viernes, 12 de abril de 2019

LA INQUISICIÓN Y LOS JUDÍOS (Y 11)

“La aljama judía constituye una comunidad religiosa y una corporación social autónoma separada del concejo y depende exclusivamente de la corona. Asimismo, es una institución jurídica independiente que aglutina a todos los judíos de la ciudad sobre la cual no tiene potestad el ayuntamiento. La aljama judía está equiparada al concejo y cabildo eclesiástico en los siglos XIV y XV. Elabora sus propios estatutos basados en las leyes rabínicas de su tiempo que operan de código civil y penal de la sociedad y regulan su vida interna. Los pleitos civiles y criminales entre judíos se celebran en un tribunal exclusivamente judío (hb., bet–din) que administra justicia según las leyes de la Torá, y de acuerdo con las decisiones jurídicas de las autoridades rabínicas coetáneas y las ordenanzas de cada comunidad. Los judíos pueden apelar a un tribunal superior de justicia. Por encima de todas las instituciones de las aljamas de Castilla opera la figura del Rab mayor de la corte, elegido por designación regia. Goza de autoridad para intervenir como juez de apelación en los asuntos jurídicos de los judíos. Pero también participa en la decisión de fijar las tasas fiscales que anualmente abonan las comunidades judías a la corona.”



Las similitudes con el poder económico vigente en el siglo XXI parecen evidentes. Sustituyamos “aljama judía” por “gran banca”; sustituyamos “judíos” por “banqueros y grandes empresarios” y tendremos algo que nos resultará reconocible.

Por enésima vez, el conflicto entre España y los judíos no puede ser considerado de carácter racial. Debemos volver a considerar que “Era conocida la ascendencia sefardita del rey Católico y éste era ostensiblemente deferente con las gentes de la estirpe de su madre y según don Salvador de Madariaga "Cuando Juan II envió a su hijo Fernando a Sicilia como rey, le había organizado un Consejo compuesto en su gran mayoría de cristianos nuevos; cuando Fernando volvió a la Península para encargarse de la Corona de Aragón, aumentó todavía la influencia y el número de los conversos, cinco hermanos Sánchez, hijos de un judío bautizado, se vieron confiar cinco altas funciones de Estado, entre ellas las de Baile General de Aragón, Gran Tesorero y Maestro de Ración; y téngase en cuenta que hasta aquí solo se trata de meros ejemplos en la larguísima lista de altos funcionarios neocristianos que rodean al rey. En lo militar, Fernando el Católico confió a los conversos los tres cargos de más confianza del país; las plazas de Perpiñán y de Pamplona y el Mando de la flota de Mallorca. La Iglesia de Aragón estaba dominada por los conversos tanto como el Estado o más. El camarero del rey, Cabrero, era converso".  Y su hijo, Juan Cabrero Paternoy, fue camarero real que no se apartó nunca del rey Fernando.

“Literalmente, el rey y la reina vivían rodeados de conversos. ¿Cómo se explica entonces que fuera en tiempos de Fernando e Isabel cuando se ordenó la expulsión de los judíos?”  La explicación es que la expulsión estuvo provocada por principios de seguridad nacional, y por ningún otro condicionante.

“Podemos resumir lo que afirman los dos historiadores reconocidos. En lo que se refiere a los motivos de los Reyes Católicos podemos decir lo siguiente: no se trataba ni de racismo ni de antisemitismo en el sentido moderno de la palabra sino de antijudaísmo. Lo que querían expulsar no era una raza sino un convencimiento religioso.”

España acababa de quitarse de encima la presencia de la dominación musulmana, y se enfrentaba a otros problemas de orden interno y externo. La Conquista de América, de momento, no era algo que llegasen a tener en cuenta, ya que no se había descubierto todavía, pero estaba presente la presumible expansión del reino por África. Las Canarias ya formaban parte del reino y estaban destinadas a ser una plataforma nada desdeñable en el posible salto a África, a la reconquista de la Hispania Turdetana. El reino no podía permitirse la existencia de un conflicto permanente entre parte del pueblo (los conversos) y la minoría judía que, al fin y al cabo, era extranjera.

“A las tensiones internas, se sumaban las presiones externas; enemigos foráneos luchaban con toda clase de armas para socavar el poder español. Este, a su vez, se defendía buscando una cohesión interna, que permitiera presentar un frente monolítico a sus adversarios. La idea de unificación, surgió entonces como meta que había que alcanzar, implicara injusticia, y dolor para una buena parte de los descendientes, aquellos que por generaciones habían ayudado a cimentar la fuerza de reinos.”

La alternativa presentada por los Reyes Católicos era pulcra. Señores: ustedes son extranjeros por propia voluntad en esta tierra. Si quieren tienen la libertad de integrarse como naturales de la misma, accediendo a los derechos que, hasta la fecha, han sido rechazados por ustedes mismos. Sólo tienen que dejar de entrometerse en la vida de los “mahram” y dejarles vivir tranquilamente su fe cristiana. Para ello han tenido oportunidades a lo largo de siglos. Ahora, si quieren pueden convertirse al cristianismo, y ser “mahram” como ellos, o de lo contrario, su otra alternativa es que abandonen la hospitalidad que durante tantos años les ha brindado el pueblo español. Esa es la traducción ideológica del decreto de expulsión, en el que no se hace mención a las realidades aquí señaladas.

Y la medida fue pulcra y aplaudida a nivel de los principales centros de cultura europeos. No se trata de una medida exclusiva tomada contra derecho, sino en todo caso es la aplicación más estricta del derecho. Los judíos habían sido expulsados de todas partes en Europa, sin haberles concedido alternativa. En España tenían alternativa, que por cierto, fue adoptada por la mayoría de los afectados. Mucho se ha hablado del número de unos y de otros, pero si más de la mitad optó por la conversión, muchos otros volvieron a España después de haber sufrido fuera de España los peores ataques que podían esperar.

Y no podemos juzgar negativamente una medida que no entendemos (yo, que escribo esto, no la entiendo), porque esa mentalidad que es rechazada como intransigente por todos los enemigos de España, era común a todos los reinos de la tierra. Antes, como queda expresado, habían expulsado ellos a los judíos, pero es que después llegaron las guerras de religión a Europa, con las masacres que hacen ruborizar por el horror de sus métodos y por los principios que los arropan, y que, al fin, los súbditos quedan obligados a seguir la religión marcada por el gobernante de turno. No, la expulsión de los judíos no podemos calificarla de encomiable, del mismo modo que no la podemos condenar sin paliativos. Se trata de un hecho histórico lamentable, que como hemos visto tiene sus precedentes y su argumentario, y a quienes lo critican les preguntaría qué solución hubiesen dado ellos teniendo en cuenta que los cestos, en cada momento, se hacen con los mimbres de cada momento; vamos que los mimbres del siglo XXI no pueden ser usados en un cesto del siglo XV… Y señalando que, para según qué cosas, afortunados en el siglo XV por no tener los mimbres del siglo XXI.

Insisto en la injusticia del trato recibido por la monarquía española de los Reyes Católicos, maltrato recibido, por cierto, siglos después de haber fallecido, y por cuenta de quienes en su momento aplaudieron la medida. Tengamos en cuenta que “El imperio otomano fue la única potencia que acogió a los judíos españoles con los brazos abiertos.”

http://www.cesareojarabo.es/2018/06/la-inquisicion-y-los-judios-texto.html

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