miércoles, 4 de septiembre de 2019

El conde-duque de Olivares (y 8)

Todas estas actuaciones, si no fueron las causantes del desastre de 1640 fueron, cuando menos, argumentos para justificarlas. ¿Podían haber tenido otro resultado los levantamientos de Portugal y de Cataluña? Con toda seguridad. ¿Fue responsable directo del mal resultado el conde duque? Personalmente creo que sí, porque si por una parte se hace necesario mantenerse firme a la hora de imponer una actuación como era la Unión de Armas, siempre hay campo para negociar, y del mismo modo que en la revuelta comunera Carlos I cedió en aspectos que nunca debió defender, supo apearse de los mismos y usar de esa renuncia contra sus enemigos, al tiempo que mantenía los principios que justificaban su lucha y la de España… Y hasta llegó a perder terreno en la lucha contra los nobles, cuestión de peor defensa.



Gaspar de Guzmán, por el contrario, no supo trabajar a su favor eliminando los excesos que llevaba la imposición de la Unión de Armas. Si es cierto que la Unión de Armas posibilitaba la equidad entre todos los reinos, también es cierto que las exigencias hechas a Cataluña estaban infladas, y un buen acto político hubiese pasado, sencillamente, por desinflarlas y dejarlas en su justa medida. Podría argüirse que la aportación exigida a Cataluña estaba justificada por el ataque que en esos momentos estaba sufriendo por parte de Francia en su propio territorio, pero esa es una cuestión que ni tan siquiera llegó a plantearse. La Generalidad negaba la mayor, y el orgullo del conde duque le impidió tan siquiera pensar en ello.

La cerrazón de mente del valido fue letal, ya que “durante el año 1640 y los primeros meses de 1641 ya habían existido diversas oportunidades para un acuerdo. Especialmente intensos habían sido los intentos de mediación del papa Urbano VIII y del nuncio apostólico monseñor Fachinetti…/… Según opinaba a comienzos de septiembre de 1641 el embajador toscano Octavio Pucci, hasta aquella fecha Olivares había tenido varias ocasiones de llegar a un acuerdo ventajoso que salvase la reputación del rey, pero sus anhelos de quedar como un vencedor indiscutible del desafio lanzado por los catalanes había hecho que ninguna de esas oportunidades prosperase”

Tras la pantomima llevada a cabo con la intervención de Felipe III en la campaña de Cataluña, que terminó antes de empezar, con una serie de fiestas sin fin en Zaragoza, el Conde Duque de Olivares fue destituido el 17 de enero de 1643. A finales de año sería sustituido por Luis Méndez de Haro, sobrino del conde duque, mientras el ejército y la administración se deshacían como un azucarillo, y mientras por el camino de Santiago entraban tropas francesas disfrazadas de peregrinos destinadas a Portugal.  Veintidos años detentó el valimiento Olivares, y a los pocos meses de ser destituido, fallecería.

En su descargo, el propio valido escribió una obra, el “Nicandro”, donde Gaspar de Guzmán se defiende de todas las acusaciones de las que fue objeto: de hereje, basándose en que impidió la boda de la Infanta María con el rey de Inglaterra y otros hechos; de haber apartado al rey de relaciones beneficiosas; del encarcelamiento de los duques de Uceda y de Osuna, de haber roto las treguas con Holanda, achacando tales hechos a Baltasar de Zúñiga; de la guerra de Cataluña, descargando sobre el Marqués de los Vélez y sobre la cobardía del ejército; de la separación de Portugal culpa a Felipe II; de los dispendios económicos culpa a las necesidades del ejército; de las pérdidas de las flotas culpa a los vientos; de los sueldos a sus amigos, culpa a la maledicencia; de la riqueza de los ministros dice que debía ser acorde a la inmensa monarquía; del malestar de los grandes de España prefiere no hablar; de la venta de cargos se defendía diciendo que así servían mejor a la monarquía; de haber mentido al rey se defiende diciendo que si tal hubiese hecho sería que el rey era tonto; de la gran cantidad de mercedes recibidas, las compara con las que recibió Richelieu, que fueron mucho mayores; a la acusación de lujo responde que otros lo manifestaban más; manifiesta que facilitó fondos al estado 760.000 ducados y mucho más; de los gastos ocasionados por la construcción del Buen Retiro, dice que no era para él, sino para el rey; de no haber socorrido la plaza de Maastricht acusa al ejército porque los oficiales estaban divertidos en el juego; sobre los asesinatos que se le imputaban dice que sólo castigó a los culpables, y que si se morían de aprensión no era su culpa; sobre que quitaba la libertad de voto arguye que el ingenio superior del conde, con sus razones y experiencia, reducía a todos a su parecer; frente a la comparación con Richelieu, se defiende diciendo que si como hizo Richelieu, España hubiese prescindido de proteger a la religión por encima de todo, se habría tenido otro resultado; de los sucesos de Cataluña se defiende diciendo que unos reinos no sirven a la Monarquía en igual medida que los otros, y esta injusticia es la que trató de corregir; a la demanda de que se elijan ministros queridos por el pueblo responde que al pueblo le da igual quién gobierne mientras le de pan.

Personalmente tengo que decir que la figura del conde duque me resulta ambivalente. Creo que pudo ser un buen consejero y se convirtió en un mal gobernante. Para la mayoría es sencillamente lo segundo, pero hay quién se queda con la parte positiva. “El Conde-Duque, víctima de su error capital, el cronológico, era un quijote que llegó con un siglo de retraso a la gobernación de España. Cuando dice Cánovas que Olivares sentía los problemas de España como Carlos V, tiene razón. Pero querer gobernar como Carlos V, con la España de Felipe IV, era imperdonable locura.”

“En julio de 1645, moría Don Gaspar en Toro, aplastado por su propia caída. Ya en el destierro supo la gran desgracia, definitiva, de nuestras armas en Rocroy. La pérdida de Portugal tuvo la suerte de no presenciarla en este mundo.”

0 comentarios :

 
;