viernes, 12 de julio de 2019

ENEMIGOS DE ESPAÑA GOBERNANDO ESPAÑA: EL CASO DEL SUMBARINO (XIV)

Concas, que había estado destinado en la Comisión de Marina en Londres, amigo personal de Cánovas y que había tratado de que Peral aceptara, sin éxito, entrevistarse con Zaharoff, se contaba entre los enemigos más acérrimos de Peral.

Pero en la comisión había otros “amigos” de Peral: el capitán de fragata Emilio Ruiz del Árbol, que había sido Agregado Naval en Washington, o el teniente de navío Francisco Chacón Pery. Todos los que se opusieron al proyecto de Peral dentro del Ministerio de Marina, tuvieron relación en algún momento de su carrera con comisiones en el extranjero: Víctor Concas, en Londres; Bermejo, en Berlín; Ruiz del árbol, estaba en Cuba y desapareció en EE. UU. al estallar la guerra…



Los fallos que inexcusablemente tenía la nave, no pasaban de ser menores, y para nada achacables a la navegabilidad. Debían ser corregidos, sí, pero no sólo no fueron corregidos, sino que sirvieron como argumento peregrino para arrumbar el clavo ardiendo que necesitaba España para salir del marasmo y el coloniaje que sigue padeciendo hasta hoy mismo.
La Junta le pidió que el submarino cumpliese tres condiciones:

1º.- Mayor estabilidad en superficie;
2°.- Una velocidad de seis a siete millas por hora para la marcha normal durante veinticuatro horas y de diez a doce durante seis horas;
3°.- Perfecta regulación para poder sumergirse con facilidad, seguridad y confianza.

La estabilidad en superficie con mala mar de costado estaba ya prevista en la memoria inicial y con solución matemática ya calculada.
En lo relativo a la velocidad, Peral marcaba como velocidad punta 8 nudos; la Junta exigía 12 nudos… con propulsión estrictamente eléctrica mediante baterías ideadas por el propio Peral, cuando en la II Guerra Mundial, ya desarrollado el submarino, no alcanzaban los ocho nudos.
En cuanto a la regulación, Peral ya señalaba en su memoria que se debía únicamente a la defectuosa construcción en el arsenal de los tanques de lastre, con lo que en un posterior prototipo la cosa estaba resuelta.

Tres cuestiones previstas; tres fallos importantes a todas luces subsanables; tres errores imperdonables… Dos cuestiones de fácil solución y una de fácil comprensión. Sin embargo, la Junta aprovechó para cargar contra el invento y contra el inventor, exigiendo una máquina perfecta y un dios como inventor. Se cargaron las tintas, se obviaron resultados, tratando de casualidad operaciones realizadas con maestría, como el hecho de haber emergido exactamente en lugar prefijado, se ninguneó el invento porque no podía verse a través del casco, y se acusó de excesivo gasto… ¡a una nave que costaba menos que una cañonera!
Peral resolvió no sólo el problema de la inmersión sino también el de la visión una vez sumergido y el de aireación, entre otras novedades.

Cuatro depósitos y un purificador de aire permitían que una tripulación de 12 hombres pudieran respirar con autonomía más de 50 horas. Disponía de otros equipos imprescindibles como su torre de visión indirecta que, asomándola a superficie y por medio de un prisma, proyectaba lo que ocurría en el exterior sobre una mesa que se regulaba en altura para enfocar la imagen. Con este aparato se calculaba la distancia a la que se encontraba el objetivo con el fin de realizar el disparo de torpedos. (Chacón: 2013)

La construcción del prototipo costó 300.000 pesetas siendo escaso comparándolo con un acorazado de la época, cuyo coste era de unos 40-50 millones de pesetas y el de un crucero acorazado de unos 30 millones.
La verdad es que la investigación de Peral fue determinante para alcanzar un éxito con aplicaciones directas e inmediatas, que tomaron forma en el diseño de dos motores de 30 caballos de vapor, cuando el motor eléctrico más potente del momento alcanzaba a desarrollar siete caballos, y era usado para mover tranvías. Peral consiguió algo que en el momento parecía ciencia ficción: creó elementos movidos a 500 voltios y 50 amperios, para lo que utilizó 613 baterías que había adquirido en Bélgica, a las que sustituyó las cajas de madera por otras de ebonita, aumentó el grosor de las placas, sustituyó los ácidos y añadió limitadores que evitaban la sobrecarga y la generación de gases nocivos. Creó una nueva batería que con los años acabaría siendo importada por España como “baterías Tudor”.

Texto completo: http://www.cesareojarabo.es/2018/05/enemigos-de-espana-gobernando-espana-el_10.html

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