viernes, 24 de mayo de 2019

LOS VOLUNTARIOS REALISTAS Y LA MILICIA NACIONAL (7)

El gobierno Zea procedió al desarme y acoso de los voluntarios realistas, mientras el 16 de marzo de 1833, el infante Carlos marchaba a Portugal, al tiempo que el ejército tomaba posiciones ante el temor de un levantamiento popular contra la monarquía liberal.



Durante la convalecencia del rey en el otoño de 1832, la reina María Cristina se encargó del despacho de los asuntos de urgencia y, desde el 6 de octubre, se hace con el control de todo el aparato del Poder. Veinticuatro horas después concedió un indulto general que se verá ampliamente rebasado por el Decreto de amnistía de 15 de octubre; sólo excluía a quienes hubieran votado la destitución de Femando VII en la retirada hacia Cádiz de 1823 y a los que se habían alzado en armas. (Cepeda 1981: 157)

Tras el decreto de amnistía se procedió a neutralizar al cuerpo de voluntarios realistas. Para ello se abrió el alistamiento, al que estaban aceptados muy especialmente los liberales, llegando en ocasiones a desvirtuarse totalmente el espíritu del cuerpo. Así, se intentó la reconversión de los voluntarios realistas en cuerpo destinados a combatir el carlismo. El artífice de este intento sería Manuel Llauder, capitán general de Cataluña y manifiesto enemigo de Zumalacárregui, que inició la depuración apartando a los mandos significados enemigos del liberalismo, y tras desarmar a los voluntarios realistas organizó una milicia liberal, los batallones urbanos.

Algo similar pasó en el resto de España, destacando en este sentido la acción llevada a cabo por Morillo, en Galicia, donde se dio el caso que,

Las brigadas fueron puestas bajo jefes que habían combatido a los realistas durante el trienio y en lugar del antiguo batallón de Mondoñedo se formo “una columna compuesta de hombres heterogéneos, y de la hez del pueblo, como de los que anteriormente habían sido echados del cuerpo de Realistas, por viciosos e inmorales, y a los soldados retirados les ha propuesto que si no se alistaban, desde aquel mismo día se les suspendía la paga de sus retiros, nombrándoles dos oficiales, que jamás pertenecieron a los cuerpos de Realistas, siendo uno de ellos retirado, y el otro ilimitado, y los dos impurificados en primera instancia.(Bullón 2002: 124)

Acciones no tan significativas, pero tal vez más efectivas a juzgar por el desarrollo posterior de la guerra, se llevaron a cabo en el resto de España.

Pero en 1833, el cuerpo de voluntarios realistas se componía de 500 batallones de Infantería, 24 compañias de artillería, 51 escuadrones ligeros y 3 compañías de zapadores bomberos, con una fuerza total máxima de 324.338 personas y mínima de 245.000.

En enero de este año, los voluntarios realistas realizaron una serie de actos en distintos puntos de España, que fueron observados por el gobierno, que temía una sublevación. Como consecuencia, el obispo de León huye de su sede el 20 de enero, al tiempo que los cuerpos de voluntarios realistas son controlados y parcialmente desarmados en distintos puntos, al tiempo que distintas partidas hacen su aparición en Cataluña, donde el caudillo  José Tabasca, alias Tey desarrolla su actividad. Tey sería aprehendido el 23 de marzo en Molins de Rey, pero finalmente logra fugarse el 14 de abril de la Ciudadela de Barcelona, tras lo cual fue nuevamente fue detenido el día 17 por el alcalde de Molins re Rey, siendo ejecutado en el garrote el día 5 de Julio.

Para el 14 de enero de 1833 se hallaba prevista la bendición del estandarte de los realistas de caballería de León, motivo con el cual se concentrarían en la ciudad gran parte de los de dicha arma de la provincia. Esta reunión llamó los recelos de los liberales y del comandante general de la provincia, el general Castañón, surgiendo toda una serie de rumores sobre los designios que podía encubrir. Tras un permiso otorgado muy a regañadientes, Castañón accedió a salir al frente de los realistas de infantería de la capital, que querían recibir a sus compañeros de caballería. (Bullón 2002: 44)

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