martes, 12 de noviembre de 2019

ENEMIGOS DE ESPAÑA GOBERNANDO ESPAÑA: EL CASO DEL SUMBARINO (XVI)

Evidentemente, la propuesta no pasaba de ser más que una trampa del gabinete de Cánovas, que hacía la propuesta a sabiendas que iba a ser rechazada por Peral dadas las condiciones impuestas, entre las que incluía la Junta que tanto había hecho por arrumbar el proyecto, y utilizar los materiales del primer prototipo, lo que significaba su desguace a pesar de haber demostrado su viabilidad, y utilizar los aparatos incorporados al primero en la construcción de un buque de tamaño reducido que probablemente lo incapacitaba para el objeto a que era destinado.



Peral accedió, pero como evidentemente sólo se trataba de una artimaña, surgieron nuevas pegas que acabaron por decidirle a pedir la baja en la Marina. Eso sucedería el 5 de noviembre de 1891.
Oscuros intereses nunca aclarados, pero a la vista de lo expuesto, evidentes, motivaron que las autoridades del momento desecharan el invento y alentaran una campaña de desprestigio y vilipendio contra la persona del inventor, al cual no le quedó más remedio que solicitar la baja en la Marina e intentar aclarar a la opinión pública la verdad de lo sucedido.

Para algunos autores Peral contestó de forma arrogante e indisciplinada a una orden, que al fin y al cabo, disponía que se construyera otro submarino bajo su dirección. Pero para el hastiado inventor, aquello no era más que una trampa, dirigida a salvar al ministro y al gobierno de la responsabilidad de abandonar la investigación, y no una oferta real. (Rodríguez 2007: 350)

Lo que sí queda meridianamente claro es que el ministro de Marina, Beránger, y el gobierno Cánovas, impidieron que España se dotase de un arma sin parangón en ese momento, y que ocho años después, en la guerra contra EE UU (que ya se dejaba entrever) pudo haber significado la diferencia entre derrota y victoria.
Entonces, el gobierno democrático mancilló la gloria legítima que alcanzó Peral; la ensució, la pateó, la envileció, como si hubiera sido un traidor a su patria, cuando los únicos traidores eran ellos.

El invento de Peral fue una verdadera máquina de guerra, armada con torpedos de gran eficacia y resuelto felizmente el sistema de navegación, estabilidad y propulsión submarina. Sin quitarle mérito a nadie, los otros ingenios submarinos de la época eran elementos para estudiar la fauna marina, pero nunca resolvieron los problemas que tenían para dedicarlos a ser una eficaz arma de guerra. (Brufao 1998: 63)

Pero la mentira del gobierno de asalariados británicos no era más que un eslabón más en la cadena de traición a la Patria urdida por el sistema. Traición a España y prevaricación, porque el gobierno democrático afirmó por activa y por pasiva que en el submarino no existía ningún tipo de invento, siendo que en marzo de 1890, y posiblemente movido por la marcha de los acontecimientos, el inventor varió su forma de actuar, que era entregar a la Patria, de forma altruista sus descubrimientos, patentó una batería que entraba como componente del submarino. Aunque por una parte muy menor del invento, y al menos para la Historia, también en los aspectos administrativos puede Peral restregar a los traidores a la Patria que son prevaricadores.
Por cierto, que finalmente se vería obligado, económicamente, a vender la patente a una empresa extranjera que luego nos ha suministrado las baterías Peral con el nombre “Tudor”.
Por todo lo visto parece evidente que

existían otras poderosas razones para enterrar el proyecto que no se podían ni mencionar, ante lo cual, los argumentos peregrinos ocuparon su lugar. (Rodríguez 2007: 348)

Pero hundido el submarino, lo importante para los agentes británicos era hundir definitivamente también al inventor. Así, una Real Orden dispuso: “Por acuerdo del Consejo de Ministros y de conformidad con lo informado por la Superioridad de Marina, no solo se rechazan sus proposiciones para construir un nuevo submarino, sino que el ministro de marina Beránger, ordenó el 11 de noviembre de 1890 a Peral entregar el torpedero submarino y todos sus cargos en el arsenal de La Carraca. También tuvo que entregar toda la documentación, memorias y planos. Peral era expropiado de aquello que con su sólo intelecto había producido.
No contentos con esas humillaciones, lo calificaron de ignorante y de plagiario alegando que en 1776 Bushnell había lanzado su "Tortuga", y que en 1844 el francés Páyeme pretendía con un invento suyo romper las rocas de las profundidades del mar; que en el 1851 (precisamente el año de su nacimiento) se destrozaba en Kiel por falta de resistencia en el casco, el invento sacado a luz por Bauer.
Se le acusó de comprometer el nombre de España con sus experimentos, los recursos del erario público y las vidas de los héroes que le acompañaban en sus pruebas submarinas.

Texto completo: http://www.cesareojarabo.es/2018/05/enemigos-de-espana-gobernando-espana-el_10.html

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