domingo, 24 de marzo de 2019

LOS VOLUNTARIOS REALISTAS Y LA MILICIA NACIONAL (6)

El día dos de octubre de 1832, Manuel María González, puso preso al corregidor de Talavera de la Reina, al mariscal de campo Antonio Rojas y a otras personas. El día tres el pronunciamiento se produce en Bilbao por parte del brigadier Zabala y del marqués de Eruma, y el día siete en Vitoria encabezado por el coronel Verástegui. En Logroño, el general Santos Ladrón se unió al movimiento, que también tuvo respuesta favorable en Orduña, en Santo Domingo de la Calzada, en Roncesvalles, en Cataluña, en Aragón.



Los enfrentamientos populares entre realistas y demócratas se sucedían. Enrique José O’Donnell (tío de Leopoldo) es apresado el 5 de noviembre de 1832 por la emisión de una circular sin fecha en la que anunciaba que, en caso de fallecer Fernando VII, estuviesen dispuestos las órdenes que le fuesen comunicadas por él mismo, a la sazón Capitán General de Castilla la Vieja. Las sospechas sobre O’Donnell lo vincularían, en enero de 1833 con la Junta de Urgel. (Anónimo 1839: 99)

Todo indicaba que la sublevación resultaría triunfante, pero los focos fueron sofocados con rapidez.

Si hubieran sido simultáneos estos movimientos, no habrían terminado tan pronto, pero su aislamiento les quitó gran parte de su importancia. (Pirala 1868 I: 146)

Como consecuencia de estos sucesos, el 5 de enero de 1833 se efectúa una purga en el cuerpo de la guardia real

Era necesario neutralizar, en especial, al Cuerpo de Voluntarios Realistas porque con sus ciento veinte mil hombres y la posibilidad de administrar con total independencia unos cuantiosos recursos económicos constituían un auténtico ejército organizado y, sobre todo, con un ideal definido, aunque no lo fuera más que por negaciones y posiciones “anti”. Es, ante todo, preciso remover de los puestos clave de la administración militar o paramilitar a los partidarios de don Carlos. Y se pondrán manos a la obra los políticos cristinos en la primera oportunidad de que disponen, aún antes de morir Fernando. (Cepeda 1981: 157)

Fue en estos momentos cuando el estado se planteó la disolución del cuerpo de voluntarios, que contaba con más de 200.000 militantes, y que acabarán manifestándose  como la base de la insurrección carlista que comenzaba.

Pero el cuerpo de voluntarios realistas que fue creado en 1823 con las fuerzas populares que se enfrentaron al liberalismo para apoyar la restauración, cumpliría ahora una función de envergadura en la resistencia contra el mismo liberalismo que había tomado cuerpo gracias a Fernando VII, el felón.
Por su extracción popular, los voluntarios realistas estaban imbricados en la misma base social que pretendían subvertir. Existe una directa, pero al mismo tiempo difusa, relación entre voluntarios realistas y pueblo; lo que diferencia a los voluntarios realistas es que son individuos de extracción popular pero fuertemente ideologizados en favor del realismo. (Rújula 2008: 174)

Toda la propaganda liberal se centraría en desprestigiar a los voluntarios realistas, de los que un autor actual que, cumpliendo con el mandato liberal de utilizar la mentira para la consecución de los objetivos, afirma:

La baja extracción social de los voluntarios realistas había cumplido su función en el proceso contrarrevolucionario abierto en 1823, pero ahora, cuando desde el gobierno se daba por finalizada esta política, era preciso iniciar su desmantelamiento, máxime cuando no quedaba ninguna duda de que sus filas se habían convertido en baluarte inoportuno de reacción y entre sus miembros era generalizada la conciencia de ser guardíanes del absolutismo en su formulación más radical.” (Rújula 2008: 165)

Llama la atención la referencia a la extracción social de los voluntarios, cuando, y sin embargo, no se señala que la extracción de, por ejemplo los cantonalistas, corresponde a las heces de la sociedad.

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