuerza en los días previos a la mayoría de edad de Alfonso XI, …  En esta tesitura se desarrolla la normativa contemplada en el cuaderno de cortes de Valladolid de 1325. Pero la hostilidad antijudía arrecia en las cortes de 1329 y 1339 —a ésta última asisten los procuradores placentinos Johán Ferrández y Miguel Sánchez— clamando los participantes contra los intereses prestatarios y el lucro judío.”

http://www.cesareojarabo.es/2018/06/la-inquisicion-y-los-judios-texto.html

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