domingo, 3 de marzo de 2019

Puerto Rico y el 98 (V)

Y en cuanto al estado de las tropas, no era mucho mejor…



Respecto al estado de preparación de las tropas para entrar en campaña y a los recursos de que dispusieron, ha de advertirse que los soldados no tenían más zapatos que los puestos, los cuales estaban expuestos a perder desde los primeros pasos en los barrizales de los caminos, por lo que era imposible ordenar movimiento alguno que no fuera indispensable, si no se quería inutilizarlos por completo para moverse. Las acémilas eran también insuficientes y se hallaban en un estado lastimoso como consecuencia de las primeras marchas, lo cual impedía servirse de ellas fuera de los casos de absoluta necesidad; las secciones de montaña que sólo tenían el efectivo de paz, no disponían sino de dos cajas de municiones por pieza; y en cuanto a las carretas y demás recursos de transportes del país, eran ocultados por los propietarios en lo más recóndito de las montañas. (Rivero 1922)

Pero aún había más. Los mismos voluntarios y sus allegados merecieron la hostilidad del coronel Juan Camó, delegado del gobernador para la defensa. Todo lo cual creó un importante malestar que se hizo sentir como una pavesa.

Los desaciertos y falta de resolución del Estado Mayor fueron tan evidentes, que un gran descontento surgió y tomó cuerpo entre todos los jefes y oficiales del Ejército y Voluntarios, llegando hasta los soldados; hubo principios de conspiración; se habló de «embarcar a la fuerza al coronel Camó y hasta alguno más a bordo del vapor auxiliar Alfonso XIII, obligándole a salir Morro afuera, con rumbo a España.» (Rivero 1922)

Todo ello, inexorablemente, hizo mella en el espíritu de la gente. La desorganización y el derrotismo se hicieron del espíritu español, y se dio el caso que unidades usenses, la brigada Garretson, del general Henry, fue de Ponce a Utuado (50 kilómetros) en seis días y sin disparar un tiro.
Nuevamente la sombra de la traición se hizo manifiesta, y nuevamente la prudencia, la ceguera,… el miedo, hizo que nadie se atreviese a señalar esa evidencia, limitándose a acusar de torpes a los directores de la tragedia.

La conducción de la campaña fue un verdadero desastre; un cúmulo de errores, torpezas y equivocaciones, y en ningún momento se supo utilizar los valiosos medios de defensa con que contaba el estado militar del país. La frase «estamos abandonados» corría de boca en boca, y así, muchos, al arrinconar sus fusiles, decían: «¿A qué pelear si los de Madrid no quieren?» (Rivero 1922)

No obstante, con toda la prudencia que estaba a su alcance, señalaban la verdad de la cuestión… ¿A qué pelear si los de Madrid no quieren?
Ante esta situación no es de extrañar que la campaña usense se viese culminada con el éxito en breves días.
El 12 de mayo fue bombardeado San Juan, donde, como no podía ser menos, las defensas eran inexistentes.
El armamento utilizado por los usenses fue el siguiente:

Acorazado Iowa, 38 cañones; acorazado Indiana, 42; crucero acorazado New York, 30; monitor Amphitrite, 10; monitor Terror, 10; crucero Montgomery, 17; crucero Detroit, 7; total, 164 cañones, de los cuales la mayor parte eran de calibre superior a los de la plaza, desde 8 pulgadas hasta 13 (los del Indiana); además, eran numerosos los de tiro rápido, piezas de que carecíamos. La plaza durante el combate puso en acción solamente 28 piezas, de las cuales 20 eran cañones de 15 centímetros, y las restantes, obuses de 24 y 21 centímetros y de avancarga estos últimos. Cada cañón de tierra combatió contra seis en el mar. ../… El total de proyectiles disparados por la escuadra de Sampson, calculando en 150 los del Montgomery, fue de mil trescientos sesenta y dos, contra cuatrocientos cuarenta y uno de las baterías de la plaza.  (Rivero 1922)

Texto completo en el enlace http://www.cesareojarabo.es/2018/06/puerto-rico-y-el-98-texto-completo.html

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