domingo, 16 de junio de 2019

1898, GUERRA HISPANO USENSE EN CUBA(1)

LA GUERRA HISPANO USENSE EN CUBA

La guerra con los Estados Unidos era una situación que venía anunciándose desde el inicio de las guerras separatistas en el continente; una situación que se agravó en 1868 con la guerra de los diez años y con la gestación y desarrollo del filibusterismo.

Las circunstancias ya han sido tratadas en otros capítulos, y en particular en “El anexionismo anglo usense”. En ese sentido, Agustín Aragón, en 1898, señalaba que en el Weekly Picayune de 28 de Julio de 1894, hallamos lo siguiente entre otros párrafos de un artículo

Anexión de Cuba, pero no Independencia Completa para los Cubanos: Los sentimientos de humanidad exigen la anexión para salvar á la isla de los horrores de la anarquía que seguirían al conceder la independencia á un pueblo dividido entre sí y dividido por cuestiones de raza; incapaz de gobernarse á sí mismo en la vida privada, é incapaz por consiguiente, de conducirse bien en la vida pública. (Aragón 1898: 11)

De ese párrafo pueden sacarse algunas conclusiones: la primera, la voluntad de anexionarse la isla… y la siguiente, el racismo que siempre ha caracterizado a los wasp , tanto usenses como de otras latitudes; un racismo que se ha cobrado tantos millones de vidas que nos hacen ver en los mismos a los mayores genocidas de la historia, con diferencia abismal sobre los segundos.
Unos genocidas que, derrotada España a principios del siglo XIX, ya no encontraron cortapisas a sus fechorías, que alcanzaron los cinco continentes. Exterminaron el 100% de los habitantes de Tasmania; redujeron a zoológicos los pocos nativos norteamericanos que dejaron vivos; redujeron al borde de la extinción a los pobladores de Australia y Nueva Zelanda; crearon unas hambrunas en la India que se cobraron, según la BBC, la vida de nueve millones de indios; realizaron persecuciones infames contra diversos tribus en la América española, donde también terminaron con los selknam en Patagonia… en los Estados Unidos implantaron la ley de Linch, que les sirvió además de ingentes ingresos económicos merced a las postales y la realización de actividades “turísticas” en torno a la misma… Y en Inglaterra, en la misma Inglaterra, llevaron a cabo unas terribles purgas por las cuales fueron condenados “a colonias” miles de infelices.
Gran cantidad de esos infelices fueron transportados, en condiciones mucho peores que las del ganado, a Australia y a Nueva Zelanda, y los que tuvieron la suerte de sobrevivir a la travesía, se encontraron en un régimen de feroz esclavitud, si bien, la BBC de hoy les da el título de colonos… y estando presos, como estaban, la misma BBC les acusa de haber protagonizado el exterminio de las poblaciones indígenas, cuando ese “trabajo” fue obra del mismo ejército.
Sirva esta explicación como preámbulo, para apuntar alguna liviana circunstancia de quienes “liberaron” Cuba, Puerto Rico, Filipinas y el resto de la España ultramarina.
Y debe servir, porque justamente esos “libertadores” fueron los creadores de la leyenda negra contra España; los mismos que en esa época justificaban su actuación vomitando epítetos contra España.

Desde que se reanudó en 1895 la insurrección de Cuba, los políticos gringos, así yankees como ingleses, y la prensa amarilla de todo el orbe no han cesado de insultar á España y al criterio en todos los tonos y con los epítetos más injuriosos, presentando como razón la conducía del pueblo ibero en sus diferentes colonias. (Aragón 1898: 14)

Si, a estas alturas, España no era sombra de lo que había sido, ni cultural, ni económica ni militarmente hablando. La monarquía y los políticos surgidos de la guerra franco británica para dominación de España (vulgo Guerra de la Independencia), y de ahí en adelante, fueron los encargados de conseguir, tan exitosamente, esos objetivos. España ya no era ese pueblo emprendedor, generoso, brillante, que había mantenido el orden en el mundo. Sólo le quedaba, eso si, la valentía de sus hombres, que se perdía en la nada al carecer de dirigentes de su altura.
Por otra parte estaba el mundo anglosajón, los wasp; en la escena, Estados Unidos.

Los E. E. U. U. de Norte América son un pueblo grande, pero no un gran pueblo, son un coloso, pero no una gran nación, y si es verdad que han demostrado tener un vigor asombroso y que han dado pruebas de virilidad sin igual, lo es también que esto lo han logrado á expensas de la moralidad. ¡Ay del que entre los anglo-americanos no adquiere el todo-poderoso oro! La posesión de este metal es entre ellos el único fin de la vida y para lograrla, todos los medios se justifican. De aquí resulta que en ninguna parte del globo florece tanto el crimen como entre los yankees. (Aragón 1898: 40)

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