jueves, 18 de abril de 2019

Antonio Pérez, el primero entre los traidores (XXI)

Los presos fueron entregados para que continuasen en la cárcel de los Manifestados, siendo recibidos con vítores por los amotinados, mientras entre éstos surgían agitadores que los incitaban contra el virrey y contra Felipe II. Por otra parte, “ningún tribunal aragonés actuó contra los sediciosos, y sólo los inquisidores recibieron declaraciones espontáneas.”



El traslado se difirió hasta el 20 de Agosto, cuando se cubrieron las calles de tropas para efectuar el traslado del preso, pero las argucias de los colaboradores de Pérez lograron retrasarlo hasta el 24 de Septiembre, en cuyo periodo falleció el Justicia mayor, que fue sustituido por su hijo, del mismo nombre. Los altercados se sucedían, fomentados por Antonio Pérez y sus parciales.

Durante este tiempo, la nobleza aragonesa se debatió para guardar la compostura ante Pérez y ante el rey, debate que fue conocido de Pérez, que intentó una fuga de la cárcel, que fue frustrada por la traición de Juan Basante, “a quien Perez mismo daba cuenta de todos sus proyectos”.

El 24 de Septiembre de 1591 el ambiente público de Zaragoza era temeroso; “en las primeras horas del día, y al frente de una compañía de caballos ligeros, recorrió el Gobernador las calles por donde los presos habian de ser llevados a la Inquisición y fue distribuyendo en las plazas y puestos del tránsito las fuerzas que habían puesto á sus órdenes los Consistorios y los Titulados, y de acuerdo con los Jurados mandó cerrar las puertas de la ciudad para que no pudiese entrar gente de afuera en auxilio de los sediciosos” , “que si estuvieran abiertas, pudiera ser que no hubiera tantos labradores, ni gente que suele trabajar en el campo, mayormente en el tiempo de la vendimia, como entonces lo era.”

Mientras, se reunía el Justicia con el consistorio y se acordaba entregar a Pérez y a Mayorini a la Inquisición, señalando con argumentos jurídicos que en ello no existía contrafuero, y aportando ejemplos anteriores acontecidos en el reino fue acordada la entrega por unanimidad.

En la cárcel de la Manifestación estaban ya los presos preparados para ser trasladados a la Inquisición, pero los alborotos habían ido creciendo durante toda la mañana entre los labradores que no habían podido salir al campo y los alborotadores aportados por Gil de Mesa, que acabaron tomando la torre de la iglesia de San Pablo y de la Seo, desde donde llamaron a rebato. Se multiplicaron los enfrentamientos, que llegaron al máximo cuando ya salían los presos para ser trasladados a la Inquisición, momento que aprovecharon los amotinados para efectuar descargas de arcabucería, generalizando el levantamiento.

La actividad de los partidarios de Pérez había convocado en Zaragoza los detritus de otros lugares: “muchos gascones enjertos en el reino, dando la lengua testimonio de su patria, que no sabian pronunciar las voces que daban á vueltas de la mas gente, ni decir ‘viva la libertad’, que era voz que el vulgo este dia y otros repetia muchas veces.”

“Lanuza hizo relación al Alcaide de la provisión del Justicia y se entregaron los presos requeridos al Alguacil de la Inquisición. En ese momento, estando ya preparados para su traslado a la Aljafería, irrumpieron en la Plaza del mercado los amigos de Pérez seguidos de buena parte del pueblo de Zaragoza que, a los gritos de «Viva la Libertad» y «Ayuda a la Libertad», combatieron a las fuerzas del Virrey, Jurados y Diputados, y lograron entrar en la prisión y abrir sus puertas, sacando libre a Antonio Pérez, Mayorín y cuantos en ella estaban.”  Este asunto en el que parece ser inocentes los miembros del Consejo es desbaratado por el informe que sobre los hechos presentó la Inquisición, en el que quedaban reflejados como responsables de los disturbios las cabezas visibles de la nobleza de Zaragoza.

Gentes con armas al mando de Martín de Lanuza y de Gil de Mesa atacaron violentamente con la chusma que les seguía, mientras los soldados abandonaban su puesto. Como una cloaca rota, las hordas llegadas de todo Aragón, buscadas y pagadas  invadieron la ciudad, atacando a todo aquel que no se unía a sus desmanes, mientras el virrey huía por los tejados. Mientras, “las universidades, poniéndose de acuerdo, respondieron á la carta del rey en los términos más decididos y resueltos, condenando el tumulto de Zaragoza, pidiendo el castigo de sus promovedores y ofreciendo á S.M., con las expresiones más afectuosas, sus haciendas, libertad, personas y vidas.”  La revuelta se ceñía casi en exclusiva a Zaragoza.

Texto completo: http://www.cesareojarabo.es/2015/10/antonio-perez-el-primero-entre-los_9.html

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