lunes, 6 de mayo de 2019

LA REVOLUCIÓN CANTONAL (9)

Pero el radicalismo era superado por el radicalismo; así, en Utrera, el ayuntamiento defendió el derecho de nombrar Junta revolucionaria sin intervención exterior y llegó a independizarse de Sevilla.



A partir de este momento, el Cantón andaluz de Sevilla constituyó el Comité de Salud Pública, así como las secciones de Gobierno, Guerra y Hacienda. Se acordó la secularización de los cementerios y el desestanco del tabaco para venderlo a precios populares, se decretó la jornada laboral de ocho horas, el derecho al trabajo, la separación de sexos en el trabajo y que los conflictos laborales se resolviesen mediante el advenimiento entre ambas partes. También se creó un batallón de 800 hombres con gorras rojas y alpargatas de esparto que fueron llamados "guías de Sevilla".

Tan sólo dos días después de la proclamación del cantón sevillano, un grupo de Voluntarios de Sevilla, comandados por un tal Carreró, se organizó para socorrer a los cantonalistas de Jerez que se encontraban amenazados por el ejército al mando del general Pavía. A su paso por Utrera, se encontraron con la oposición de la ciudad, que temiendo ser invadida por Sevilla le enfrentó un ejército de ochocientos voluntarios.

En el enfrentamiento subsiguiente llegaron a producirse más de trescientos muertos, con la victoria de Utrera sobre Sevilla. Gran parte de los cantonalistas sevillanos acabaron en prisión, de dónde fueron finalmente liberados por las gestiones de los líderes Mingorance y Ponce, que se vieron obligados a acudir desde Sevilla con refuerzos y con el diputado por Utrera, Diego Sedas, como mediador. Cada uno de esos prisioneros resultaba indispensable para defender Sevilla de un ataque inminente de las fuerzas gubernamentales.

El 27 de julio llegaba Pavía a Sevilla, que defendida por Fernando Pierrad, vio cómo éste abandonaba la plaza. Durante tres días los cantonales lograron entretener a Pavía, que finalmente entraba en acción el día 30, para dar por concluido el cantón sevillano al día siguiente. De ahí partiría hacia Cádiz, donde huyeron los cantonales de Sevilla.

Entre toda esta maraña, es de destacar el Cantón de Cádiz, cuya vida se extendió desde el  19 de julio 1873 al 4 de agosto del mismo año. Dieciséis días que le conceden una importancia, si no como al cantón de Cartagena, si el derecho a figurar entre los cantones más longevos.

Antes de la insurrección de Cartagena la tensión estaba presente, la impaciencia de los federales unidas a las reivindicaciones obreras creó un caldo de cultivo propicio a la revolución. La provincia de Cádiz no era ajena a estos movimientos, en la capital se reforzaban los batallones de voluntarios. Esta situación se repetía en los pueblos de la provincia como es el caso de Tarifa donde podemos observar el incremento de armamento destinado a los voluntarios de la república a primeros de julio y adquirido por el propio consistorio tarifeño. (Rojas 2014)

En sesión ordinaria del ayuntamiento de 19 de julio, el secretario lee:

Que informado el expuesto, suscrito por varios Ciudadanos Concejales exponiendo la conveniencia de que por este Ayuntamiento se dirija una petición a las Cortes Constituyentes pidiendo a estas declaren a la Ciudad de Cádiz libre e independiente a semejanza de las Alemanas de Hamburgo,
Bremens, Lubek y Franfort sobre el Maine. (González 1976: 44)

Por otra parte la Comisión que suscribe cree que antes de crear obstáculos a la iniciativa de la Representación Nacional en este importante y delicado asunto, conviene en beneficio de los intereses de esta localidad pedir solamente que la Isla Gaditana, atendida su especialísima posición topográfica y el encontrarse completamente aislada del resto de la Península, forme por sí sola uno de los Cantones de que se ha de componer en adelante la Federación Española. (González 1976: 45)

Finalmente, el cantón fue aprobado por la corporación con dieciocho votos a favor y dos en contra, que lo querían respectivamente como cantón provincial y como parte del “reino de Sevilla”.

Paralelamente, Fermín Salvochea, alcalde de la ciudad, se puso a la cabeza del Comité de Salud Pública y relevó al gobernador civil mientras que el gobernador militar apoyó la insurrección.

Ordenaron al gobernador militar de Cádiz entregar armas a los voluntarios, y al delegado del Banco que ingresase en las arcas del comité las recaudaciones hechas, al tiempo que autorizaba a los ayuntamientos a acuñar moneda de oro y plata con los objetos incautados a la Iglesia.

Por otra parte, disolvieron la Diputación Provincial y prohibieron la enseñanza religiosa, así como el celibato; incautaron los conventos y centros de culto, los bienes del estado, los libros parroquiales, prohibieron todo uso de signo religioso, la salida de la población de todo tipo de bienes, abolieron la libertad de imprenta, establecieron retribuciones para los “Voluntarios de la República” y se dispusieron para un enfrentamiento armado… Como resultado de todas estas medidas, unos treinta mil gaditanos abandonaron la ciudad.

Texto completo en papel de "el cantonalismo" en  https://www.facebook.com/elcantonalismo/

0 comentarios :

 
;