martes, 14 de mayo de 2019

Las Casas, un payaso al servicio de la corona (5)

Se refiere a la isla de La Española. Semejante barbaridad, además de señalar una superpoblación de la isla que de haber existido hubiese significado la aniquilación de todos los recursos y por consiguiente el exterminio de la población, la adoba con otra barbaridad y arremete contra el derecho natural cuando al atacar el permiso de esclavizar caníbales acaba afirmando:



Se prueba que la ley natural no prescribe nada determinado, en primer lugar, porque si en general algo es de derecho natural, la disposición y el orden, cuándo y cómo se debe hacer eso en materia de derecho positivo; esto no es otra cosa que cierta determinación del derecho natural que establece el soberano o el estado. (Las Casas, Apología: 230)

E incide sobre la materia de forma más explícita:

Cualquiera que inmola hombres a Dios, puede hacerlo llevado de su razón natural. (Las Casas, Apología: 235)

Y justifica el aserto mediante citas bíblicas. (Las Casas, Apología: 235-244)
Como otra muestra de la mente acalorada del fraile, cabe señalar, entre su mar de incongruencias, y por azar, una en la que afirma que de «los tres cientos (millones) de almas» que dice había en La Española «no hay hoy doscientas personas», y la isla de Cuba «está hoy casi toda despoblada». En las islas de Lucayos, donde había «más de quinientas, mil almas, no hay una sola criatura»… Y es destacable esta cita porque inmediatamente antes, en el mismo texto, recomendó que los habitantes de Lucayos fueran trasladados a La Española por la pobreza del terreno, el cual ahora lo hace «más fértil que huerta del rey de Sevilla».
De vuelta a la Península en 1539, en su cuarto viaje, al que dedicaría cuatro años,  lejos de haber perdido la confianza de la Corona, fue encargado de una nueva misión e informado que los indios eran vasallos, recibiendo con ello el encargo de protegerlos como tales.
En 1531 había propuesto ante el Consejo de Indias que para liberar a los indios de sus trabajos deberían llevarse, desde África, 4000 negros. Tan buena idea le pareció que en 1542 volvió a insistir en la introducción de esclavos negros en las Indias. Cierto que posteriormente abominó de esta iniciativa.
Debido a lo que se planteaba, el 20 de noviembre de 1542 se promulgaron las Leyes Nuevas, en las que se prohibía la esclavitud de los indios y se ordenaba que todos quedaran libres de los encomenderos y fueran puestos bajo la protección directa de la Corona. Se ordenaba además que, en la exploración de nuevas tierras, deberían participar siempre dos religiosos, que vigilarían que los contactos con los indios se llevaran a cabo en forma pacífica dando lugar al diálogo que propiciara su conversión.
Fue durante esta estancia en la Península cuando, a finales de ese mismo año terminó de redactar en Valencia su obra más conocida, Brevísima relación de la destrucción de las Indias, dirigida al príncipe Felipe (futuro Felipe II), entonces encargado de los asuntos de Indias.
En 1543, tras la publicación de las Leyes Nuevas, fue nombrado obispo de la pobre diócesis de Chiapa (sur de México/norte de Guatemala), cargo del que tomó posesión en Sevilla, y toma efectiva en 1545, al que renunció en 1550 (había regresado definitivamente en 1547), fracasada su obra pastoral tras dos años escasos de ejercicio. Curiosamente, y a pesar de su evidente fracaso, todos estaban dispuestos a creer su novelesca relación.
Tan es así que llevó a la Corona a convocar en Valladolid un encuentro de juristas que pasó a la historia como “Controversia de Valladolid”, celebrado en esa ciudad en dos periodos, Agosto-Septiembre de 1550 y Abril-Mayo de 1551, en el que confrontaron sus tesis, por una parte Fray Bartolomé de las Casas, y por otra Juan Ginés de Sepúlveda.


Texto completo en http://www.cesareojarabo.es/2018/08/las-casas-un-payaso-al-servicio-de-la.html

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