miércoles, 18 de septiembre de 2019

LA REVUELTA COMUNERA (24)

La revuelta vuelve a ser definible como movimiento popular, es decir, no como movimiento de clase sino como movimiento nacional. “En el bando rebelde confluyen muy diversos intereses y, por lo tanto, ha sido complicado definir los motivos, causas y grado de implicación de sus miembros.”  Parece que los motivos de la revuelta ya expuestos están más claros para nosotros, quinientos años después, que para los protagonistas. Lo único claro, también quinientos años después, es que en la gestación y desarrollo del enfrentamiento civil estaban implicados tanto nobles como villanos, comerciantes y propietarios, señores y siervos… en ambos bandos.



Entre las causas que hacía de la revuelta comunera un conglomerado de todas las clases sociales era muy variado; había muchas diferencias; mucha variedad entre los ofendidos, que estaban compuestos por el pueblo llano que veía recortados unos derechos de ciudades libres de los que siempre habían gozado; por parte de la nobleza que veía recortados sus privilegios en beneficio de la nobleza flamenca; por parte de la burguesía que veía peligrar sus expectativas de crecimiento, y por parte del clero.

Y todo porque, sobre todo, faltaba un gobierno fuerte, lo que posibilitaba la anarquía, manifestada en enfrentamientos nobiliarios; en enfrentamientos burgueses de diverso tipo, exportadores contra manufactureros; locales contra periféricos…; y en malestar general del pueblo y del clero. Demasiadas dificultades, y demasiada desidia por el poder real, demasiado cegado por la inmediatez de la coronación como emperador del Sacro Imperio, y demasiada inquietud por las expectativas que creaba justamente esa coronación.

El rumor que corrió como la pólvora por los pueblos de Castilla era que en las Cortes de La Coruña  de 1520 se habían acordado tributos intolerables, exigibles por métodos implacables; que cada habitante pagase una moneda de oro; que se pagaría conforme al número de tejas que cada casa tuviese… Nadie sabe de donde salió ese rumor , a todas luces malintencionado, y hábilmente utilizados por los sediciosos.
El descontento se extendió; desde los púlpitos se reclamaba contra el yugo impuesto, “y como si el acento de la verdad no alcanzase a conmoverlas, sembrábanse especies exageradas y se abultaba el esceso del servicio otorgado por las cortes, con asegurar que era menester pagar un tanto por cada hijo que naciese en la familia, y por cada bestia que se mantuviese, y por cada teja que saliese á la calle, y todo esto, no temporal, sino perpetuamente.”

Con ese clima caldeado, el 29 de mayo de 1520, el descontento popular por lo sucedido en La Coruña estalla en insurrección en Segovia. Son ahorcados dos alguaciles, y el procurador responsable también fue ahorcado con ellos. Y un anciano que les recriminaba la actuación, llamado Hernán López Melón, “con ímpetu furioso comenzaron algunos a vocear que era un traidor, enemigo del bien común; y queriendo huir le asieron y comenzaron a gritar: muera, muera; y sacándole de la iglesia le echaron una soga a la garganta. Y teniendo tan cerca la picota…/… le colgaron en ella…/… iban más de dos mil…/… todo hez de vulgo.”

Mal empezaba el movimiento “popular”, linchando  a los disidentes. Tras esto, “uno de los plebeyos preguntó á un corchete que estaba sentado esribiendo qué era lo que escribía. Estoy anotando, contestó los autores de esta muerte infame, para pedir cuando sea ocasión igual muerte para ellos. No bien lo habia acabado de pronunciar, cuando los que estaban cerca lo acometen, todo el pueblo los sigue, le estrujan le sofocan, y por fin le ahorcan del mismo palo…/… El primero al que maltrataron y ahorcaron  se llamaba Hernan Lopez Melon, hombre de bastante edad, y el corchete que escribia se llamaba Roque Portal.

Los procuradores de Zamora se libraron porque huyeron, pero la jugada había sido preparada por el conde de Alba Liste, que “sacó vna sentencia que tenía ordenada, en que les condenava a los dichos procuradores a no avidos por ydalgos de ay adelante e desnaturados de la cibdad y ávidos por pecheros e que fuesen puestas dos estatuas de piedra en la plaza con sus nombres escritos por memoria” . En otras ciudades también triunfó la sublevación y la represión, pero en Cuenca, Luis Carrillo de Albornoz engañó y dio muerte a los cabecillas.

Texto completo: http://www.cesareojarabo.es/2018/05/la-revuelta-comunera-texto-completo.html

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