sábado, 24 de agosto de 2019

Los agentes británicos en el desastre del 98 (2)


La educación en las escuelas se había abandonado en manos de enemigos de la Patria. Así lo denunciaba en Diario de Barcelona una persona que había regresado:



Lejos de enseñársele que es español, se le pinta a los españoles como advenedizos que vienen á oprimirle, suplantarle y desheredarle. El niño crece oyendo motos groseros contra sus compatriotas europeos y canarios, y recibiendo pérfidos consejos y más pérfida instrucción de historia patria y americana. El odio, la antipatía y, cuando menos, el recelo, se arraigan en su corazón de niño, y cuando es adulto, hombre, si su carrera, su trato, sus viajes, sus negocios y su clara razón no destruyen aquella noción errada de su ciudadanía, vive, envejece y muere creyendo no tener más patria que su provincia, y por lo tanto, sin amor á sus parientes peninsulares, sus padres inclusives.»
«He oído recientemente un diálogo entre dos inocentes niñas. Díme, ¿de dónde es tu padre?—¿Mi padre? ¡ah! me da vergüenza decirlo. — ¡Vergüenza! ¿por qué?—Porque me da vergüenza.—Pero ¿qué vergüenza puede darte que tu padre naciese acá ó allá?—¡Es que mi padre es gallego!—¡A mucha honra deberías tenerlo!—La interpelante era una galleguita y desde entonces quedó reñida con su amiga. Ejemplos de esta clase se presentan aquí á cada paso. (Pirala 1895: 819)

Y tan en contra de los intereses de la Patria había llevado la deriva de la educación, que en la universidad de La Habana se había provocado sedición colectiva contra la asignatura de Historia de España, cuyas cátedras tenían los estudiantes a gloria mirar constantemente desiertas, y que de la Universidad de la Habana habían salido para los campos los jóvenes insurrectos, que desaparecían de sus casas de la noche a la mañana, dejando como memoria groseros escritos denostando a España. (Arrozarena 2012: 36)

No es por tanto de extrañar que cuando estalló en Baire la insurrección, el 23 de febrero de 1895, el personal de la Universidad y de los Institutos, así como algunos catedráticos, se fueran a la manigua con los insurrectos y otros a conspirar desde el extranjero.
Estos hechos puntuales, sí, son de 1895, pero veinticuatro años antes, en la Gaceta de la Habana de 15 de Septiembre de 1871 se hablaba ya, en el preámbulo de una reforma en la enseñanza, de la urgente necesidad de proveer con maestros españoles las muchas vacantes que han dejado los que, después de sembrar en el corazón de la niñez los odios á España, se han dirigido á empuñar las armas contra la generosa nación que los honró con su confianza, ó á conspirar contra la vida de sus hijos leales. Excusado es hacer constar que en la última guerra, ni siquiera se trató de repetir las disposiciones que en la primera se tomaron. (Isern 1899: 161)

No obstante, el caballo de batalla de los separatistas era que las administraciones públicas estaban copadas por peninsulares. Al respecto hay que señalar que en la larga lista de empleados de la Administración civil ultramarina, figuraban buen número de cubanos:

los Acosta, Montalvo, Azcárate, Vinent, Kindelán, Freiré, Elisátegui, Echevarría, Justiz, Saladrigas, O'Farril, Bolívar, Rosillo, Valdés, Malli, Armas, Betancour, Bernal, Balboa, Cadaval, Diago, Chacón, Beltrán, Insúa, Koaly, Varona y cien más. La relación sería interminable. Sólo en el cuerpo de Comunicaciones de Cuba hay más de cien funcionarios cubanos, es á saber, la mitad ó algo más de la mitad.
La enseñanza puede decirse que está por ellos monopolizada. El rector de la universidad de La Habana, D. Joaquín F. Lastres, es cubano; lo son el vicerector D. José María Carbonell, el secretario general D. Juan Gómez de la Maza y Tejada, y los decanos de TODAS las Facultades. D. José Castellanos y Arango, de Filosofía y Letras; D. Manuel J. Cañizales Benegas, de Ciencias; D. Leopoldo Berrier y Fernández, de Derecho; D. Federico Hortsman y Cantos, de Medicina; don Carlos Donoso y Lardier, de Farmacia, y el director del jardín Botánico, D. Manuel Gómez; resultando que de 80 catedráticos, son cubanos 60.

En la escuela profesional lo es el director D. Bruno García Ayllón, siéndolo también los ocho profesores que desempeñan todas las clases de la misma. En la de Pintura y Escultura no hay más que un peninsular de tres maestros que la regentan: el director es cubano. Los institutos de segunda enseñanza de Matanzas, Santa Clara y Puerto Príncipe están dirigidos igualmente por hijos del país, D. Eduardo Díaz y Martínez, D. Alejandro Muxó y Pablos y D. Agustín Betancourt y Ronquillo, respectivamente; y en el cuadro general de este profesorado aparecen 35 catedráticos cubanos de 55. (Soldevilla 1897: 203-204)

Y en los demás aspectos de la administración, sucedía algo similar.

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