jueves, 12 de septiembre de 2019

ENEMIGOS DE ESPAÑA GOBERNANDO ESPAÑA: EL CASO DEL SUMBARINO (XV)

Los personajes que en primera instancia fueron responsables de la destrucción del proyecto, que no los únicos, fueron: El Presidente del Consejo de Ministros Cánovas del Castillo, el ministro de Marina José María Beránger, Víctor María Concas, Emilio Ruiz del Árbol, Julio Álvarez Cerón (miembro de la comisión técnica) y Basil Zaharov.



Y es el caso que, pese al fallo en los tanques de inmersión, corregido sobre la marcha por Peral y que hubiera podido ser decisivo, el primer prototipo navegó más de 300 millas tanto en la bahía de Cádiz como en mar abierta, a lo largo de una serie de pruebas tan completa como dura cuya superación demostró la eficacia del arma y su razonable grado de seguridad, habida cuenta que no tuvo un solo accidente o percance serio en el curso de ellas. (Rodríguez 2013: 48)

Sin embargo, no se le permitió hacer una prueba, tal vez la más significativa… o al menos de tanta importancia como las otras: atravesar, sumergido, el estrecho de Gibraltar. ¿Cual fue el motivo de esa prohibición?... ¿Tal vez un veto inglés? Dadas las circunstancias es dudoso que fuese necesario ese veto. Las instrucciones ya las llevaba, en vena, el ejecutivo.

Lo acontecido fue que a España se le pidió o se le prohibió que tuviera submarinos, y que con ellos despertara las inclinaciones dominadoras de la raza. Se le prohibió, en suma, que se preocupara de cosas militares, sobre todo para alcanzar una supremacía de armamento sobre otras naciones. Cuando Cánovas del Castillo presentó al Parlamento su ley de Escuadra, haciendo gastar mil millones de pesetas al país, incluyó en ella lo que se le permitía tener a España: acorazados y cruceros que no aumentaban en un ápice la potencia militar. Santiago de Cuba, que sucedió a poco, pareció un castigo providencial. (Pérez 193-: 155)

Como en tantas ocasiones, el optimismo popular se quedó en bien poco. Las gentes iban tragando las bolas emanadas desde los gobiernos títere, y sólo algunos salieron a la calle para dar cuatro gritos.

El 24 de agosto de 1890, una manifestación recorrió las calles de Madrid, desde el Paseo del Prado donde comenzó hasta el Ministerio de Marina. Los gritos y consignas eran: ¡Viva Peral y su invento!, ¡Háganse submarinos. España quiere submarinos! Vidas y haciendas por la Patria. El pueblo de Madrid pide protección para el sabio marino y sus compañeros. Construcción de una escuadra de submarinos. Y los más airados: «¡Basta de Comisiones! ¡Fuera la Comisión Técnica! ¡Abajo los envidiosos!». (Rodríguez 2007: 354)

Todo había terminado. Poco han significado siempre las manifestaciones populares, y poco significaron en este momento. En septiembre se reunió el Consejo de la Marina, que acabó suspendiendo la construcción del submarino, procediendo a desguazarlo.
El único obstáculo, el ingeniero Isaac Peral, tras la pasión, sólo le quedaba el Calvario. Ahora le tocaba recibir los últimos insultos de los agentes británicos. A ello se habían estado preparando. El momento para soltar sus escupitajos se produjo el  6 de octubre de 1890, cuando se comunicaba a Peral que

El Consejo se hallaba de acuerdo en considerar, que el torpedero eléctrico sumergible ideado y construido por él no llenaba las condiciones que su autor se había prometido, siendo la causa, la falta de práctica, sin duda, en la ciencia de las construcciones navales. (Peral 1934: 177)

Mentira que el mismo Consejo desvelaba líneas adelante cuando en el mismo comunicado le proponían

construir otro nuevo submarino, con arreglo a planos que él presentara y al proyecto que propusiera, para seguir un estadio que tanto apasionaba a los pueblos cultos; aprovechando de este modo los conocimientos, patriotismo, laboriosidad, celo y buen deseo que adornaban al inventor del submarino; así como la experiencia por él adquirida. (Peral 1934: 177)

Texto completo: http://www.cesareojarabo.es/2018/05/enemigos-de-espana-gobernando-espana-el_10.html

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