lunes, 22 de julio de 2019

España bajo el Islam (27)

Gran parte de las ciudades musulmanas se fundaron sobre poblados anteriores. Solían emplazarse en lugares estratégicos por su carácter defensivo (Loja, Antequera, Lorca, Niebla, Toledo) o al lado de ríos y barrancos, que podían servir de defensa natural, aunque otras ciudades se situaron en lugares llanos, caso de Valencia, Sevilla, Córdoba o Écija.



El paisaje de la ciudad islámica se caracterizaba por un conjunto apretado de edificios rodeados y protegidos por una muralla que la separaba radicalmente del exterior. Lo más representativo de la ciudad islámica es su plano, en el que destacaban unas cuantas calles transversales o radiales de trazado sinuoso que enlazaban con las entradas o puertas de la ciudad; las calles eran angostas, quebradas y torcidas; también eran frecuentes los callejones ciegos o sin salida, llamados adarves.

Por su parte, la población de la ciudad cristiana vivía de la ganadería y de la agricultura de secano, y la actividad industrial y mercantil era muy escasa. Las ciudades desempeñaban una función militar y estratégica, de ahí que el paisaje urbano se caracterizara por pequeños recintos amurallados cuyas calle solían ser estrechas y estar bordeadas con pórticos y soportales. En el centro se situaba la plaza  y en ella se levantaba la iglesia, utilizada también como lugar para el mercado. Las ciudades se componían de parroquias cuya advocación daba nombre a los barrios.

Galindo I Aznarez fue conde de Aragón del 844 al 867, sucediendo a Galindo Garcés. , y a éste le sucedió Aznar II Galíndez, que moriría en 893.

Mientras tanto, Carlos el Calvo mató al conde Bernardo de Barcelona, cabecilla, al parecer, de una bandería que quería sacudirse del yugo franco. Su hijo Guillermo, para vengarlo, se alió a Córdoba en una lucha perduró hasta el año 847, cuando Carlos el Calvo se alió con Abderramán II, que retiró el apoyo al rebelde, quién a pesar de todo tomó Barcelona y Ampurias. Moríría en batalla al año siguiente.

Por el este, en 848 Abderramán volvió a invadir Baleares, que se había liberado con la ayuda franca. La dominación árabe duró diez años, cuando los invasores normandos saquearon sin distinción a moros y a cristianos.  Por su parte, en 885 Ibiza fue tomada por primera vez por los moros, mientras Bizancio mandaba embajadores solicitando alianza con Córdoba en su lucha contra Bagdad; alianza que fue rechazada.

El año 849 Carlos el calvo se presentó en Narbona para nombrar a Alerán como conde de Barcelona, Ampurias y Rosellón, y marqués de Gothia (847), en contra de la costumbre establecida de otorgar tal cargo a un noble de origen godo; asimismo concedió a Wifredo los condados de Gerona y Besalú, y a Salomón los condados de Cerdaña, Urgel y Conflent. Los árabes atacaron y conquistaron Barcelona el 851-852 saqueando y diezmaron la población, aunque se retiraron después. Posiblemente Alerán muriera en estos combates.   Fue sustituido por Odalrico, que protagonizó enfrentamientos con Musa ben Musa, y murió en 857, siendo sustituido por Hunifredo de Gotia, que acabó enfrentado con Carlos el Calvo, y vencido, huyó de sus posesiones en 864.
El 1 de febrero del año 850, muere Ramiro I, que en 8 años conoció más sublevaciones además de la que cortó en el mismo momento de su coronación, y el florecimiento de los “magos”, a los que acabó exterminando. Sánchez Albornoz señala que, tal vez, el fenómeno de los magos fuese un coletazo del priscilianismo.
Fue elevado al trono de Asturias Ordoño I, su hijo, con lo que queda instaurada la monarquía hereditaria, quién obtuvo una sonora victoria  sobre los invasores y otra sobre una nueva invasión normanda y llevó sus dominios sobre los territorios vascones. En 856 repobló León, que iría creciendo en actividad social y económica, lo que la llevó a ser la capital del reino en tiempos de García I, el año 910, creó los obispados de León y Astorga, y se revivía las relaciones iglesia-estado que tanto influyeron en la monarquía visigoda.

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