miércoles, 16 de octubre de 2019

1898, GUERRA HISPANO USENSE EN CUBA (3)

Y para mayor gozo del enemigo, esas carencias eran de conocimiento público.
 Así, en 1898, el Agregado militar británico en La Habana, Mayor G. F. Leverson señalaba en una exhaustiva y detalladísima exposición de las fuerzas españolas en Cuba, la capacidad de habituallamiento y disposición de las mismas:



ausencia de una organización adecuada para oponerse a un enemigo exterior y por la insuficiencia de modernos cañones para la defensa costera.
La gran dificultad creada al defensor que no tiene buenas comunicaciones en su territorio. Esto dejó prácticamente aisladas a muchas de las tropas españolas.
La declaración de guerra tomó a las fuerzas españolas en Cuba desprevenidas para enfrentarse a un enemigo exterior y a los insurgentes al mismo tiempo, y en la reorganización de las principales unidades con la distribución y adecuación de las tropas existentes. Por consiguiente, no existía uniformidad en la composición de los cuerpos de ejército, división y brigadas. (Sánchez: 60)

A juzgar por la presencia de tropas en el interior, una amplia disposición de efectivos de infantería habría sido incapaz de cubrir largas distancias sin grandes pérdidas, estando algunos de ellos más en el hospital que en filas, debido a la malaria y a la escasa y mala alimentación. Además, sus vestidos se hallaban en muy mal estado y algunos estaban casi sin zapatos y botas.
Los caballos de la caballería se hallaban en malas condiciones durante el bloqueo, pues sólo se tenía alimentos para los caballos hierba de guinea (guinea grass) para dos meses. (Sánchez: 71)

En la declaración de guerra entre España y los Estados Unidos de América, en el 28 de abril de este año, fue inmediatamente acordado por las Autoridades de la isla en poner la capital de la isla de Cuba en condiciones de ofrecer una seria resistencia a un ataque por parte del enemigo.
Las baterías costeras estaban en ese momento sin finalizar y los trabajos de armarlas no habían concluido, el mando de ingenieros de la fortaleza se pone a completarlos. (Sánchez: 96)

A este relator le resulta francamente difícil comentar estos extremos, que por supuesto juzga como ciertos.
Pero no era de la misma opinión el ministro de la Guerra del momento, Miguel Correa y García, que declaraba poco antes de comenzar el conflicto:

No soy de los que alardean de seguridades en el éxito, acaso de romperse las hostilidades; pero soy de los que creen que, de dos males, éste es el mejor. El peor sería el conflicto que surgiría en España si nuestro honor y nuestros derechos fuesen atropellados.

Y Álvaro de Figueroa y Torres, el conde de Romanotes, decía:

que para salvar la paz interior y para satisfacer las exigencias del elemento militar había que rendirse a la inexorable fuerza de los acontecimientos y acudir a la guerra como único medio honroso de que España pudiera perder lo que aún le restaba de su inmenso imperio colonial

Pero la realidad era la siguiente a la hora de iniciarse la guerra:

Por incuria en unos, abandono en otros, torpeza en éstos, equivocación en aquéllos, imprevisión quizás en cuantos de una ú otra manera intervinieron desde ya no cercana fecha en la dirección de los negocios públicos, nos encontró la guerra con los Estados Unidos del Norte de América enteramente desapercibidos. Nada había dispuesto; los numerosos contingentes enviados á Cuba no estaban organizados de modo acertado y prudente para la lucha con un ejército regular, aunque éste no fuese de superior importancia; los puertos, desartillados en casi su totalidad ó fortificados deficientemente , muchos á usanza del pasado siglo, y sin medios para recoger y abastecer una flota, por pequeña que fuere; el ejército de operaciones con pocas y anticuadas piezas de campaña; los servicios militares mal constituidos; las factorías dotadas escasamente; el comercio de la isla con pobreza de subsistencias; la costa entera á merced del enemigo; una organización viciosísima y arcaica, que de todo en todo pugnaba con la buena dirección de los institutos armados; sin comunicación interior entre el Oriente y el Occidente de Cuba, que una administración inhábil y descuidada no acertara en varias centurias á realizar; sin apoyo valioso en el país, que nos era en gran parte hostil, y en otra no despreciable indiferente; cualquier espíritu observador podía claramente advertir que serían fatales para España las consecuencias de la guerra comenzada en fines de Abril de 1898. Y, como la mala fortuna suele ir aparejada con la inhabilidad y la impericia, luchamos contra el adversario y contra los azares de la suerte, que en todas partes nos negó cruelmente sus favores. Y así vino el bloqueo de Cuba; el desdichado arribo á Santiago de la escuadra que dirigía el Almirante Cervera; la escasez de recursos en unas partes y la carencia absoluta en otras; la falta de víveres en las provincias orientales y el aislamiento de unas y otras fuerzas del ejército. (Suárez 1899: 93-94)

0 comentarios :

 
;