lunes, 10 de junio de 2019

ANTONIO PÉREZ Y LA INQUISICIÓN (1)

Antonio Pérez fue nombrado Secretario del Rey el 17 de Julio de 1567. El 8 de diciembre de ese mismo año recibió el titulo de Secretario de Estado encomendándosele la negociación de Italia.



“Sus convincentes modales se ganaron pronto la confianza de Felipe II, lo que él aprovechó para conocer a fondo la personalidad del monarca y emplearlo en su propio provecho. Además, los graves sucesos que el rey sufrió ese año, tanto familiares (conspiración y muerte de su hijo el príncipe Carlos y de su esposa Isabel de Valois), como de Estado (levantamiento morisco en las Alpujarras y fuertes tensiones en los Países Bajos), le hicieron un hombre reservado, lo que facilitó el ascenso de influencia de Antonio Pérez. Cuando en 1573 murió el príncipe de Éboli, él mismo pasó a encabezar el partido ebolista”,   con cuya heredera tenía relaciones en extremo afectuosas.

Las actividades desarrolladas le reportaron un importante enriquecimiento personal, un conocimiento de secretos de estado con lo que al parecer traficó, y un gran poder político que era apoyado por un importante grupo de partidarios encabezados por la princesa de Éboli. El partido contrario estaba encabezado por el duque de Alba.

Los Paises Bajos estaban en ebullición secesionista, fomentada por los alborotadores protestantes; de gobernador, el héroe de Lepanto, D. Juan de Austria.

Estando en esta situación, Escobedo (secretario de D. Juan) aconsejó una negociación con los rebeldes y una invasión de Inglaterra, a cuya corona aspiraba el infante español. Pero todo esto iba en detrimento de los intereses de D. Juan de Austria, a quién dejaba en entredicho frente a Felipe II en unos momentos en que las relaciones entre los hermanastros eran tensas, precisamente por las aspiraciones que D. Juan tenía a coronarse rey. Para aclarar las cosas, D. Juan envió a Madrid a su secretario, que acabaría siendo asesinado por Antonio Pérez, en 1578. De un modo o de otro, Antonio Pérez implicó a Felipe II en sus sucios manejos, y para ello no le faltó la colaboración de alguna nobleza, como el marqués de los Vélez, cuya casa había quedado tan mal en la guerra de las Alpujarras.

Pero Antonio Pérez, hábil político, se mantuvo en el puesto sorteando la inteligencia de Felipe II, quién en un principio mantuvo su confianza en él; confianza que fue perdiendo fuerza conforme se complicaba el asunto de la muerte de Escobedo, cuyos familiares no se conformaron con la versión oficial. “Su enfrentamiento con el Rey se produjo en 1579, a raíz del asesinato de Juan de Escobedo, secretario de D. Juan de Austria. Pérez, que por motivos personales deseaba alejar a Escobedo de la Corte, no dudó en presentarlo como agente de la pretendida traición de Don Juan de Austria.”

La ambición de Escobedo lo había llevado a manejar en beneficio propio la justa ambición de D. Juan de Austria, que había sido presentado ante su hermanastro como poseedor de una ambición insana; él, que había mostrado su magnanimidad al menos en dos ocasiones señaladas: en Lepanto y en la traición del príncipe Carlos, y que había sabido someter su ambición de acometer la conquista de Inglaterra a la voluntad de Felipe II.

Es el caso que los motivos que llevaron a Antonio Pérez a asesinar a Escobedo no eran otros que el haber sido descubierto en un acto flagrante de traición a la Patria. “El 31 de marzo de 1578 Escobedo, después de varios intentos de envenenamiento, fue asesinado por unos espadachines en Madrid (junto a Santa María de la Almudena). Los rumores populares hicieron responsable a Antonio Pérez, cuyos amores secretos con Ana de Mendoza y de la Cerda, princesa de Éboli, habría descubierto Escobedo; así, para asegurarse de su silencio, lo había hecho matar. Posiblemente Antonio Pérez era instigador del crimen, pero por diferente motivo: lo que aquel sabría sobre él era la venta oculta de secretos de Estado, que también beneficiarían a la princesa. Otra posible hipótesis es que Felipe II creyó las difamaciones de su secretario hacia su hermanastro y consintió en hacer desaparecer a Escobedo.”

En todo este embrollo salió salpicado el propio rey prudente. Juan de Escobedo era amigo de Antonio Pérez, quién lo puso de secretario de D. Juan de Austria con la idea de mantenerse informado por encima de la voluntad del propio D. Juan, pero Escobedo resultó ser un fiel secretario. Antonio Perez era muy dado a las intrigas, como era dada su amante, la princesa de Éboli. Juntos, o separados, propalaron supuestas conspiraciones de D. Juan de Austria, que nunca conspiró, y Felipe II, al parecer creyó lo que le decía su secretario, pero las pruebas que iba obteniendo le hicieron ir perdiendo la confianza en quién acabaría siendo reconocido como traidor.

Texto completo: http://www.cesareojarabo.es/2015/10/antonio-perez-el-primero-entre-los_9.html

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