jueves, 18 de julio de 2019

LA REVUELTA COMUNERA (23)

Pedro Girón sería finalmente acusado de traidor cuando abandonó la causa comunera. Personalmente dudo que hubiese traición, sino más bien asco y desilusión por lo que veía a su alrededor, como por asco y desilusión acabarían abandonando tantos y tantos, entre ellos Pedro Laso de la Vega.



Es el caso que el movimiento comunero, como vamos viendo, no era, ni de lejos un movimiento de clase, como las corrientes antihistóricas, emparentadas ideológicamente con los vagos y maleantes de entonces y de ahora pretenden señalar, sino un movimiento auténticamente popular, que defendía principios justos, pero que no supo gobernarse y cayó en manos de gentes infames contra las que finalmente hubo que luchar en defensa de los mismos principios que motivaron el movimiento.

Ya el 7 de noviembre de 1519 Toledo se había dirigido por carta a las demás ciudades castellanas. Toledo se había sublevado “para defender los privilegios de la nobleza toledana; por ello se opusieron a que los altos cargos se dieran a extranjeros, como había ocurrido con el Arzobispo de Toledo, a que se les hiciera pagar más impuestos o a que el país estuviera dirigido por un extranjero mientras no estaba el rey…/… La rebelión estuvo dirigida, inicialmente, por regidores como Pero Lasso de la Vega, Juan de Padilla y Hernando de Ávalos.”  Pero Lasso era hermano de Gracilaso de la Vega, que militaba en el bando imperial, y con talante negociador, acabaría siendo marginado de todos.
Los representantes de Toledo hicieron una importante labor de difusión por todo el reino; así se tiene constancia que escribieron a otras ciudades marcando la necesidad de que sus procuradores se juntasen para procurar evitar la salida del rey, así como que sacase dinero o diese puestos a los extranjeros.  La respuesta fue dispar, existiendo municipios de mayor y de menor importancia que, como el de Córdoba, hicieron expresa manifestación de adhesión al rey Carlos. Otras, como Jaén, siguieron el bando de las Comunidades, pero pronto fue sofocado el alzamiento. En Sevilla duró veinticuatro horas la revuelta. Las ciudades convinieron que “para mantener sosegada la Andalucía, sería acertado reunir, con licencia de S. M., una junta en lugar á propósito, donde los Procuradores de las principales ciudades y villas de aquel reino se confederasen contra las Comunidades de Castilla.”

La carta que envió Toledo el 7 de Noviembre de 1519 decía que “pues a todos toca el daño, nos juntásemos todos á pensar el remedio.”  Reclamando tres cosas concretas: 1ª que el rey no se vaya de España; 2ª que no permita sacar dinero; 3ª que no se den cargos a extranjeros. Son tres puntos que en nada se separan de la tradición juntera. Ciertamente tenían razón en sus demandas, y por lo mismo, con su postura no subvertían el orden de la monarquía hispánica, sino que por el contrario postulaban por una vuelta al punto en que las cosas estaban bien ordenadas.

Pero ese ordenamiento, lógicamente, se movía en unas circunstancias convulsas por sí mismas, que además estaban agitadas convenientemente por los sectores poderosos, lo cual no quiere decir que los sectores poderos actuasen de forma orquestada; así, Córdoba, donde había llegado de corregidor Diego Osorio tras los hechos de Burgos, relatados en el capítulo de “la revolución” de este mismo trabajo, sufrió un pequeño levantamiento que fue cortado enérgicamente por el corregidor, que mandó degollar al principal implicado, y con este acto se calmó Córdoba y Andalucía.

Lo que es estrictamente cierto es que en el bando comunero contaban con nombres como Laso de la Vega, Bravo, Padilla, Maldonado, Ulloa, Fajardo, Mendoza, Figueroa, Zimbrón, Ayala, Montoya, Zúñiga, Medina, Alonso de Guadalajara, Diego de Almaraz, Villegas, Cartagena, Alonso de Pliego, Benavente, Guzmán, Acuña… representantes de las noblezas; de las bajas y de las medias, que ya es…, pero también de la alta. No parece que se pueda decir que el levantamiento lo fue contra la nobleza. Fue un levantamiento popular, de todas las clases sociales, contra una injusticia manifiesta, encabezada por lo que hoy podemos identificar con los partidos políticos: la alta nobleza, que actuaba, no por los intereses populares, sino para satisfacer sus prerrogativas; en definitiva, igual que hoy los partidos. La deriva que tuvo posteriormente tanto el movimiento como la actitud de la corona, es la que determina, a cada modo de entender la vida, cómo entender a unos y cómo entender a otros. ¿Que la nobleza salió de la contienda con mayores ventajas? Tal vez, pero ¿de quién fue la culpa sino de un  movimiento que quiso tener el fin en sí mismo? La división posterior surgida dentro del movimiento comunero entre la nobleza levantisca y los villanos significaría la victoria de Carlos sobre todos ellos... o algo así, porque la nobleza sacó la mejor tajada, aunque fuese de momento.

Texto completo: http://www.cesareojarabo.es/2018/05/la-revuelta-comunera-texto-completo.html

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