lunes, 19 de agosto de 2019

1898, LA GUERRA EN FILIPINAS (9)

Parece evidente que la actuación no fue la adecuada; volvemos a preguntarnos por qué el mando militar actuó tan en contra de las necesidades del momento. Esa misma pregunta la hacía también un militar, Carlos Ría Baja, testigo personal de la situación.



¿Por qué los buques nuestros no se pusieron al abrigo de nuestras baterías de Manila y de Cavite? Tampoco se sabe; lo que de modo positivo puedo asegurar, es que Montojo obró del mejor modo posible para perder los barcos, no adoptando las medidas convenientes y dejándose engañar en último resultado por el ardid que pusieron en práctica los americanos para ver si caía en el garlito, como suele decirse. (Ría 1899: 63)

Pero es que, después de todo, después de haber presentado una batalla que debía haberse desviado a la costa dada la evidente desproporción de fuerzas navales, después de haber sufrido una evidente derrota, ésta fue magnificada, no por la acción de guerra de los buques usenses, sino por la acción premeditada del mando militar que debía defender la españolidad.

Ningún buque español resulto hundido por el fuego enemigo durante el combate. Los dos buques más importantes de la flota española volaron como consecuencia de los incendios que se habían producido en la batalla naval y que se propagaron a toda la nave al ser abandonados por sus tripulantes, siendo el resto de los barcos españoles hundidos por sus tripulantes, sin presentar combate en la segunda parte de la batalla. La escuadra española tuvo 60 muertos en combate o como consecuencia de las heridas y 193 heridos, muchos de ellos leves. (Togores 2006: 575)

Finalmente, las bajas por ambas partes fueron las siguientes:
De 1.965 españoles: 167 muertos y 214 heridos.
De 1.734 americanos: 9 heridos.
Este desastre tuvo una consecuencia subsiguiente: el manifiesto “Als Catalans”, redactado por Enríc Prat de la Riba, que no se pudo hacer público hasta julio de 1898.
Pero siguiendo con las acciones militares, misteriosamente, tras el desastre de Cavite se ordenó abandonar la principal línea de defensa de Manila, que sufrió 105 días de bloqueo y 75 de asedio. Ya hemos señalado que los movimientos de tropas en tierra eran, como mínimo, tan torpes como los desarrollados en el mar.
El asedio comenzó el 1 de junio

En total las fuerzas españolas que guarnecían la ciudad eran de unos 6.500 a 7.000 hombres, buena parte de ellos nativos, con la misión de proteger un perímetro de unos 15 kilómetros, en el que se encontraban refugiadas unas
70.000 personas. (Togores 2006: 577)

El 1 de junio fue definitivamente sitiada por tierra Manila por las fuerzas tagalas, siendo ya el asedio completo, dado que desde principios de mayo la flota de Dewey había logrado el bloqueo naval de la bahía de Manila. El asedio, combates y asalto se habían de prolongar a lo largo de 105 días, entre el 1 de mayo y el 13 y 14 de agosto de l 898. (Togores 2006: 578)

Pero lo que llama poderosamente la atención, no es el bloqueo a que se vió sometida Manila, sino las órdenes y la actuación del mando militar español en relación a ese hecho.

El día 5 de Junio del año de tristes recuerdos para España, de 1898, la columna que mandaba el coronel D. Victoriano Pintos, abandonó, de orden superior, con auxilio de la columna al mando del Sr. Hernández, según texto original que obra en poder de dicho coronel, la línea del Zapote, la línea más importante para impedir la invasión de la provincia de Manila por los insurrectos de la de Cavite. (Isern 1899: 435)

http://www.cesareojarabo.es/2018/04/1898-la-guerra-en-filipinas-texto.html

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