viernes, 22 de marzo de 2019

España bajo el Islam (25)

Esto no impidió a Abderramán, no obstante, seguir con las incursiones en Asturias. En 823, y mientras gozaba de su harén, envió una nueva aceifa al mando del general Abdelkrim, que ya resabiado de sus experiencias anteriores, prefirió atacar la parte del reino más alejada de Oviedo: Álava  Arrasó el territorio y volvió sin mayores consecuencias.  Clara muestra de la debilidad de los invasores frente al reino de Asturias. Nuevas aceifas se repetirían el año 825, con tres ejércitos, dos dirigidos a Galicia y uno dirigido a Álava. La idea era conquistar Galicia.

La aceifa alavesa fue un éxito para los árabes. Los ejércitos que acometían Galicia fueron exterminados respectivamente en Narón y en Anceo. Esto ocasionó que Abderramán organizase una nueva aceifa para el mismo año, en una época poco favorable para llevarla a cabo, Diciembre, que no tuvo consecuencias.  La siguiente aceifa no sería hasta 838, y es que Córdoba debió atender los levantamientos de los muladíes, de las que algo hemos tratado y trataremos en más profundidad.

Uno de ellos, Muhaud, de Mérida, derrotado en 833 por Abderramán, se acogió al reino de Asturias con sus tropas, siendo asentado en Sarria, pero en la aceifa del 838 volvió con los suyos, no sin antes haber intentado segregar posesiones asturianas para entregarlas a Abderraman. El casto lo derrotó cerca de Viso y exterminó a sus tropas.

Mientras tanto, en el naciente Aragón, Galindo Garcés se mantuvo guerreando desde el 833 al 844, cuando lo sucedió Galindo I Aznárez, también conde de Urgel (830-833),
Cerdaña (830-833), Pallars (833-834) y Ribagorza (833-834). 

A partir del año 838, ahogadas en sangre las revueltas de los muladís y de los mozárabes, Abderramán lanzó dos campañas anuales contra Galicia y contra Vardulia, siendo que el propio Abderramán encabezó la del año 839, que abandonó al llegar a Guadalajara porque tuvo un sueño erótico que le animó a volverse con su harén. Evidentemente no tenía demasiadas afinidades con Alfonso “el casto”.

Los poetas árabes cantaron tanto la deriva de Abderramán como las barbaridades que su ejército cometió en tierra vasca: las cabezas solas de los muertos formaron montones altos como colinas.  Como represalia, el rey casto realizó una acción de castigo sobre Medinaceli.

El rey casto moriría el año 842, y de él diría posteriormente Alfonso III: “Permultis spatiis temporum gloriosam, castam, pudicam, sobriam atque inmaculatam uitam duxit. Atque in senectute bona post quinquaginta duos annos regni sui santissimum spiritum permisit ad coelum. Et qui in hoc seculo sanctissimam vital egit, Oueto ipse in in tumulo pace quieuit, aera DCCCLXXXI.


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