jueves, 25 de abril de 2019

EL MANDO POLÍTICO MILITAR EN CUBA DURANTE EL SIGLO XIX (XIII)


El General Azcárraga, Ministro de la Guerra del Gobierno de Cánovas del Castillo, envía a Cuba un ejército de unos 100.000 hombres en poco más de un año. Se nombra Capitán General de Cuba al General Martínez Campos que es sustituido en 1896 por el General Valeriano Weyler, quien con mano dura, está a punto de hacer abortar la sublevación.



El mandato de Martínez Campos sería breve y triste: Sería sustituido el 17 de enero de 1896, no sin haber sufrido la invasión de Occidente por parte de los separatistas mambises.

Martínez Campos,

Convencido de su fracaso, telegrafió el general al Gobierno, con fecha 13 de Junio, que habiendo invadido los insurrectos el Camagüey, cosa que creía imposible, y que no había podido evitar, había fracasado su misión, y por consiguiente dimitía. La verdad es que había fracasado su misi6n como general en jefe, porque de la otra no hay para qué hablar ahora, pues había encontrado la insurrección sin fuerzas, y en el telegrama en que daba cuenta de la acción de Peralejo decía que «el enemigo, tres veces superior en fuerzas a las suyas, «estaba bien municionado y era inteligente. (Isern 1899: 290)

Sobre su mandato en Cuba, El 25 de julio de 1895 Martínez Campos escribía a Cánovas:

Cuando llegué aquí había gran desaliento en los partidos verdaderamente españoles, desaliento causado por la división y encarnizamiento con que se tratan; creí que podría atraerlos a buen camino; me equivoqué; no son las ideas las que los dividen, son las rencillas particulares. (Weyler 1910: 29)

Los pocos españoles que hay en la isla sólo se atreven a proclamarse tales en  las ciudades: el resto de los habitantes odia a España; la masa, efecto de las predicaciones en la prensa y los Casinos, de la conjuración constante y del abandono en que ha estado la Isla desde que se fue Polavieja, han tomado la contemplación y licencia, no por lo que era, error y debilidad, sino por miedo, y se han ensoberbecido; hasta los tímidos están prontos a seguir las órdenes de los caciques insurrectos. (Weyler 1910: 30)

Pero, a pesar del convencimiento que ya entonces tenía el general Martínez Campos de la inmensa gravedad de la insurrección por todas las razones expuestas, era tal su benevolencia, que no entraba en su ánimo, no sólo desplegar rigor alguno contra los que atentaban contra la unidad de la Patria, imponiéndose con actos enérgicos a los peninsulares y a los que no seguían nuestra causa, sino que ponía a prueba la resignación de nuestros soldados, escasos de alimentación y recursos para la persecución del enemigo, dictando órdenes para que se respetasen las reses que se encontraban en los potreros, si no era posible adquirirlas por compra, pagándolas, y para que no se sacrificasen los caballos que nuestras tropas abandonaban por estar cansados, los que después se utilizaban por el enemigo. (Weyler 1910: 33)

El ocho de octubre de 1895, Cánovas manifestaba que la situación permitía asegurar el fin de la guerra antes de finalizar el invierno. Las medidas fueron duramente criticadas por Sagasta.

El 22 de octubre de 1895, Martínez Campos declaraba al corresponsal del Word de Nueva York:

Yo no considero a los insurrectos como bandidos, ni me propongo tratarlos como si lo fueran. He dado órdenes para que los prisioneros sean tratados con benignidad y se cuide bien a los heridos insurrectos que caigan en poder de las tropas. Yo no mato a los prisioneros. (Soldevilla 1896: 407)

Martínez Campos declaraba a “El Imparcial” el 26 de octubre de 1895:

Si los Estados Unidos llegasen a más, y no contentos con reconocer la beligerancia ayudasen a las claras la causa de la independencia de Cuba enviando aquí un ejército para auxiliar a los rebeldes, tendríamos, en vez de una guerra deslucida con partidas desorganizadas y de gente ajena a todo espíritu militar, una guerra con tropas regulares. Habría batallas verdaderas en vez de estos combates de emboscadas con enemigos que se desvanecen cuando se les va a dar el golpe de gracia; y como en estos grandes momentos de la Historia más que el éxito importa el honor, si la suerte nos fuese adversa, si fuésemos derrotados, si perdiésemos la isla de Cuba, la habríamos perdido con honor. (Soldevilla 1896: 410-11)

http://www.cesareojarabo.es/2018/04/el-mando-politico-militar-en-cuba-en-el.html

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