viernes, 29 de marzo de 2019

EL ANEXIONISMO ANGLO USENSE (XII)

Pero es que era tan evidente el intervencionismo usense, y tan evidente la sumisión de los gobiernos españoles a intereses contrarios a los de España, que los usenses tomados prisioneros son las armas en la mano en tantos enfrentamientos mantenidos con los separatistas, eran inmediatamente puestos en libertad, en un uso extremadamente generoso y burlesco del tratado firmado en 1879 entre España y los Estados Unidos.



La guerra separatista, iniciada el 24 de febrero de 1895, ya había tomado nuevamente fuerza, y la acción de los Estados Unidos, que no sólo la respaldaba de manera poco encubierta, sino que, conforme a lo que llevamos relatado demostraba ser parte principal en la misma, tomaba mayor protagonismo cuando el 28 de enero de 1896, John T. Morgan, demócrata de Alabama, presentó la siguiente resolución

Se resuelve por la presente que en opinión del Congreso una condición de guerra existe entre el gobierno de España, y el gobierno proclamado y por algún tiempo sostenido por las fuerzas de las armas por el pueblo de Cuba; y que los Estados Unidos mantendrán una estricta neutralidad entre ambos contendientes, concediendo a cada uno todos los derechos de beligerantes en los puertos y territorios de los Estados Unidos. Enseguida Don Cameron, Senador Republicano por Pennsylvania, muy ligado a Henry Cabot Lodge y a Henry Adams, representando a la Minoría del Comité presentó una segunda resolución que añadía a la de la mayoría lo siguiente: Resuelve por consiguiente, que los amistosos oficios de los Estados Unidos deben ser ofrecidos por el Presidente al gobierno Español, para el reconocimiento de la independencia de Cuba. La Resolución fue aprobada por el Senado el 28 de Febrero de 1896, 64 votos a favor y 6 en contra (a favor 35 Republicanos, 25 Demócratas y 4 populistas). (Adán 1979)

Uno de los argumentos empleados en diversas ocasiones por los Estados Unidos, para demostrar la importancia de la insurrección y justificar su intervención, era la duración de la misma, sin reflexionar que a ella contribuían al autorizar, o no impedir, las expediciones filibusteras que  proveían a los insurrectos de cuanto necesitaban para prolongar la guerra.

La mayor parte de las ayudas provenían directa o indirectamente de los Estados Unidos, sin que la diplomacia española lograse convencer a Washington de que pusiese fin a estos ataques encubiertos contra la soberanía de España en Cuba. (Togores 2010: 543)

La situación señalaba como incuestionable que, caso de que Mckinley fuese nombrado presidente de los Estados Unidos, se emprenderían acciones directas para tomar posesión de Cuba.
Estos aspectos no pasaban desapercibidos a los ojos del capitán general, Valeriano Weyler, que sufría una interminable condena de la prensa hacia su persona, a quién acusaban de cruel. A las continuas acusaciones de que era objeto responde en su descargo en su obra “Mi mando en Cuba”.
En esa situación, Bartolomé Masó proclamó una alianza de facto de los separatistas con los usenses:

La gloriosísima revolución iniciada por José Martí el 24 de febrero de 1895 está a punto de triunfar, gracias a la magnánima ayuda de  los Estados Unidos de América; nuestras armas, que en tres años de guerra nunca fueron derrotadas por los españoles, pronto habrán ganado su victoria. (Thomas 1971)

No era sólo en Cuba. El dos de marzo se concentraba en Hong Kong una armada usense y el 14 se producía una nueva sublevación en Filipinas mientras, en medio de una crisis de gobierno; éste abría una suscripción popular para el fomento de la marina… El día 16 Estados Unidos declaraba la guerra.
Pero es que, además,

la crisis contó entre sus componentes un serio contencioso hispano-británico acerca de las fortificaciones españolas frente a Gibraltar, contencioso que atrajo sobre España el riesgo de otro conflicto, que habría resultado más ruinoso para ésta que la misma guerra con los Estados Unidos. (Jover 2006)

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