sábado, 9 de noviembre de 2019

La esclavitud y la piratería (1)

La esclavitud y la piratería

Desde el principio del tráfico atlántico, la piratería jugó un papel importante en el tráfico de esclavos, siendo que en un momento tan temprano como el año 1562, el pirata John Hawkins, al servicio de la corona inglesa, transporta a las Antillas el primer cargamento de esclavos africanos transportados por Inglaterra.

Al amparo de la corona británica, Hawkins formó en 1555 una compañía que realizó sus expediciones a la costa occidental de África y se dedicó al tráfico de esclavos en los siguientes años.
Su suegro, Benjamin Gonson, era tesorero de la Marina, y con el alcalde de Londres, Thomas Lodge, con el intendente de la Marina William Winter y otros personajes de la alta alcurnia británica, subvencionaron la armada pirata que encabezaba. Lógicamente, la subvención no lo era a título gratuito, sino con la esperanza de recoger pingües beneficios producidos por la actividad delictiva de su protegido.
En 1564 recibió patente de corso y llevó a cabo una nueva expedición con  una flota de cuatro navíos subvencionados por un grupo de notables británicos entre los que se encontraba la propia reina, que facilitó dos buques, el mayor de los cuales, el Jesus of Libeck, desplazaba setecientas toneladas, como aportación personal a la empresa pirática, que debía desplazarse en primer lugar a África para cargar quinientos esclavos y a robar lo que pudieran.
De principio a fin promocionada por la corona inglesa, se trataba, también de principio a fin de una operación ilegal, contra el derecho internacional, todo en el ámbito de la política que seguiría Inglaterra, al menos desde ese momento... y hasta hoy mismo.
Pero la actividad del tráfico esclavista, al fin, no ocupó excesivamente a la piratería inglesa, manteniendo el bajo ritmo imprimido por Portugal, hasta que Inglaterra logró establecimientos en tierras americanas. A las que explotó conforme corresponde a las formas inglesas, concentrando en territorios minúsculos grandes cantidades de esclavos.
Pensemos que, a pesar de que la propaganda británica nos presente hoy a los piratas como aventureros idealistas, eran, ante todo y sobre todo, asesinos; pensemos que, a pesar de la propaganda británica, los logros más importantes de los piratas, se ceñían en asaltos a ciudades y a barcos que bien estaban desarmados o la potencia de fuego era muy inferior a la de los piratas, y que, después de todo, los triunfos obtenidos militarmente en el momento fueron contadísimos, siendo que la mayoría de las posiciones que iban tomando se limitaban a islotes que España abandonaba; así, el año 1625, franceses e ingleses tomaron San Cristóbal; en 1628, Inglaterra ocupaba Barbados (431 km2) y Nevis (que junto a San Cristóbal suma una extensión de  269 km2; en 1632 tomaba Montserrat (102 km2) y Tobago (300 km2); en 1634 Francia ocupaba San Bartolomé (22,1 km2) y Santa Lucía (617 km2); en 1635 Guadalupe (253,8 km2) y Martinica (1128 km2), mientras Holanda, en 1634 ocupaba Curaçao (444 km2) y tomaba asiento en Guayana, y  Francia, en 1604 se instalaba en Guayana y el gobernador francés de San Cristóbal, Le Vasseur, tomaba la isla de Tortuga (180 km2).
Y esos enclaves, de dimensiones ridículas se convertirían en las joyas de la corona británica, que para tantas películas ha dado. Cierto que al fin no estaban equivocados y acabaron conquistando la totalidad de España en los cinco continentes, pero también cierto que si encomiable es su astucia, encomiable es su falta de principios.
Es el caso que, volviendo al pirata Hawkins, la expedición resultó  todo lo favorable que deseaba la corona británica; raptaron y compraron esclavos; se apoderaron de un buque portugués, y tras cruzar el Atlántico, y con el pretexto de reparar daños, impusieron la venta de los esclavos para poder hacer frente a las reparaciones; acción que culminaron con el incendió de la población de Río de la Hacha sin que ningún acto hostil les incitara a ello.
Y es que el pirata hizo gala de las artimañas que identifican durante siglos la actuación británica. Así, al acercarse a las costas venezolanas, dirigió un escrito a Alonso Bernáldez, gobernador de la provincia, indicando que las tempestades lo habían arrojado al lugar, donde esperaba que la buena voluntad de los españoles le permitiera  reparar sus navíos para continuar su viaje, y señalaba que, para poder hacer frente a los gastos derivados de la operación sería necesario proceder a la venta de las mercancías que almacenaba en sus bodegas, parte de las cuales estaba compuesta por esclavos africanos.
Tan modosa petición iba acompañada de una amenaza: si no se le concedía permiso se vería obligado a atacar la plaza y forzar la comercialización, y como las fortificaciones no existían en ese momento, el gobernador se vio obligado a doblarse a las intenciones del pirata.

Texto completo: https://www.cesareojarabo.es/2019/09/la-esclavitud-y-la-pirateria-texto.html

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