martes, 24 de septiembre de 2019

LOS VOLUNTARIOS REALISTAS Y LA MILICIA NACIONAL (9)

En cualquier caso, la Milicia Nacional representaba una fuerza militar muy importante cuyo control era la garantía del sistema, o en ocasiones de alguna facción del mismo; así, en 1841 Barcelona había sufrido de antemano el desarme y completa desorganización de su valiente y decidida Milicia Nacional , sacrificada por el barón de Meer , como medio el mas eficaz para dispersar y dejar fuera de juego al partido progresista. (Flórez 1845 tomo III: 203)



La conflictividad ocasionada por la Milicia Nacional acabó siendo un problema que escapaba al control de los gobiernos liberales, por lo que en marzo de 1844, y bajo la presidencia de un nuevo presidente, Luis González Bravo, se creó la Guardía Civil y se suprimió la Milicia Nacional, al tiempo que se anulaban algunas medidas puestas en vigor por los progresistas.

El desarme de la milicia nacional ocasionó serios conflictos y represalias subsiguientes, siendo fusiladas decenas de personas en Alicante y Cartagena, donde la rebelión alcanzó tintes trágicos… Pero el gobierno de González Bravo no sería de larga duración, si bien llegó a disolver la milicia nacional y a perseguir a los progresistas que se habían significado en las sublevaciones.

La Milicia Nacional, aún disuelta, y como en el caso de los Voluntarios Realistas, no podía darse por suprimida. Más adelante volvería a demostrar esa realidad.

De hecho, diez años después de su supresión, en una circular de la Junta de Gobierno, inserta en el Boletín Oficial extraordinario del 8 de agosto de 1854, se establecía que “todos los Ayuntamientos dispongan lo conveniente para el Alistamiento de la Milicia Nacional, a fin de que puedan inscribirse en sus filas voluntariamente las personas que deseen desde luego”. La Milicia Nacional dependió siempre de los Ayuntamientos. Estaría en vigor hasta agosto de 1856, cuando el día 15, por Providencia Real se procedió a ordenar su disolución. Pero aún volvería a ser resucitada en 1868.

La Milicia Nacional, instrumento de la Revolución Burguesa desde 1808, es llamada a la lucha precisamente en los momentos revolucionarios, para después tratar de controlarla de modo restrictivo o desarmarla para mejor afianzar los logros revolucionarios de la clase burguesa. (Urquijo 1981: 36)

Y es que la Milicia (a la que puede darse el nombre que se quiera) resulta imprescindible para los demócratas

Para los demócratas la esencia del Ejército radicaba en la obediencia pasiva, frente a la Milicia, que se caracterizaba por una obediencia crítica, cuya finalidad estribaba en 'la defensa de un determinado orden político -el democrático-, del cual dependen sus derechos. (Urquijo 1981: 41)

¿Y qué hacía la Milicia por el cumplimiento de sus funciones? Al respecto, el uno de septiembre de 1854, escribía Carlos Marx:

En las provincias prevalece una completa anarquía, constituyéndose juntas     que actúan por doquier y cada una de las cuales emite órdenes conforme a los intereses de su localidad, aboliendo una el monopolio del tabaco, suprimiendo otra el impuesto de la sal… Los contrabandistas operan a gran escala y con mucha eficacia, ya que son la única fuerza jamás desorganizada de en España. (Marx 1978)

Y es que la Milicia Nacional sólo cumplia (como cumplen hoy sus herederos) la función de fuerza represora del sistema.

La Milicia era el tema que definía a los progresistas, y precisamente sus crisis provinieron por la actuación con respecto a ella. Consideraban a la Milicia como la esencia de la propia revolución, pero no pasaban de una defensa  sentimental, cuando no de un mero instrumento para continuar en el poder. Además, estaba reciente todavía la victoria de julio de 1854 para que alguien pudiera criticar la Milicia de modo abierto. (Urquijo 1981: 30)
En estas circunstancias, y a pesar de todo, el Gabinete de Espartero no se atrevía a armar a la Milicia, sino que solicitaba un crédito urgente para organizar pronto un ejército de mucha consideración.

Las reuniones que los comandantes de la Milicia Nacional de Madrid realizaban para solucionar cuestiones de organización, hacía tiempo que se habían convertido en tertulias políticas, en las que dominaban las opioniones más radicales. Los comandantes trataron de solucionar el descontento existente en las filas de sus batallones. Descontento motivado porque "muchas de las cuestiones ocurridas desde agosto no habrían sido resueltas del modo que las fueron, si antes los comandantes, jefes de •las compañías, hubiesen explorado, como debían, la voluntad de todos" (Urquijo 1981: 26)

Finalmente, el 22 de agosto de 1856, el Gabinete O'Donnell publica el "Real decreto, disolviendo y extinguiendo la Milicia Nacional del Reino".

Pero como un Guadiana, en noviembre de 1868 se reorganizó nuevamente la Milicia Nacional, estando en vigor hasta 1874, cuando sería definitivamente disuelta, habiendo sufrido entre tanto otras vicisitudes; así, el 30 de septiembre de 1872 el Gobierno estableció que no se autorizase la Milicia Ciudadana en ningún punto en que no se pudiesen armar por lo menos 50 voluntarios, con el fin de no ser desarmados por un golpe de mano.

A partir de este momento no volvería a utilizarse el nombre de "milicia" hasta la Segunda República, pero ya no utilizarían el adjetivo "nacional", y en esa evolución de nombre, que no de organización, de objetivos y de actuaciones, llegamos a momentos actuales cuando, como queda señalado más arriba, esas funciones son llevadas a cabo por sindicatos y grupúsculos violentos de desarrapados, todos subvencionados con fondos públicos.

Por su parte, los voluntarios realistas, a partir de octubre de 1883 dejaron ya de pesar bajo ninguna forma en la vida española.

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