martes, 26 de marzo de 2019

Conspiraciones, pronunciamientos y sublevaciones en el siglo XIX (16)

Los movimientos populares se sucedían; el 7 de octubre se producía un motín de los tenderos de Madrid; el 11 se produjo una grave insurrección republicana en Ferrol, que no fue secundada por la población y que se mantuvo hasta el día 20, y la indisciplina en todos los campos era la nota dominante, destacando los movimientos contra las llamadas a quintas. El cuerpo de artillería, por discrepancias con el general Hidalgo de Quintana, acabó siendo dividido en dos grupos.
Los hechos tuvieron lugar del siguiente modo: Cuando se va a producir el nombramiento del General Hidalgo para un alto cargo, se produce la protesta de los jefes y oficiales de Artillería, aduciendo que el designado había intervenido años atrás en una conspiración. Los oficiales, tras haber protestado, solicitan la separación del servicio, lo que venía a suponer un acto general de indisciplina. Ante esta situación, Ruiz Zorrilla propuso a las Cortes, para su aprobación, una disposición que prácticamente equivalía a la disolución del Arma de Artillería. Finalmente, la propuesta fue aprobada, y la respuesta de los artilleros es contundente: insinúan al Rey el golpe de Estado. El Monarca se encuentra entonces en una situación enormemente difícil, puesto que si respalda la decisión política quedaría en abierta oposición al ejército, pero si decidía a favor de los artilleros los políticos le retirarían el escaso respaldo de que disponía.



Todo este cúmulo de circunstancias desemboca en la abdicación del Rey el 10 de febrero de 1873. (López 1992: 305)

Una gran conmoción se esparció por todo el territorio nacional, y en Madrid se temían dos levantamientos: uno a cargo de los “intransigentes”, dirigido por el general Nouvilas, y otro a cargo de los radicales, a favor de la república unitaria, y capitaneados por Domingo Moriones. Las masas exigían  democracia, descentralización, y medidas sociales.

Y en medio de esta conmoción tomó cuerpo el movimiento cantonalista, objeto de análisis aparte, y que conocería el principio del fin de su efímera existencia en el mismo momento de su expansión.

No obstante, las esperanzas cantonalistas se mantendrían vivas incluso después del 3 de Enero de 1874 cuando el general Pavía, marcadamente liberal,  dio un golpe de estado dando término a la Primera República y dando paso a la dictadura del general Francisco Serrano, que pervivirá todo el año 1874, hasta que el día 30 de diciembre conoció su final con el pronunciamiento del general Martínez Campos.

El golpe de estado se produjo mientras en el parlamento los intransigentes laboraban para volver al cantonalismo. Como consecuencia, las Cortes serían disueltas el día 8, siendo nombrado primer ministro Francisco Serrano, quién supuestamente iba a anular las disposiciones que habían mutilado las prerrogativas religiosas, pero se limitó a restaurar las órdenes militares, que estaban inoperativas, y a prometer destinos cómodos a los quintos que estuviesen casados sólo por la Iglesia, y abriría el camino para la restauración de la dinastía Borbón en la persona de Alfonso XII, hijo de Isabel II, que permanecía residiendo en Francia y atendiendo sus negocios de tráfico de esclavos.

A la semana del golpe del general Pavía, se emitía un decreto del gobierno de 10 de enero, publicado por la Gaceta de Madrid de 11-1-1874 en el que se señalaba:
Artículo 1º.- Quedan disueltas desde la publicación de este decreto todas las reuniones y sociedades políticas en las que de palabra u obra se conspire contra la seguridad pública, contra los altos y sagrados intereses de la patria, contra la integridad del territorio español y contra el poder constituido.

A partir de este momento se vivió bajo la dictadura de Serrano, que

Preparó e hizo aprobar la Constitución de 1876, estableciendo una monarquía liberal inspirada en las prácticas parlamentarias europeas. La clave era acabar con la violencia política y los pronunciamientos militares que habían marcado el reinado de Isabel II, asentando la primacía del poder civil. Pero para ello había que garantizar la alternancia pacífica en el poder; Cánovas diseñó un modelo bipartidista al estilo británico, formando él mismo un gran Partido Conservador a partir de la extinta Unión Liberal; y buscó una figura que aglutinara la opción política alternativa, encontrándola en Sagasta, que asumiría el liderazgo del Partido Liberal, con el cual se turnarían los conservadores en el poder. (Orte 2015: 32)

Texto completo: http://www.cesareojarabo.es/2018/02/conspiraciones-pronunciamientos-y.html

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