martes, 25 de junio de 2019

EL MANDO POLÍTICO MILITAR EN CUBA DURANTE EL SIGLO XIX (y XIV)


El 6 de enero de 1896, cuando se reconocía el fracaso de Martínez Campos.…

Siguen llegando a La Habana muchísimas familias que vienen de los pueblos y caseríos de la provincia atacados por los insurrectos. (Soldevilla 1897:11)



Martínez Campos era criticado agriamente por la prensa, mientras los separatistas llegaban a trece kilómetros de La Habana.

Consecuencia de su fracaso ante los rebeldes mambises, el 17 de enero de 1896, Martínez Campos era relevado del mando en Cuba y nombrado presidente del Consejo Supremo de Guerra y Marina, cargo que no aceptó. Cedía el paso nuevamente a Sabas Marín González, que volvía al mando siete años después de su segundo gobierno.

Pero en esta ocasión, su protagonismo sería más breve que en las dos ocasiones anteriores. El 10 de febrero sería sustituido por Valeriano Weyler, que inmediatamente dio nuevas formas a la guerra, completamente contraria a la anterior. Parecía que, con Weyler, otra vez, y después de demasiado tiempo, España volvía a ser España.

El día 25 de enero de 1896, el general Weyler salió de Barcelona hacia Cuba, para sustituir a Martínez Campos, quien embarcó para España el 20 del mismo mes.

Weyler ideó la reconcentración de toda la población rural en los centros urbanos, fuera del dominio de los rebeldes. Para ello, el 16 de febrero de 1896, ordenó un bando que decía:

Primero.
Todos los habitantes de las jurisdicciones de Sancti-Spíritus, Puerto Príncipe y Santiago de Cuba deberán reconcentrarse en lugares donde haya cabeceras de división, brigada de tropas, provistos de documentos que garanticen su personalidad.
Quinto.
Todos los dueños de fincas de campo no exceptuados por la correspondiente instrucción, deberán desalojar sus haciendas y casas (Soldevilla 1897:84)

En base a esta medida, la prensa usense lanzó todo su poder mediático contra España… y el gobierno usense envió una nota diplomática injuriosa, lo que motivó que Weyler pidiese al gobierno español que exigiese explicaciones a Washington.

De nada sirvió la petición de Weyler, que continuaba ejerciendo su política. Así, el 12 de marzo de 1896

dictó una circular por la que concedía la  libertad a todos los presos que lo han sido en La Habana y en Pinar del Río por haberse rebelado contra la patria. (Soldevilla 1897: 122)

No fue la única medida. Siguiendo la experiencia de 1875, ordenó la apertura de una nueva trocha, la de Marién, pero la iniciativa y el patriotismo de Weyler topaba inexorablemente con la política del gobierno, fiel servidor de intereses extranjeros, que se limitaba a enviar a Cuba soldados sin preparación y sin adaptación previa. Weyler se convertía así, de forma involuntaria,  en colaborador necesario de los intereses extranjeros: daba curso… y sepultura, a aquellos soldados sin preparación, sin equipamiento y sin manutención que le eran enviados por el gobierno al objeto de librarse de una previsible sublevación en la península.

De los 42.000 hombres empleados en los trabajos, 30.000 contrajeron paludismo y fue necesario evacuarlos a La Habana. La avalancha de enfermos desbordó los hospitales y hubo que habilitar unos destartalados e insalubres almacenes de azúcar situados en una zona de marismas al fondo de la bahía, cuya insalubridad acrecentó el número de muertes. (Puell 2013: 42)

Mientras tanto, la situación militar en la isla no mejoraba lo suficiente bajo el enérgico mando de Weyler, y la prensa se hacia eco del rumor -luego confirmado- de que el Gobierno había comprado a toda prisa tres cruceros de la casa Ansaldo de Génova que, habiendo siendo inicialmente proyectados en virtud de un contrato firmado con el Gobierno argentino, iban a ser pagados ahora por el Gobierno español a un precio muy elevado, por encima de los costes reales de construcción.

Pero el gobierno seguía impertérrito. Ya, por supuesto, ni se pensaba en el submarino. Desechado ese escollo, era Weyler el único escollo que la política de sumisión debía salvar. En 1897 se produjo una crisis de gobierno por la situación existente en Cuba; Weyler sería cuestionado, mientras los periodistas denunciaban abusos en Cuba, y el Casino Español mostraba su incondicional apoyo al general.

Pero poco importaba el sentimiento de los cubanos; como consecuencia, Weyler sería sustituido el 31 de octubre de 1897 por el gobierno de Sagasta, tras el asesinato de Cánovas, en una maniobra tendente a favorecer el plan preestablecido. Evidentemente, Weyler era un obstáculo para los objetivos del gobierno; Ramón Blanco Erenas sería el hombre capaz de llevarlas a efecto.

http://www.cesareojarabo.es/2018/04/el-mando-politico-militar-en-cuba-en-el.html

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