viernes, 9 de agosto de 2019

LA ESPAÑA ULTRAMARINA DURANTE LAS GUERRAS CARLISTAS (y 6)


Pero no era sólo el aporte militar de los tradicionales enemigos de España. En los EE.UU se jaleaba a los separatistas y se les prestaba servicios de todo tipo. Grant acababa de ser elegido presidente y recibió a una delegación de los separatistas cubanos.

Morales Lemus visitó a Grant a los pocos días de tomar posesión de su cargo, y sin otra representación que la de Presidente del Comité filibustero de Nueva York, no sólo fue aceptado en Casa Blanca, sino que, al despedirse, oyó de labios de Grant las siguientes palabras: -Sosteneos un poco de tiempo, y obtendréis aun más de lo que esperáis. (Gallego 1897: 27)

Coincidió con esto un voto de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos: 98 contra 24 decidieron ofrecer al Presidente Su apoyo constitucional para cuando juzgase oportuno reconocer la independencia y soberanía del Gobierno republicano de Cuba. (Gallego 1897: 28)

La misma actitud adoptaron los países satélites de Inglaterra surgidos tras las guerras separatistas del primer cuarto de siglo XIX. Chile, Perú y Bolivia reconocieron a los insurgentes.

Inglaterra, Alemania, Países Bajos y los Estados Unidos tomarían parte de manera decidida en el apoyo de los separatistas

No era nada nuevo, porque ya en 1850 y en 1851 se produjeron sendos levantamientos con intención de anexionar Cuba a los Estados Unidos. En 1855, y bajo el segundo mando del General D. José de la Concha, fue preso con otros Ramón Pintó, Director del Liceo de la Habana, por ser el jefe de una conspiración a favor de la anexión a los Estados Unidos. Pintó fue ejecutado en garrote vil. Señala Tesifonte Gallego que en aquellos tiempos adquirieron gran desarrollo las logias masónicas y empezó a difundirse en los centros de educación la semilla del separatismo.

El asunto de Santo Domingo, ya resuelto favorablemente para los enemigos de España en 1865, conocía una intención de redondeo en 1869 cuando vio la luz un serio proyecto por parte de los Estados Unidos de anexión de la República Dominicana.

Es justo en estos momentos cuando, el 10 de abril de 1869, los separatistas cubanos dan luz a una constitución,  resultado principal de la Asamblea de Guáimaro.

Desde 1869 la prensa habanera venia acusando a los republicanos federales de mantener relaciones con los rebeldes, apoyándose en que éstos, en un principio, habían justificado el levantamiento cubano por considerar que no iba dirigido contra la nacionalidad española, sino contra el despótico gobierno de los Borbones, vinculándolo con el propio movimiento revolucionario de la península. Con posterioridad se había acusado reiteradamente a los republicanos de estar en relación con los insurrectos cubanos. Se atribuía a éstos la financiación de levantamientos federales, rumores que circularían nuevamente en 1872 y que incluso motivaron alguna interpelación parlamentaria. (Roldán 1992: 259)

Finalmente, en 1878 se firmó el del Pacto de Zanjón, que marca el fin de la guerra en Cuba. Hasta 1895 discurre un periodo entreguerras que la historiografía cubana, tomando palabras de José Martí, denomina Reposo Turbulento o Tregua Fecunda. A pesar de haberse firmado la paz, se producen intentos de reanudar la guerra con la Protesta de Baraguá en 1878, la Guerra Chiquita en 1879 y 1880, y diversos desembarcos como por ejemplo el de Ramón Leocadio Bonachea en 1884.

Pero es en 1895, a partir del alzamiento independentista del 24 de febrero, concebido por José Martí, cuando se enfila el movimiento separatista cubano, del que hacemos mención aparte en el capítulo correspondiente al desastre del 98.

Es evidente que después de la guerra de independencia de 1895-99 se dieron las circunstancias adecuadas para que se pudiera expandir el moderno imperialismo norteamericano de corte capitalista y se desarrollaran sus mecanismos de acción. Éste fue además el causante de impulsar en buena medida al nacionalismo cubano gracias a la brutalidad y violencia de sus métodos económicos. (Mollin 1997: 207)

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