sábado, 16 de marzo de 2019

Algunos apuntes sobre la Inquisición (y 20)

Las Compilaciones, que constaban de 28 artículos, marcaban los plazos de gracia para la autodenuncia, prohibía la persecución de menores de 20 años salvo casos concretos y sujetos a ciertas penas, y exigía la denuncia de casos conocidos.

“Esta constitucion fué adicionada muchas veces, aun en los primeros tiempos del establecimiento, particularmente con las instrucciones acordadas en Sevilla, en 9 de enero de 1485; en Valladolid, a.7 de octubre de 1488; en Toledo y Avila, año 1498; y en Valladolid, año 1561 : pero nunca se alteró la sustancia del órden de proceder”.

En esencia, la organización inquisitorial no varió su estructura en los tres siglos y medio de existencia. “La organización inquisitorial se debe a los primeros inquisidores generales, que elaboraron las Instrucciones antiguas, iniciadas por Torquemada en 1484 y completadas por Deza, y las Instrucciones nuevas, que comenzó Manrique y completó Fernando Valdés en 1561; fueron recopiladas todas ellas por Arguello en 1630.” 

Es de destacar que entre los diversos cargos inquisitoriales se contaba con un “proveedor”; “su oficio era el de dar á todos los presos buenos alimentos y á los precios corrientes; a los que se pagaban su manutención rendían cuenta muy menuda, y debían traerles lo que pidieran. Todos los meses presentaban al receptor la cuenta de los dispendios hechos a favor de los presos que no sufragaban á sus gastos. No podían comprar nada de lo confiscado á los reos.”

En 1580, se produce la ansiada unión con Portugal y se procede a la persecución contra los marranos portugueses, que sería controlada por el Conde Duque de Olivares, protector de los conversos. Justo en estos momentos, y durante los reinados de Felipe II y Felipe IV sería “cuando la Inquisición española alcanzó su máxima autoridad y pompa”. El total de tribunales españoles alcanzó finalmente el número de quince: Barcelona, Córdoba, Cuenca, Granada, Logroño, Llerena, Madrid, Murcia, Santiago, Toledo, Sevilla, Valencia, Valladolid y Zaragoza, a más del establecido en Palma de Mallorca.”  Además estaban los tres tribunales de Lima, Cartagena de Indias, Cuba, México, Lisboa, Évora, Palermo, Cerdeña.

En 1814 Fernando VII instaura nuevamente la Inquisición, que había sido suprimida en 1812 por las Cortes de Cádiz y que nuevamente sería suprimida el año 1820, para ser instaurada nuevamente tras la expedición de los Cien mil Hijos de San Luis que acabaron con el trienio liberal. El 15 de Julio de 1834 sería definitivamente suprimida por decreto de la regente Maria Cristina. Mariano José de Larra escribiría: “Aquí yace la Inquisición, hija de la fe y del fanatismo; murió de vejez” (Día de Difuntos de 1836).

Ya desde el último cuarto de siglo XVIII los ilustrados tienen minada la institución; Jovellanos, Floridablanca, Llorente… maquinan cómo ponerla al servicio de la Ilustración. Jovellanos, en carta de 21-5-1794 manifiesta que atacar de frente la Inquisición sería afirmar más y más sus cimientos. “Es mejor avanzar por etapas”.

Es significativo que el 50% de los procesos inquisitoriales tuvieron lugar entre 1478 y 1520. En 42 años se resolvió el 50% de una historia que duró 356 años. Pero, ¿cómo actuaba cuando se encontraba con un demente? El asunto lo desarrollaremos al tratar de la brujería, pero “En muchas ocasiones, cuando un preso se volvía loco, lo enviaban al hospital de orates más próximo o, si no era demasiado ruidoso o violento, a alguna casa de un particular… En los documentos procedentes de los testimonios de los médicos del Santo Oficio, encontramos un compendio de las concepciones sobre la melancolía y la filosofía de las pasiones entonces en vigor.”

“La irresponsabilidad jurídica del loco y la consiguiente imposibilidad de castigarlo planteaba verdaderos quebraderos de cabeza al Santo Oficio, principalmente en los casos en que se sospechaba que la insania era simulada. En efecto, como lo recuerda el Manual de los Inquisidores: ‘entre las diez argucias de los herejes para responder sin confesar […], la novena consiste en simular estupidez o locura... Efectivamente, la Inquisición nunca vaciló en torturar a los sospechosos de simular su locura, algo que Peña justificaba arguyendo que el bien público debía prevalecer frente a la salvación del alma de un solo individuo… Los casos estudiados testimonian que la Inquisición necesitaba que el hospital de locos respaldara su actuación. Por lo tanto solicitaba muy a menudo su colaboración.” 

Texto completo: http://www.cesareojarabo.es/2018/05/algunos-apuntes-sobre-la-inquisicion.html

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