miércoles, 26 de junio de 2019

La crisis del siglo XVII (y XXI)

Los vencedores de la Guerra de los Treinta Años, en este caso Francia y el perdedor, España, afrontaban ahora el último fleco de la guerra, el que mejor habían gestionado los aliados protestantes y Francia, y el que más daño hacía a España. “Entre el 13 de agosto y el 7 de noviembre de 1659 los ministros plenipotenciarios Luis de Haro y el cardenal Mazarino celebraron veinticuatro largas entrevistas que concluyeron con la redacción de un tratado de paz y un contrato de matrimonio.”  Era el tratado de los Pirineos, por cual se mutilaba de España el Rosellón y la Cerdaña, contribución que habían facilitado los dirigentes de la Generalidad de Cataluña y los parásitos de la corte a los enemigos de España.



Pero contra lo que parece, la mutilación no había terminado. En 1665 moría Felipe IV, y en ese momento, Luis XIV pretendió que Flandes, Brabante y el Franco-Condado, debían ser devueltas a su mujer a pesar de haber renunciado a ellas en las capitulaciones matrimoniales. España pasaba a ser sorteada por las potencias europeas. “Todos los hermanos de Carlos II, rey de España, habían muerto. Carlos era de constitución débil y enfermiza. Luis XIV y Leopoldo hicieron, durante su infancia, sobre poco más o menos, el mismo tratado de partición que comenzaron al morir el rey. Por ese tratado, que actualmente se halla en el depósito del Louvre, Leopoldo debía dejar a Luis XIV en posesión de Flandes, a condición de que, a la muerte de Carlos, España pasara a ser dominio del emperador.”  Quedaban sentadas las bases para lo que fue la guerra de Sucesión.

En 1667 Francia invadió Flandes, y la monarquía hispánica determinó que era más importante el mantenimiento de este territorio que Portugal. “A Luis le bastó con presentarse frente a ellas. (Junio de 1667) Entró en Charleroi como en París; Ath, Tournai fueron tomadas en dos días; Furnes, Armentiéres, Courtrai, dejaron de resistir. Bajó a la trinchera frente a Douai que al día siguiente se rindió (6 de julio). (27 de agosto) Lila, la más floreciente ciudad de esas regiones, la única bien fortificada y con una guarnición de seis mil hombres, capituló después de nueve días de asedio. (30 de agosto) Los españoles contaban sólo con ocho mil hombres que oponer al ejército victorioso y además la retaguardia de este pequeño ejército fué destrozada por el marqués, más tarde mariscal, de Créqui. El resto se ocultó en Bruselas y Mons, dejando que el rey venciera sin combatir.”  La pérdida del Franco Condado se produjo en tres semanas. España había dejado de ser lo que era.

Tras sufrir sendas derrotas en Ameixal (1663) y Villaviciosa (1665), el 13 de febrero de 1668 la viuda de Felipe IV, la regente Mariana de Austria, reconoció la independencia de Portugal, quedando la plaza de Ceuta en la parte de España, al no querer aceptar sus habitantes la separación del reino. Habían transcurrido 28 años de enfrentamientos.

“La tensión bélica no disminuyó y los enfrentamientos continuaron hasta bien entrado el siglo XVIII y superada la Guerra de Sucesión, que terminó con el relevo de los Austrias por los Borbones.”

Texto completo http://www.cesareojarabo.es/2018/04/la-crisis-del-siglo-xvii-texto-competo.html

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