viernes, 18 de octubre de 2019

Antonio Pérez, el primero entre los traidores (XXIV)

“Ya he dicho como muchas ciudades y lugares no obedecieron al justicia; pero la de Calatayud más claramente se mostró, porque escribió al rei dándole gracias por el advertimiento de las cartas, prometiendo no alterarse en la entrada del exército. Teniendo el rei esta y otras prendas de que no se le podia resistir, mandó á don Alonso de Várgas que entrase en Aragón con aquel exército.”



No obstante, los representantes de Cataluña se ofrecieron como intermediarios en el asunto.

El 8 de noviembre citado, el propio Lanuza desertó de su ejército. Se guareció en una casa donde fue acosado por los revoltosos, que le obligaron a seguir en su puesto, siendo que iba flanqueado por Jerónimo del Oro, confidente de la Corte, y por el jurado Metelin, “que antes de salir á la resistencia había ido, con muchas lágrimas, á protestar ante el Virey que salia violentado y por temor de que le matasen.”

“Antes de que el ejército de Felipe II se pusiese en movimiento, cuatro mensajeros y notarios de las cortes y del Justicia se presentaron á Vargas para notificarle la sentencia de muerte pronunciada contra él, en el caso de que violase el territorio del reino.”  Pero Vargas utilizaba argucias legales para no recibir la notificación, por lo que al final éstos le rogaron diese por recibido el aviso, ya que de otro modo “serían muertos del vulgo y de la gente popular de Zaragoza”, por lo que les dijo que fijasen la requesta en la puerta de un monasterio.  Este hecho es recogido por las “relaciones” de Antonio Pérez de forma bien diversa.

El día 8 entraba Vargas a través de Ágreda con “doce mil hombres de infantería, dos mil caballos y veinticinco piezas de gruesa artillería” . Conforme avanzaba el ejército iba recibiendo la adhesión de los pueblos y de milicias que se unían a la marcha, así como víveres aportados por otras poblaciones. Mientras, el Justicia acababa huyendo del ejército que capitaneaba. A la vista de esto, Antonio Pérez huyó de Zaragoza, donde entraba Vargas dos días más tarde, acompañado, al frente del ejército, del gobernador Ramón Cerdán, seguidos del Virrey, del Jurado en Cap, y de los diputados Abad de Piedra y Jerónimo de Oro, los Jurados, los Consejos civil y criminal, seguidos de nobles, caballeros y ciudadanos de Zaragoza.

Junto al ejército, “don Francisco de Borja y Centellas, nieto de San Francisco de Borja, III marqués de Lombay y futuro VI duque de Gandía llegó a Zaragoza el 28 de noviembre en medio de una gran expectación”.  En un principio debía entrar Lombay con las tropas, pero como las misivas de los sublevados no atendían lo que el rey les decía, hizo demorar la entrada de éste mediador hasta que las tropas hubiesen alcanzado sus objetivos. Con la presencia del mismo, quería Felipe II dar a entender al pueblo de Zaragoza que la misión de las fuerzas que habían entrado el 12 de Noviembre no iba destinado a infligir ninguna merma en los derechos de Aragón, sino a imponer el derecho que había sido hollado por las revueltas iniciadas por el traidor Antonio Pérez. La función del marqués de Lombay sería “calmar los recelos que podrían tener los aragoneses de ser pasados todos por un rasero.”

Entre la nobleza, principal interesada en la revuelta, se encontraba el que aspiraba a la corona de un supuesto reino independiente: el conde de Aranda,  y las noticias acreditaban que la cuestión no se resumía en Antonio Pérez, sino cosas peores, entreviendo en el asunto situaciones similares a las de Flandes.

Sobre el conde de Aranda, Gregorio Marañón señala la coincidencia de la marcha de Aranda con la fuga de Antonio Pérez, y además,   que “un hecho importante y hasta hoy no conocido es que dos días antes había hecho este mismo camino el Conde de Aranda; y que Gil González pidió los caballos para la posta con nombres y título de criado del dicho Conde de Aranda… porque tenía necesidad de alcanzar al dicho conde. La complicidad del prócer aragonés en la fuga de Antonio Pérez es, pues, indudable y explica la irreductible severidad que tuvo Felipe II para con él.”

La entrada de Vargas, evidentemente,“fue la causa que forzó a lo inevitable: acompañado por don Martín de Lanuza hasta las puertas de la ciudad, el 10 de noviembre abandonaba Zaragoza Antonio Pérez para adentrarse en Francia e iniciar con esto la última negra etapa de su vida.”

Texto completo: http://www.cesareojarabo.es/2015/10/antonio-perez-el-primero-entre-los_9.html

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