viernes, 16 de agosto de 2019

1898, GUERRA HISPANO USENSE EN CUBA (2)

Pero no era sólo la falta de moralidad usense; no podía, a estas alturas acusar de inmoralidad a quién siempre fue inmoral. La inmoralidad británica fue combatida durante siglos por los galeones españoles; los piratas ingleses, a los que tanto se ha jaleado, no eran sino unos desarrapados que sí, consiguieron sonados botines, pero en más ocasiones se vieron forzados a huir con el rabo entre las piernas, o imposibilitados de huir al verse colgando de una soga. A esa degeneración se unieron otras degeneraciones.



Las causas morales de la guerra han sido: nuestra degeneración, la degeneración de los Estados Unidos y la de Europa; tres degeneraciones que tienen un mismo origen. (Patriota 1899:32)

Esa falta de moralidad había puesto Cuba en el ojo del huracán, como antes lo había puesto en Luisiana o en Florida, por ejemplo, territorios que, contra derecho, le fueron vendidos por los vendidos políticos que en el momento administraban la ya incipiente colonia: España, que se había convertido en suministrador necesario de su propio territorio.
En ese sentido, Julio Pérez señala que España carecía de intereses geopolíticos y de estrategia

La guerra hispano−norteamericana responde en todo momento a la iniciativa, los intereses geopolíticos y la planificación estratégica de los Estados Unidos. España, por el contrario, no desea la guerra, no hace un uso estratégico de sus posesiones ultramarinas y carece de un proyecto viable para los territorios en disputa. Se trata, por tanto, con toda claridad de una guerra de agresión. (Pérez 1998: 2)

Pero es que esos intereses y esa estrategia habían sido puestos al servicio de los enemigos de España, y los gestores del gobierno hacían oídos sordos al clamor. Ya habían cometido la felonía de abandonar Santo Domingo. Ahora tocaba el turno al resto de las Antillas, y como colofón, al Pacífico.

Cuba y Puerto Rico pertenecen a España, que se interpone, como las Islas, en los proyectos norteamericanos. El caso de una guerra contra España se convierte en un punto capital de la estrategia nacional de Estados Unidos manifestado públicamente, por acercarnos a esta fecha, por el presidente Cleveland que, en su mensaje anual a la nación en el mes de diciembre de 1896, admite que: La hostilidad abierta contra España no es inconcebible. (Giner 1999: 73)

Una estrategia que una nación ultramarina como era España, debía estar a la orden del día… por pura supervivencia; una estrategia que quedó en evidencia en 1885 con el conflicto de las Carolinas, cuando el gobierno cayó en la cuenta que no existían en todos los mares puntos donde los barcos pudiesen suministrarse del carbón necesario para su funcionamiento.
¿Solucionó el gobierno esta cuestión? ¿Por qué no lo hizo?... Tal vez, sólo tal vez, por el mismo motivo que saboteó el proyecto de submarino Peral, o por el mismo motivo que los secretos del destructor de Villaamil fueron rebelados a Inglaterra…
Y en cuanto al telégrafo… ¿Es posible que, teniendo en cuenta la configuración de España (Europa, América, Pacífico, Filipinas), no se hubiese buscado una alternativa a la dependencia de Inglaterra?
Al estallar la guerra en 1898 los enlaces telegráficos entre las Capitanías Generales de Cuba, Puerto Rico y Filipinas con Madrid pasaban forzosamente por tendidos de cable submarino propiedad de empresas de Estados Unidos y de Inglaterra.
Esas carencias, vitales, son producto inequívoco de otras carencias que, como venimos señalando, no pueden ser otras que las carencias de gobierno… y de proyecto nacional, porque cuando, como es el caso, el anuncio de la guerra fue muy anterior a 1898, no es sólo la maquinaria bélica la que debe estar en perfecto estado de uso (que no lo estaba, precisamente), sino los esfuerzos morales, materiales y tecnológicos, que fueron sistemáticamente saboteados por el propio gobierno.

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