viernes, 28 de junio de 2019

Un repaso al genocidio (22)

Ni después de esta carnicería e incendio cesaron los furores de Al–Hakem. Trescientas cabezas hizo clavar en postes, a la orilla del río, y expulsó en el término de tres días a los renegados del arrabal; 15.000 de ellos no pararon hasta Egipto.”



Las persecuciones no pararon. Se intensificaron o se calmaron, pero sólo desaparecieron cuando definitivamente triunfó España el 2 de Enero de 1492.

Con la invasión almorávide se llevó a cabo la expulsión de los mozárabes el año
1126, que ya habían ido emigrando de manera importante en los últimos años, cuando repoblaron gran parte de los territorios reconquistados por Alfonso I el Batallador. También los judíos vieron en esta ocasión arrasadas sus sinagogas y se vieron forzados a refugiarse en los reinos hispánicos.

Mediado el siglo XII “Los almohades invaden el floreciente reino que en el centro y mediodía de España habían fundado los moros, y ponen a los judíos entre el islamismo y la muerte. Hordas de muzmotos, venidos de África, allanan o queman las sinagogas. Entonces los judíos se refugian en Castilla.”

Al Andalus sufre una nueva invasión que conquistó Cádiz, Málaga y Sevilla, en el curso de una yihad lanzada no sólo contra los españoles, sino incluso contra los mismos musulmanes, lo que les ocasionó importantes resistencias, entre las que no fue menor la del rey Lobo de Murcia, de una antigua familia muladí. Las tropas del 'Rey Lobo', Ibn Mardanish, expandieron las fronteras del reino de Murcia, que se había convertido en un protectorado de la Corona de Castilla.

Pero la historia del genocidio musulmán no se circunscribe a España.

En 1480 Otranto fue asediada por los turcos y, después de una larga batalla, cayó bajo el dominio otomano. El comandante de los turcos, bajá Gedik Ahmed, ordenó que todos los hombres sobrevivientes, desde los 15 años para arriba, fuesen obligados a renegar de la fe católica. Antonio Primaldo, un zapatero en nombre de todos los cristianos prisioneros declaró que ninguno de ellos se convertiría. “Ellos consideraban a Jesucristo como Hijo de Dios y querían mil veces morir antes que renegar de Él y hacerse musulmanes”. Frente a esta respuesta, el bajá Ahmed condenó a muerte a los 800 prisioneros. Todos fueron degollados o empalados, excepción hecha de los jóvenes, que fueron cautivados. “É metieron á espada la mayor parte de los cristianos que en ella habia; é despues de apoderado en la Ciudad é fortaleza mató á todos los clérigos que halló, é fizo aserrar por medio al Obispo de Otranto, é fizo matar mil y cuatrocientos hombres atados con sogas, é robaron la Ciudad, é enviaron la presa á Constantinopla donde del gran Turco habian sido enviados; é aquel Bajá, é los otros ordenaron de dejar gente para defender la Ciudad, é dejaron en ella cinco mil turcos y hombres de pelea con todas las cosas que eran menester, é con mucha artillería é fuéronse en Constantinopla, y ansí Otranto quedó con los turcos por suya.”

Masacres concretas en lugares concretos. Ese era y es el método islámico de genocidio, todo conforme a lo que ordena el Corán.

En ese mismo orden, y como sucedió en el siglo VIII en lugares tan distantes como España y la India, los principios del siglo XX se significaron con otro genocidio singular: el armenio.

TEXTO COMPLETO: http://www.cesareojarabo.es/2018/06/un-repaso-al-genocidio-texto-completo.html

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