martes, 18 de junio de 2019

Antonio Pérez, el primero entre los traidores (XXII)

Era la chusma, congregada en Zaragoza, alrededor del traidor Antonio Pérez la gestora de los desmanes; Aragón continuó fiel. La chusma se dirigió a la cárcel de la Manifestación y liberó a su héroe, que fue aclamado como tal. Pero el héroe, entre las aclamaciones, comenzó la huída a Francia sin dejar de animar a sus libertadores. La huída se limitó a pocos kilómetros, y a la vuelta a Zaragoza, a casa de Martín de Lanuza. “El virey, los jueces y los nobles que les acompañaban se encerraron precipitadamente en una casa; pero el pueblo la pegó fuego y los refugiados se salvaron rompiendo las paredes de atrás y retirándose á la casa fuerte del duque de Villahermosa. En cuanto al lugarteniente, diputado, jurado y alguacil que estaban con Perez, llenos de espanto, lo dejaron solo y huyeron por los tejados hasta guarecerse en el palacio del Justicia. Los sublevados victoriosos rompieron entonces las puertas de la cárcel, libertaron á Perez y lo llevaron en triunfo á casa de D. Diego de Heredia.”



La reunión de lo peor de cada casa, engordado con rufianes extranjeros,  había conseguido los objetivos marcados por la élite que aupaba a Antonio Pérez. Mientras, el Justicia, que de inmediato había olvidado la dignidad de la que momentos antes había hecho gala, le proporcionaba el amparo que las leyes forales guardaban para la nobleza privilegiada: “el privilegio de la manifestación”; “Este procedimiento suponía una inmunidad total del acusado frente a la autoridad real. Este privilegio venía recogido en los fueros de Aragón y en realidad era una forma de protección de la nobleza -herencia del feudalismo- ya que para el resto de la población la justicia regia era la única forma de protección contra los abusos de los señores” .

Pero en cualquier caso, lo cierto es que “el tribunal del Justicia, principal guardador de los fueros, había fallado que, según ellos, Antonio Perez debía ser entregado al juicio del Tribunal de la Fé; y nadie tenía derecho para ir contra las decisiones de aquella corte suprema.”  El levantamiento, por tanto, era ilegal incluso desde el punto de vista de los fueros, y el apoyo prestado por el Justicia, también.

El alboroto alcanzaba a toda la ciudad, y“Pérez, encantado con su condición de héroe, comenzó su labor propagandística dirigiendo la ira de los aragoneses contra la Corte y la Inquisición e incitándolos incluso a que tomaran las armas. La situación llego a tal extremo que los partidarios de Pérez idearon un plan para separar Aragón de la Corona y convertir a esta en una república bajo la protección del príncipe de Béarne, Enrique de Navarra. En la Corte del monarca cundió el pánico recordando lo acaecido en Flandes y temiendo que Aragón pudiera convertirse en una reedición de lo acaecido allí.”

Los sectarios de Antonio Pérez, así, llevaron a cabo una campaña de corte secesionista que sólo tuvo eco en los sectores de la nobleza que veían peligrar sus privilegios, y en el populacho de Zaragoza reforzado con la escoria traída de Europa. Sin embargo, el pueblo  radicado en el mundo rural se desentendió de estas pretensiones e hizo que el levantamiento secesionista fracasase. Tampoco recibió apoyo de las otras partes del reino de Aragón: Valencia, del Principado de Cataluña (recordemos que se trata de un término jurídico -en latín principatus- que se utiliza a partir del siglo XIV para nombrar al territorio bajo jurisdicción de las Cortes Catalanas, cuyo soberano -en latín, princeps- era el soberano de la Corona de Aragón), del Rosellón ni de Baleares.

Pero el aliento que dio Pérez al sentimiento separatista en Aragón feneció en esta jornada al comprobar que todo el apoyo se encontraba concentrado en Zaragoza y sólo en Zaragoza. Con el conocimiento de la realidad, “aquella tarde montó Perez á caballo con Gil de Mesa, Francisco de Ayerbe y dos lacayos y salió de Zaragoza por la puerta de Santa Engracia, seguido de las turbas que lo acompañaron con sus aclamaciones y plácemes por espacio de medio cuarto de legua. Dirigióse hacia los montes, no deteniéndose hasta haber andado nueve leguas, y separándose entonces de Francisco de Ayerbe y de los dos lacayos, se quedó solo con Gil de Mesa. Permaneció algunos dias oculto en terreno fragoso, saliendo únicamente de noche para buscar agua y comiendo un poco de pan del que habia traido.”

La idea era huir a Francia, pero el motivo de no culminar la huída fue que los movimientos militares para evitar la fuga se pusieron inmediatamente en marcha. Se concentraron especialmente en la zona de Navarra, lo que comportó movimientos militares franceses, hugonotes, que preveían una acción militar ofensiva por Bearne.

Atrás quedaban los resultados de la algarada: más de treinta muertos, y un gran número de heridos.  La anarquía dominó Zaragoza, y el temor a la acción de la monarquía hispánica contra los traidores, sembró gran desconcierto en la población. Antonio Pérez, que había visto impedida su huída, organizaba a las hordas separatistas, asegurando “que Cataluña y Valencia unirían sus fuerzas á las suyas… además de esto podían contar de seguro con el auxilio y apoyo de la vecina Francia.”  Todo producto de la mente calculadora que pensaba en su propia salvación. Si antes había abandonado a su familia, ¿qué podría hacer con la población de Zaragoza?

Texto completo: http://www.cesareojarabo.es/2015/10/antonio-perez-el-primero-entre-los_9.html

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