domingo, 10 de marzo de 2019

La batalla de las Navas de Tolosa (6)

Entraron en acción, entonces, las líneas medianeras de los cuerpos castellano y aragonés. Cargan con fuerza. Mas no consiguen desbaratar las filas enemigas encaramadas en la pendiente, formadas por peones acorazados, con escudos y lanzas largas, y reforzadas por arqueros. A partir de ese momento se produce un fiero combate generalizado cuerpo a cuerpo. Nadie cede. Caen los hombres en uno y otro bando, pero no se avanzaba un paso.



Entran en lid las tropas de élite de los almohades; los voluntarios y arqueros de la vanguardia, mal equipados pero ligeros, simulan una retirada inicial frente a la carga para contraatacar luego con el grueso de sus fuerzas de élite en el centro. A su vez, los flancos de caballería ligera almohade, equipada con arco, tratan de envolver a los atacantes realizando una excelente labor de desgaste,  y las tropas españolas flaquean, Al ver retroceder a los cristianos, los musulmanes rompieron su formación cerrada para perseguirles, lo que fue un grave error táctico. Esta peligrosa maniobra de los musulmanes, debilitó el centro del ejército almohade.  Error táctico o maniobra habitual de los arqueros, que tantas veces, como en Alarcos les había resultado favorable. Pero fue justo este momento el que fue aprovechado por Alfonso VIII para acudir a la batalla.

Alfonso VIII dijo al arzobispo de Toledo: “arçobispo, yo et uos aquí morremos”. Et respondiol essa ora el arçobispo: “señor, fiemos en Dios, et mejor será; ca nos podremos más que nuestros enemigos, et uos los uençeredes oy”. El noble rey don Alfonso, nunca uençudo de coraçon, dixo: “uayamos apriessa a acorrer a los primeros que están en peligro”.

Alfonso fue seguido por los reyes de Aragón y de Navarra al grito de ¡Santiago y cierra España!, ante cuya acometida se produjo la gran desbandada agarena, dejando en solitario a Miramamolín con su escolta suicida.

Las tropas españolas saltan sobre las hileras de esclavos y Miramamolín, impelido por su hermano Zeyt Abozecri, sale huyendo a uña de caballo hasta Jaén. Sancho fue el primero en acometer la tienda del tirano. A partir de ese momento comienza la persecución de los desventurados moros, que emprenden una huída como la de su tirano. Los hombres de Sancho fueron matando uno a uno a los miembros de la guardia y rompieron las cadenas de circundaban la tienda .

Hasta mil muertos padecieron las tropas españolas, entre ellos el maestre del Temple, Gomez Ramirez, y el de Orden de Santiago, don Pedro Arias, quedando gravemente herido el de la orden de Calatrava, Rodrigo Díaz de Yanguas, y hasta Pedro II de Aragón recibió una lanzada sin consecuencias.  Otros autores aumentan la cifra de españoles muertos a 5.000.

La carnicería en aquella colina fue tal que después de la batalla, los caballos apenas podían circular por ella, de tantos cadáveres como había amontonados. El ejército de Al-Nasir se desintegró. En la terrible confusión cada cual buscó su propia salvación en la huida, incluido el propio califa.  Los árabes sufrieron 90.000 muertos (La Estoria de España de Alfonso X habla de “dozientas uezes mill moros”, mientras en el campo español cuenta “fasta XX et V omnes”) , y las tropas españolas retiraron grandes reservas de flechas y venablos, que según cálculos del arzobispo de Narbona necesitarían más de dos mil acémilas para ser transportadas.

Un Te Deum Laudamus, Te Dominum confitemur selló la gloriosa jornada.

El cronista árabe trata el asunto de otro modo: “apretó el combate y no tuvieron valor las vidas, pero quiso Dios purificar a los creyentes y afligir a los infieles; así que la amargura de aquel día fue sobre todo para los seguidores de la Cruz y el buen resultado sólo para la gente del Islam… los flancos de los musulmanes quedaron bien guardados por el poder de Dios”.  “Os hemos hecho saber esto para que conozcáis la batalla tal como ha sido y los hechos en su realidad para que veáis que no han tenido muertos los almohades y que no han sido alcanzados ni muchos ni pocos.

http://www.cesareojarabo.es/2018/05/la-batalla-de-las-navas-de-tolosa-texto.html

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