domingo, 18 de agosto de 2019

Antonio Pérez, el primero entre los traidores (XXIII)

Como respuesta a los sucesos de Zaragoza, el ejército castellano entró en Aragón, comandado por D. Alonso de Vargas, no sin antes haber comunicado el hecho, y anunciando que no iban en son de guerra, sino en el de restablecer la paz. Pero la presencia del ejército, aún en son de paz, significaba una gran carga para cualquier población que los acogía, al no existir cuarteles y deber ser hospedados los soldados en casas particulares, donde se sucedían los abusos.



Por su parte, la Diputación decidió por unanimidad que el Justicia estaba obligado a resistir al ejército real. El Justicia  hizo la declaración de contrafuero y mandó armarse para resistir al rey, interpretando el fuero de una manera muy particular. “Publicada solemnemente esta declaración, precipitóse el pueblo sobre la armería de la ciudad, pidiendo los arcabuces y coseletes que en ella había: negábanse los jurados, pero viendo la exaltación de los corrillos y la irritación que por instantes iba creciendo, ofrecieron repartirlas por parroquias sin tardanza… La diputación llamó á las armas á los aragoneses… los que hablaban el lenguaje de la razón eran tenidos por traidores…”

Por su parte, “los escritores aragoneses de aquella edad, aquellos sobre todo, que tomaron á su cargo defender la fidelidad y los fueros de su patria, el Regente Villar, el P. Murillo, Blasco de Lanuza, Bartolomé Argensola y otros muchos tachan de ilegal la declaración de la corte del Justicia, y la suponen arrancada á los letrados y á los Consistorios por las amenazas de los sediciosos; y alegan en apoyo de su opinión, que así lo declararon las Universidades y Ciudades del Reino y los Nobles y Titulados que no se hallaban bajo la opresión de los amotinados.”

La población entera estaba sumamente alarmada. Entonces los nobles revoltosos organizaron un ejército en el que reinaba la anarquía, del que en breve acabó desertando lo poco digno que en él formaba; quedó el estercolero de la sociedad. Las ciudades de Aragón reconvenían al Justicia por haber tomado parte en aquel tumulto. Cuando estaban frente a las tropas reales, huyó Lanuza y se deshizo el ejército separatista.

“Los predicadores de Zaragoza… calificaban á todos ser obligación de consciencia la resistencia con las armas al ejército castellano y la defensa de sus libertades y fueros, y que exhortaban á ello como obra de virtud y mérito.”

“Pero fuera de Zaragoza presentaban las cosas muy diverso aspecto: los anteriores bullicios de aquella ciudad habían disgustado generalmente a los aragoneses; veían á la verdad con notable repugnancia la venida del ejército, pero aquella misma calamidad la achacaban á los repetidos desmanes y violencias de los sediciosos. La declaración de los Consistorios hubiera conmovido en otra ocasión al Reino entero; pero á la sazón las decisiones de aquellas siempre respetadas corporaciones eran miradas con desconfianza y recelo… Todo así se hallaba desautorizado, y los que ahora invocaban con grande ardimiento los fueros, habían sido los primeros que habían dado el ejemplo de quebrantarlos y de impedir su libre uso y ejercicio.”

Las ciudades estaban preocupadas por el cariz que este asunto había tomado en Zaragoza, de donde les llegaban noticias de la situación de tiranía que estaban viviendo, y de la escalada de violencia que no paraba. “Las convocatorias enviadas  a todas las Ciudades y villas, pidiéndoles el contingente de soldados con que debían concurrir para la formación del ejército, produjeron poco ó ningun resultado.”  Sólo en pocas ciudades prendió la sedición; Jaca, Daroca y Bielsa respondieron favorablemente, y en Teruel fue sanguinaria, y sin otras consecuencias… salvo la posterior represión a los excesos. Las demás ciudades se opusieron abiertamente a prestar apoyo a los rebeldes de Zaragoza, al tiempo que comunicaban su decisión al mismo Felipe II. Y tan al pie de la letra se llevaba esta respuesta, que “las disposiciones del Justicia y de los Diputados en todo lo relativo a la resistencia, era casi siempre desobedecido por los pueblos.”

“El Justicia de Aragón, el recién nombrado Juan de Lanuza, solicitó ayuda a las ciudades aragonesas, al reino de Valencia y al principado de Cataluña (los territorios de la Corona de Aragón), e incluso instó a los moriscos a sublevarse. El Justicia y Juan de Luna, diputado de la nobleza, salieron al encuentro del ejército real, que ya había entrado en Aragón (8 de noviembre); sin embargo, abandonaron a sus hombres y se juntaron con los otros dos jefes de los rebeldes, el duque de Villahermosa y el conde de Aranda, en Épila. Las fuerzas fueristas, sin dirección, se disolvieron y el ejército de Alonso de Vargas entró en Zaragoza (12 de noviembre) sin combatir.”  El motivo es que el movimiento se circunscribió a Zaragoza, ya que la mayor parte de las poblaciones se mantuvieron fieles a la corona, como fieles a la corona se mantuvieron Cataluña y Valencia. “Los oficiales reales y la Inquisición habían cuidado de hacerles conocer en tiempo, que en la prisión de Pérez no había quebrantamiento de fuero.”
Texto completo: http://www.cesareojarabo.es/2015/10/antonio-perez-el-primero-entre-los_9.html

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