miércoles, 24 de julio de 2019

LOS VOLUNTARIOS REALISTAS Y LA MILICIA NACIONAL (8)

Pero en mitad de la formación, el general Castañón mandó apresar al jefe de las milicias, el coronel Mariano Rodríguez, lo que no ocasionó la inmediata sublevación de los milicianos, que permanecieron dando vivas a los reyes. Fue al final de la concentración cuando se exigió la libertad de su jefe, dando lugar a una sublevación que nació vencida, pues los insurrectos abandonaban prácticamente antes de sumarse, lo que ocasionó deportaciones y la huída del obispo Abarca a Portugal.



Controlada la situación por el gobierno, el 16 de febrero de 1834, se promulga el real decreto de formación de la Milicia urbana, disolviendo la milicia de los Voluntarios Realistas. La milicia se organizaría en todos aquellos pueblos mayores de 700 vecinos, a razón de una plaza por cada 100 habitantes, y para pertenecer a la misma era necesario cumplir una serie de requisitos económicos.

Pero además, la milicia urbana, a la postre un nombre que encubría la milicia nacional, comportaría un punto de desestabilización permanente al servicio de los más casposos principios liberales; así,

a mediados de 1834 participaron activamente en el masivo asesinato de frailes que tuvo lugar en Madrid con el pretexto de ser los causantes de la epidemia que azotaba a la capital. (Bullón 2002: 199)

Esa actividad seguirían desarrollándola con plena cobertura de la monarquía liberal, que se perfeccionaría

durante el verano de 1836 cuando, en España, se proclamó por tercera vez la Constitución de 1812. Una vez más, los legisladores doceañistas que habían pensado la milicia como fuerza armada garante de un sistema constitucional tuvieron éxito. Junto a la Constitución reapareció la milicia nacional. (Chust 2007)

El 18 de marzo de 1836 se dispuso que la Milicia Nacional siguiese bajo las órdenes de las autoridades militares. El 28 de noviembre de dicho año las Cortes Generales, presididas por Álvaro Gómez, aprobaron la recuperación de la Milicia Nacional. El 8 de diciembre inmediato se aprobó la Ordenanza y Ley por la que dicho cuerpo se habría de regir, firmada por el secretario de Estado y sancionada por la Reina Isabel II, y en su nombre por la Reina Gobernadora. En dichas normas se disponía: que “todo Español de 18 a 50 años cumplidos que esté avecindado y tenga propiedad, rentas, industria ú otro modo de subsistir, á juicio de los Ayuntamientos respectivos o sea hijo del que tenga alguna de estas circunstancias, está obligado a alistarse en la Milicia Nacional”. Que “se fijará una escala de 5 a 50 reales para que los Ayuntamientos señalen la cuota con que deberá contribuir cada uno en proporción a su fondo” (Rodríguez 2013: 4)

las elecciones de capitanes, tenientes, subtenientes y alféreces se efectuarán “por los individuos de su compañía” en las casas consistoriales, debiendo asistir “la mitad más uno de la fuerza efectiva de cada compañía y obtener la mitad más uno de los sufragios”; la misma regla serviría para la elección de comandante y demás individuos de la Plana Mayor, pero la elección de sargentos y cabos se llevaría a cabo “por el capitán y subalternos de cada Compañía a pluralidad absoluta de votos, siendo el del capitán decisivo en caso de empate”; y el capitán elegiría al sargento 1º “de entre los nombrados de su clase”. (Rodríguez 2013: 5)

Por otra parte, la Milicia Nacional, también conocida como Guardia Nacional, aunque compuesta por voluntarios, era un cuerpo muy bien pagado. En diciembre de 1835, sólo en Madrid contaba con cinco mil miembros. Al respecto, “El Español” de siete de enero de 1836 refería:

la Guardia Nacional de Madrid y a su ejemplo la de toda la nación española, van  presentar bien pronto una fuerza moral inmensa, muy superior  a la fuerza real, porque se compondrá de todos los ciudadanos interesados en el mantenimiento y conservación del orden público. Al paso que este ejército pacifico y verdaderamente nacional obrará moral y materialmente sobre lodos los pueblos asegurando su reposo, el ejército activo cuya organización se completa con una rapidez inesperada , dará golpes decisivos a la facción.

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