jueves, 14 de noviembre de 2019

Las Casas, un payaso al servicio de la corona (8)

Es encomiable la labor de de las Casas. Su ardiente defensa del indio, que en gran parte no es más que muestra de la actitud desarrollada por España, ha servido para crear, junto a los dicterios de Antonio Pérez, la leyenda negra contra España que con tanta profusión fue divulgada por Europa… y que hoy nadie se cree, salvo los españoles, acomplejados de su ejemplar historia e incapaces de ver, hoy, la diferencia entre la realidad humana existente también hoy en el mundo hispánico y la existente en el mundo anglosajón. Argumento que no se sostiene tras una mera observación del mapa humano de América existente en 2018.

Por todo lo publicado, y sin lugar a dudas, Las Casas representa la piedra angular de la leyenda negra, que alcanza situaciones límite que sólo pueden encontrarse en lo acaecido en Australia con la dominación británica, donde se cazaba a los aborígenes hasta 1945.

Tomaban las criaturas de las tetas de las madres, por las piernas, y daban de cabeza con ellas en las peñas. (Las Casas. Brevísima, Indias: 4)

Una vez vide que, teniendo en las parrillas quemándose cuatro o cinco principales y señores (y aun pienso que había dos o tres pares de parrillas donde quemaban otros), y porque daban muy grandes gritos y daban pena al capitán o le impedían el sueño, mandó que los ahogasen, y el alguacil, que era peor que el verdugo que los quemaba (y sé cómo se llamaba y aun sus parientes conocí en Sevilla), no quiso ahogarlos, antes les metió con sus manos palos en las bocas para que no sonasen y atizoles el fuego hasta que se asaron de despacio como él quería. (Las Casas. Brevísima, Indias: 5)

Vide… ¿Dónde? Si tiene las agallas de decir semejante cosa, ¿por qué no dice dónde?, ¿por qué no dice quién? ¿Será mentira?
Pero las resultas de la publicación de la obra de Bartolomé de las Casas tuvo como consecuencia la reacción de los enemigos de España, que acogieron las barbaridades que con intención bondadosa dice el dominico como arma arrojadiza contra un imperio que amenazaba con expandirse sin límite por el mundo, difundiendo la doctrina cristiana en todas las latitudes. Los enemigos políticos del emperador Carlos y los partidarios de la Reforma religiosa, que acababan siendo la misma cosa, difundieron la obra proclamando la crueldad del pueblo español, que masacraba a los indígenas. Poco importa que el hecho fuese falso; poco importa que los europeos sí aplicasen el genocidio. Lo importante era, como hoy es, la propaganda… Y todo sin atender al hecho de que el Imperio Español apoyaba a quién tales barbaridades decía, y le daba un cargo político: el de Defensor Universal de Indio.

Y lo que es evidente es que «Las Casas se pierde siempre en vaguedades e imprecisiones. No dice nunca cuándo ni dónde se consumaron los horrores que denuncia, tampoco se ocupa de establecer si sus denuncias constituyen una excepción. Al contrario, en contra de toda verdad, da a entender que las atrocidades eran el único modo habitual de la Conquista.» (Messori:)

Y no fue sólo Carlos I. Felipe II, como su padre hizo toda la vida, confiaba en Las Casas; lo nombró miembro de su “consejo privado” y lo invitó a participar en los procedimientos diarios del Consejo de las Indias. El 18 de julio de 1566, a la edad de ochenta y dos años, Bartolomé de Las Casas murió en el convento dominico de Nuestra Señora de Atocha en Madrid.
El crédito del fraile, inconcebiblemente tras una lectura meditada de su “Brevísima”, era absoluto.
No obstante, las denuncias efectuadas por Fray Bartolomé de las Casas fueron respondidas por Juan Ginés de Sepúlveda, jurista de primer orden que frente a las teorías buenistas de Las Casas defendía el derecho de Conquista de España, basándose, entre otros argumentos, en que si no era España quién conquistase y expandiese la doctrina cristiana, serían los herejes europeos quienes conquistarían y someterían bajo un signo distinto. Sobre la licitud de la conquista de América publicó en Roma en 1550 Democrates alter, sive de iustis belli causis suscepti contra Indos, que curiosamente sería prohibido en España, mientras la obra de Bartolomé de las Casas fue editada en Sevilla con todos los plácemes.

Fr. Bartolomé de las Casas, que tenía más de filántropo que de tolerante, procuró acallar por todos los medios posibles la voz de Sepúlveda, impidiendo la impresión del Democrates alter en España y en Roma, concitando contra su autor a los teólogos y a las universidades, y haciendo que el nombre de tan inofensivo y egregio humanista llegase a la posteridad con los colores más odiosos, tildado de fautor de la esclavitud y de apologista mercenario e interesado de los excesos de los conquistadores. (M. Pelayo)


Texto completo en http://www.cesareojarabo.es/2018/08/las-casas-un-payaso-al-servicio-de-la.html

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