domingo, 29 de septiembre de 2019

LA MARINA ESPAÑOLA ANTE EL DESASTRE DE 1898 (I)


LA MARINA ESPAÑOLA ANTE EL DESASTRE DE 1898 (I)

La decadencia de la marina española se venía gestando al compás de la decadencia nacional, pero el golpe definitivo tuvo lugar el 21 de octubre de 1805 con la batalla de Trafalgar, cuyo análisis no es objeto del presente trabajo, y llegó a la mínima expresión en la primera mitad del siglo XIX.
No obstante, Trafalgar no significó la puntilla decisiva a una armada que aún hubiese podido ser operativa si se hubiesen llevado a cabo las oportunas reparaciones y no se hubiese paralizado la construcción de nuevos buques.



Al iniciarse la guerra de la Independencia todavía se conservaban los restos de la gran flota de Trafalgar (42 navíos, 30 fragatas, 30 corbetas, etc.), pero la absoluta paralización de las construcciones redujo en tales términos los efectivos de la escuadra que, al morir Fernando VII, las embarcaciones mayores y menores no sobrepasaban el número de 35, con una dotación de algo más de medio millar de hombres. Los primeros planes de restauración de la escuadra se ejecutan reinando Isabel II, actuando de promotores los ministros de Marina marqués de Molins y MacCroho.  (Rumeo 1999: 24)

Algo inaudito para una nación como España, presente en los cinco continentes, siendo considerada su fuerza naval la décima del mundo en esos momentos. En el concierto europeo el Ejército español estaba valorado entre el sexto y el octavo.
Esta valoración sería progresivamente inferior en el transcurso del siglo como consecuencia del abandono que sufrió no sólo la Armada sino la nación entera. Y es que, desde el desastre de Trafalgar en 1805, la Marina fue olvidada, como si de ella no dependiese nada, y para la cual, el ejecutivo, que rebosaba mezquindad para todo lo que representase España, nunca tenía presupuestos, por lo que ni se podían construir nuevas unidades ni se podían reparar las existentes.
Presupuestos mezquinos. Pero presupuestos mezquinos para la renovación y mantenimiento de la flota, no para otros menesteres, llamando poderosamente la atención la diferencia existente entre la Marina en tiempos de Fernando VI, que contó con un presupuesto anual de ochenta y cinco millones de pesetas, y la de Isabel II, con un presupuesto ocho veces mayor… o con la Marina de 1898, con un presupuesto diez veces mayor que el de tiempos de Fernando VI y una vez y media el presupuesto de Isabel II.

Carlos II gastaba anualmente 39.973.000 pesetas; Felipe V, 84.819.325; Fernando VI, que puso en pie de guerra un ejército de más de 100.000 hombres, creó una marina de 85 buques y dotó con magnificencia todas las clases, consumió cada año 84.947.849; Carlos III elevó los gastos a 116.056.014; Carlos IV, a 177.000.000; Fernando VII gastó 154.743.400 en tiempos de Garay, 166.203.331 en épocas liberales y 113.500.000 durante el ministerio de L6pez Ballesteros; Doña Isabel II vio pasar sus presupuestos de gastos de 296.094.293 a 664.047.900, Y después han llegado a 906.274.687 (Isern 1899: 204)

Con una particularidad, por señalar alguna… Para la renovación y puesta al día…

En 1799, disponía la Armada de un presupuesto casi doble del más elevado desde la Restauraci6n hasta 1888, puesto que en aquel presupuesto se le asignaban 75.036.514 pesetas y en el de 1887•88 sólo 44.572.322. (Isern 1899: 333)

Texto completo en http://www.cesareojarabo.es/2018/06/la-marina-espanola-ante-el-desastre-de.html

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