jueves, 2 de mayo de 2019

Nada en común (XXII)


1976

Desde 1968, el terrorismo (¿hay que aclararlo?.... marxista. ¿Acaso hay otro?), había segado la vida a 43 personas... Y los terroristas que habían sido detenidos, ejecutados.



Durante el año 1976, ETA segó la vida de diecisiete españoles más. El terrorismo se hacía amo de España; quién sería árbitro de la política nacional hasta ser definitivamente amo ya en el nuevo siglo XXI, inauguraba el año con un atentado terrorista en el “Metro” de Madrid el día 13 de Enero. Ni mucho menos sería el único atentado del mes, ni del año, ni del siglo... Pero ése era el precio que había que pagar para llegar a la democracia.

El veintiséis de Marzo nacía la Platajunta (Coordinación democrática); el seis de abril se fugaba de la cárcel de Segovia, de manera espectacular, un grupo de terroristas de ETA; el cuatro de Mayo salía el primer número de “El País”; el 22 de Mayo el primer número de la revista pornográfica “Interviú”; el 9 de Octubre se fundaba Alianza Popular, y el diecisiete de Octubre “Diario 16”. No cabía duda, estábamos en democracia. Mientras,
en Las Palmas, Cesáreo continuaba su servicio militar. Propuesto para condecoración al Mérito en el Servicio, fue finalmente desestimada la misma, que sí recayó en aquellos compañeros que habían cubierto la totalidad del conflicto.

La vida en el cuartel se relajó bastante, y como estaba bastante tiempo arrestado, fuera de las necesidades del servicio, tuvo más relación con el resto de la tropa, de la que por cuestiones del propio servicio estaba desconectado en muchos aspectos.

En el cuartel había una fauna curiosa entre la que destacaba un pobre chico con más sombras que luces; un pobre chaval con un coeficiente intelectual rayano en la subnormalidad; era conocido como “el Melilla”, ya que era de esa ciudad.

La ociosidad, madre de todos los vicios, hizo que otros marineros con alguna luz más que éste pobre chico, le hiciesen creer que él era medio moro, y que a los moros les daba igual los hombres que las mujeres, así que, por lo visto (ese rumor corrió por el sollado), una tarde, los “más listos” y el pobre Melilla, cogieron por su cuenta a otro pobre chico que acababa de incorporarse y que por lo visto era invertido, y encerrados
en la cocina, el Melilla violó al otro.

Si es cierto el hecho o no, no lo pudo asegurar nunca Cesáreo. Sí recuerda, no obstante, que en alguna ocasión los vio cruzándose, momento en que “el Melilla” le hacía al otro algún gesto obsceno.

El aflore de los invertidos, que con tanto esplendor decoran el sistema democrático, tuvo sus raíces en el régimen anterior. Hoja del Lunes de 15 de Septiembre de 1975 se hacía eco de la representación de una comedia, en Madrid, donde se alababa este horrible vicio.

Había más vicio en la Comandancia. Otro teletipista fumaba hachís. Con éste chico tuvo otro problema. Recuerda cómo en una ocasión que estaban los dos arrestados, estaba tumbado en la cama, en el sollado, y el sargento de guardia realizó una batida para movilizar ociosos. Cesáreo llamó a éste chico, que no le hizo caso. Se acercó más, lo zarandeó y seguía sin decir nada.

Llegó a darle de tortas, momento en que el otro se levantó, ebrio, y Cesáreo lo quitó de en medio, llevándolo al servicio de transmisiones, donde había una cama, para las guardias.

Cuando al día siguiente se había despejado, confesó no recordar absolutamente nada; sólo que lo había pasado terriblemente mal. No era alcohol lo que llevaba en el cuerpo, sino l.s.d. Pero lo que le causó especial indignación fue el trato con el simpático Pepe Luis.

Era éste individuo un gaditano chistoso y juerguista, y “salao”. Con él hablaba Cesáreo de muchas cuestiones, pero eran las filosóficas las que más atraían a Pepe Luis; en ellas mostraba no tener la más remota idea, pero disfrutaba escuchando las explicaciones de Cesáreo, a quién acabó apodando Alquimio. Alquimio por aquí, Alquimio por allá, Ja ja, je je. El asunto es que el citado Pepe Luis, además de lo apuntado, era un invertido; era “el invertido”; era el que organizó lo del Melilla.

Las buenas relaciones acabaron de pronto, radicalmente y sin posibilidad de vuelta atrás una tarde que, encontrándose en la ducha Cesáreo, solo, apareció por allí Pepe Luis con intenciones aviesas.

Cesáreo era un hombre de sangre caliente, y su aguante y trato simpático, ante un hecho como ese, se colmó hasta los topes de forma virulenta. Mostró lo que puede hacer un Alquimio cabreado hasta el infinito, y le mostró la ubicación de la enfermería. Y un aviso taxativo: En adelante, si se le ocurría acercarse a más de diez pasos de su persona, se vería forzado a volver a la enfermería. No era cobarde Cesáreo, ni en esa ni en otras
situaciones.

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