sábado, 20 de julio de 2019

Siguiendo con la guerra de sucesión (XXIII)


En medio de esta actividad militar, el 29 de Junio de 1707, Felipe V promulgó para Valencia y Aragón una legislación novedosa, progresista, acorde con el espíritu de los tiempos, cuya idea no estaba muy alejada de los pensamientos de su contrincante el archiduque: el decreto de Nueva Planta.



La guerra seguía, aunque de forma lánguida tras la toma de Lérida el 12 de Noviembre, y las adscripciones no eran seguras. Tan es así que a principios de 1708, el Consejo de Ciento de Barcelona enviaba una carta al archiduque señalando que los afectos a la causa austracista disminuían, y quejándose del comportamiento de las tropas, que no se empleaban en los momentos oportunos “sino solo en saquear, violar, robar cuanto encontraban bien lejos de los enemigos, y en hacer los más execrables daños que jamás han hecho en esta provincia enemigas tropas; y que en el mismo tenor van continuando en sacar los trigos de los graneros, sin considerar que lo que falta de necesario alimento á los racionales, emplean ellos por cama, y sin darles otra cosa á sus caballos, acémilas y demás animales, quemando lo que no pueden llevar.”  La respuesta sería facilitada por el ejército borbónico, que tomó Tortosa, lo que posibilitó que los austracistas organizasen un intento de recuperar la plaza, a cargo del general Staremberg, que fue rechazada por la acción decidida de la población.

A la nueva campaña que se iniciaba en Cataluña seguían incorporándose “patriotas” como el duque de Noailles. Pero los grandes acontecimientos se paralizarían en estos momentos, siendo que hasta el 15 de Julio de 1708 no aconteció la toma de ninguna plaza. Como queda señalado, le tocó el turno a Tortosa. Guido von Starhemberg y James Stanhope defendieron la ciudad frente al embite del duque de Orleáns, que con el apoyo de un importante número de tortosinos tomaron la plaza el 11 de Julio de 1708.

Vemos extrañados que todos los protagonistas de esta guerra en España tienen nombres extranjeros, y curiosamente los austracistas llamaban a los borbónicos “galispanos”.
 No obstante, es de señalar que entre los contendientes también había españoles. Por ejemplo, en el bando austracista, José Folch de Cardona y Eril,  quién fue nombrado virrey de Valencia en 1706. “Fue uno de los pocos españoles que intervino en la Junta de los Aliados y en los consejos de guerra.”

En 1708, las tropas austracistas, especializadas en el saqueo, a falta de vencidos sobre los que efectuar la rapiña, desarrollaban su labor sobre el terreno que controlaban. Señala Felíu de la Peña que “En efte tiempo padeció Cataluña extraordinarias extorfiones, no folo de los enemigos, fino también de parte de nueftras Tropas en los faqueos de Urgel , Segarra, y hafta la Llacuna con grande deforden.”

Los barceloneses también se quejaban amargamente por la situación a la que los había llevado “Carlos III”; penurias de todo tipo, excesos, robos, saqueos de las tropas, e incumplimiento de todo tipo de promesas. A todo ello nos dice Modesto Lafuente que  respondió Carlos “que de Inglaterra y de Italia y de Alemania llegarían pronto cuerpos numerosos de tropas; y abundancia de dinero; y añadiendo que la armada de mar había ido á apoderarse de Cerdeña…”

Afirmación que resultó sobradamente cierta. En estos momentos, los austracistas contaron con nuevo capitán general… otro patriota enviado por la reina Ana de Inglaterra; se trataba del general James Stanhope, mientras Galloway comandaba las tropas británicas en Extremadura, y la esposa del archiduque era conducida a España por una armada británica al mando del almirante Lake, que llegó a Barcelona, después de haberse apoderado de Cerdeña y de Menorca, que también quedaron bajo poder británico.

Y es que, tras la batalla de Almansa, el aspirante austriaco pretendió reforzar su posición contrayendo matrimonio con Cristina Brunswick-Wolfenbütel; por cuyo motivo, y transportada por la armada británica, tomó tierra en Mataró el 25 de Julio de 1708, acompañada de 5000 caballos y 10.000 infantes. El matrimonio se celebró el 1 de agosto de 1708, en Barcelona “para mayor gloria de España y de toda la Cristiandad” , tras haber abandonado el protestantismo y abrazado el catolicismo, con el beneplácito de las autoridades protestantes, que dictaminaron que “la princesa Isabel en la mutación de religión no ponía en peligro su salvación y que podía con segura conciencia abrazar la religión católica” .

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