jueves, 4 de julio de 2019

El conde-duque de Olivares (7)

Pocos historiadores tratan con cariño la figura del conde duque, a la que sin embargo no le niegan prendas: “varón de ánimo constante, de gran resolución, de notable injenio”, que son oscurecidas, tras una breve coma indicando que  eran “prendas que oscurecían ser nada señor de sí, poseido de una extraña ambicion, vengativo á veces, pocas generoso y soberbio siempre, no pensaba con maduro exámen las cosas. Emprendia las mas árduas sin considerar cuales serian sus resultas, y las dejaba de todo punto al arbitrio de la ciega fortuna. Ni cuidaba de ganar amigos, ni de servir á buenos…/… para los que murmuraban de él no tenia el disimulo por castigo…/… belicoso, siempre estaba atento a las materias del estado…/… ”



Pero su contemporáneo Quevedo le lanzaba dardos: “¿Ves quién eres, que sólo condenas lo que se hace y siempre alabas lo que se deja de hacer? Eres las viruelas de los que pueden, mal que da a todos, y de que ninguno se escapa, y de que muchos no escapan.”

Don Gaspar empezó con buen pie, cierto, tomando medidas ejemplares contra los personajes corruptos del reinado de Felipe III, pero muchos de quienes le apoyaban acabaron siendo pertinaces enemigos. El motivo menor de estas enemistades no era echar las culpas del desbarajuste a terceros que poco o nada podían hacer dado el control férreo del conde duque; así, personajes como Quevedo, que había estado en la nómina del valido, acabó siendo un feroz enemigo que pagó con cárcel lóbrega sus ocurrencias, que le llevaron a escribir: “Tratóse de entretener más tiempo el oro y la plata en estos reinos, viendo cuán breve pasadizo han fabricado en los cuartillos los extranjeros para su extracción. Tratóse de la mortificación de los cuartos y tiraste piedras. Dime, Esconde la Mano: ¿qué tiraste contra quien, con subir los cuartos, puso el oro y la plata en cobre, pues hoy haces tales extremos contra quien, con bajar los cuartos, los ha puesto en cobro?”

Y es que la situación económica era crítica; no había fondos suficientes para atender todos los frentes que estaba atendiendo el ejército español, en Flandes, en Italia, en Alemania… “Los genoveses habían previsto el colapso, que se produjo en los últimos días de enero de 1627, cuando la corona, ante la imposibilidad de adelantar nuevos ingresos, se declaró en bancarrota, suspendió el pago de sus deudas y compensó a los acreedores con juros.”

Mientras, el Conde Duque daba oídos a quienes le prometían fabricar plata con materiales viles; “un pobre estudiante holandés estuvo tratando, bajo los auspicios oficiales, de convertir en plata pura una mezcla de plata y cobre; fracasó como es natural, y acabó con sus huesos en la cárcel. Más listo fue otro extranjero al que se concedió también laboratorio para sus experiencias en el mismo Buen Retiro, que aseguraba obtener la plata «de cosas muy viles». Como la transformación no iba por buen camino, huyó una noche con los 2.000 ducados que había pedido como material de ensayos.”

 De estas genialidades se burlaba el pueblo, y en particular, Quevedo, quién llegó a escribir: “Sentiría mucho que tan grave personaje se corriese de que le llamo merced: ya sé que a ratos es casi Excelencia, a ratos Señoría y a ratos vos; todo esto, batido a rata por cantidad, le viene de molde una merced muy reverenda, que también sabe vestirse deste título. Demonio es el señor Pedrisco de Rebozo, Granizo con Máscara, que no quiere ser conocido por quien es, sino por honda, que ya tira chinas, ya ripio, ya guijarros, y esconde la mano, y es conde y marqués, y duque, y tú, y vos y vuestra merced.”

Pero Quevedo no fue siempre enemigo de don Gaspar, de quién obtuvo reconocimiento y ayuda. “Las relaciones entre el poeta y el Privado continuaban en 1633, siendo cordialísimas, como lo demuestra la carta (CXXIX-A) que Quevedo escribe a la mujer de Olivares, en la que humorísticamente, y denotando gran confianza con la Condesa, pinta el modelo ideal de la mujer que quisiera para sí.”  

Pero seis años después, en 1639, Quevedo es puesto preso, supuestamente por haber hecho llegar “al Rey uno de los muchos papeles acusatorios en verso que escribió y circularon por entonces. Se dice también que logró poner el papel en la mesa del Rey, entre dos platos o envuelto en una servilleta, con la complicidad de los criados enemigos del Privado que en Palacio había.”

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