lunes, 8 de julio de 2019

La guerra de los segadores (6)

Sea como fuere, la verdad es que la derrota de Leucata y Salces acabó significando la pérdida de Perpiñán, pero lo que más se temía en Barcelona, con Pau Claris a la cabeza, era que, según rumores, “se intentaba castigar a los caballeros que hubieran faltado a su obligación, despojándoles de los bienes y mercedes que gozaban de la Corona y agraciando con ellos a los que cumplieron con su deber, debieron de influir sin duda en la actuación sucesiva del Brazo Militar y de los diputados de la Generalidad, que comenzaron por manifestar su desazón con sendos memoriales al Rey, cargados de resentimiento, de invectivas contra los ejércitos de naciones, es decir, no catalanes, y de rudos acentos de protesta por lo que unos y otros creyeron infracción constitucional en la llamada a las armas.”



Los conflictos comenzaron a menudear; el 30 de abril, en los alrededores de Gerona fueron acometidos los regimientos de castellanos y napolitanos que iban al frente de Francia; “cuando las tropas respondieron arrasando hasta la última piedra de la alborotadora villa de Santa Coloma de Farners (14 de mayo), provocaron un levantamiento general.”  “de villanos y labradores que desde las comarcas de Gerona se extendió hacia el Ampurdán, hacia el Vallés y hacia Osona y el Ripollés.”
Cuentan los historiadores nacionalistas que“los soldados mercenarios de origen y lenguas diversas eran un continuo foco de problemas…/… El problema de los alojamientos militares arranca de mucho antes del inicio de la Guerra de los Segadores, a que tenemos constancia, a partir de los Dietarios de la Generalidad, de problemas a causa de los alojamientos el mes de enero de 1630 en las poblaciones de la Horta y Flix.”

Los políticos, por su parte, acosaban al Virrey Santa Coloma, “Habiendosele presentado dos conselleres de la ciudad, y además don Francisco de Tamarit como diputado de la nobleza, a exponerle los agravios que los habitantes del Principado padecían y a pedirle el remedio, a fin de que no sobreviniese una convulsión general, creyó Santa Coloma dar un golpe maestro y acreditar su energía reduciendo a prisión al diputado Tamarit y a los dos magistrados, y dando disposiciones para que por los jueces apostólicos se procediera del mismo modo contra el diputado eclesiástico don Pablo Claris, canónigo de Urgel.”

“Pronto, la rebelión social pasó del campo a la ciudad, donde los estratos urbanos más humildes se unieron al levantamiento, y la protesta campesina llegó a Gerona. La ciudad cerró las puertas al ejército real que, perseguido por los labradores sublevados quería refugiarse. Esta decisión conllevó una noche de pánico a la ciudad, la del 16 al 17 de mayo: los gerundenses fueron a las murallas convocados por las campanas de las iglesias.”

“Mirabanse con odio mortal: por todas partes andaban cuadrillas de forajidos; las autoridades no tenían ya fuerza para contenerlos: aquel estado era insoportable, y no abía quien no presintiera un estallido general: faltaba sólo una ocasión, y no tardó esta en presentarse.”

El asunto se convirtió en rebelión, deshicieron el destacamento militar y marcharon sobre Barcelona, donde entraron el día  22 de  mayo, con la complicidad de las autoridades de la Generalidad, sacaron de la cárcel al diputado Francisco Tamarit, que había sido encarcelado por orden del virrey al haberse manifestado contrario a los alojamientos de la tropa, y provocaron un levantamiento generalizado.

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