viernes, 22 de noviembre de 2019

España bajo el Islam (29)

El verdadero organizador del Emirato Independiente fue Abderramán II, quien delegó los poderes en manos de los visires y logró una islamización muy rápida de la península, reduciendo considerablemente el número de cristianos en territorio musulmán.



Abderramán II embelleció Córdoba con soberbios monumentos, haciéndola centro de todas las delicias, llena de voluptuosidad, mientras los cristianos eran confinados a la miseria más absoluta, lo que posibilitó el nacimiento de un bando mozárabe pro musulmán, que fue cantera para el ejército sarraceno y para los servicios del entramado administrativo del emir, teniendo como consecuencia, entre otras cosas, que las prohibiciones en cuanto al vestido eran soslayadas para estos colaboracionistas.

Las quejas emitidas por los pensadores españoles al respecto muestran la triste situación de la población española, desnortada y actuando conforme la voluntad del invasor, que apoyaba abiertamente ésta situación propiciando la herejía y el cisma “casianista” y el “jovinianista”, que permitían la bigamia y el incesto , al tiempo que cargaba de impuestos a los españoles.

Espiraindeo y sus discípulos Eulogio y Álvaro Paulo, combatieron ferozmente estas herejías tras haber obtenido una formación superior; San Eulogio llevó a Córdoba el texto de “La Ciudad de Dios”, de San Agustín, la Eneida, de Virgilio, poesías de Juvenal y de Honorio, los opúsculos de Porfirio y otras obras que había recogido en su viaje a los reinos cristianos del norte.

Dice D. Marcelino Menéndez Pelayo que en esta época los cristianos, en Córdoba, hasta  podían tocar las campanas de las iglesias, que eran seis, pero el sensualismo musulmán, y la total pérdida de principios hacía que quienes habían padecido todo tipo de persecuciones y cortapisas, viesen en el momento que vivían, en el que todo estaba bien, un ejemplo de convivencia que les hacía volverse favorablemente al Islam… O algo peor, cual era, vivir diciéndose cristianos y con un harén...o practicando el vicio abominable por excelencia, que si bien es castigado por el Islam, parece que es de uso generalizado.

Alertados por esta situación tomaron cartas en el asunto Espiraindeo, Eulogio y Álvaro, reclamando en los fieles cristianos una vuelta a la fe, lo que les obligó a poner al descubierto la falsedad y la perfidia del Islam en general y en concreto de Mahoma, según queda reflejado en el mismo Corán. Usando el Corán resaltaron las manifiestas contradicciones que no resisten el menor de los análisis y destacaban los pecados de Mahoma, llegando Espiraindeo a calificarlo de dogmatizador impuro, cabeza vacía, lazo de perdición y sentina de todos los vicios. Estas expresiones que en un mundo relativista como era el de Córdoba, eran asumibles en el terreno privado, eran inaceptables si se decían en público, y justo eso fue lo que hicieron los discípulos cristianos de Espiraindeo, hablando de Jesús en los zocos y en las mezquitas de Córdoba, a tiempo y a destiempo, como San Pablo dice que debe hacerse.

Como consecuencia, el 18 de Abril de 850 se iniciaba una feroz persecución. Primero asesinaron al sacerdote Perfecto, a quién habían forzado a decir lo que es Mahoma para un cristiano mínimamente formado, y en 851 castigaron a la injuria y a más de 400 azotes, a los que sobrevivió, a Juan, comerciante de Córdoba.

Estos suplicios instigaron a los cristianos a seguir su ejemplo; así, Isaac, en 851, se presentó al Cadí a quién le instó a que le instruyese, pero en mitad de su discurso rebatió los argumentos y fue condenado a muerte, siendo ejecutado el 3 de Junio de 851,  siendo expuesto su cadáver, colgado cabeza abajo.

El ejemplo de Isaac tuvo un importante número se seguidores; a los dos días, un guardia del sultán se manifestó ante el Cadí como cristiano y enemigo de Mahoma. El día 5 de Junio sufrió el mismo martirio que Isaac. Y el domingo siguiente, día 7, seis nuevos mártires se entregaron al verdugo.

Un mes tardó en llegar el siguiente, Sisenando, y Pablo. El 16 de Julio fue asesinado el primero, y el 20 el segundo...  Y el 25, Teodomiro.

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