miércoles, 20 de noviembre de 2019

Siguiendo con la guerra de Sucesión (XXV)

La situación, que durante 1709 parecía estar controlada por Felipe V, no dependía de él, sino de quienes desde el principio habían decidido repartirse el pastel de España, y de las debilidades o fortalezas de aquellos dependía la marcha del conflicto; así, en 1710 el agotamiento de Francia, provocó la retirada de sus tropas y dejó a Felipe V abandonado a su suerte,  mientras el archiduque había planificado una gran ofensiva sobre Castilla.



La suerte estaba echada; parecía claro que los momentos eran definitivos y manifiestamente favorables a la causa austracista. Los dos pretendientes se encontraron en Lérida, donde el general Starhemberg, el 27 de Julio de 1710, derrotó a las tropas de Felipe en la que es conocida como batalla de Almenara, avanzando hasta Zaragoza, donde nuevamente vencieron los de Staremberg, mientras Felipe huía y las tropas desertaban, pasando a engrosar las filas austracistas en importante número.

Y es que, como consecuencia de los conflictos políticos surgidos a lo largo de 1709, refiere Rosa María Alabrús que “a principios de 1710, la presencia francesa era mínima. Por otro lado, los portugueses habían intentado nuevamente cruzar la frontera por Zamora y Extremadura. En Almenara, los aliados y muchos voluntarios (26.000 hombres) se enfrentaron y derrotaron a los borbónicos (10.000). Éstos tuvieron que retirarse, perdiendo casi todo el reino de Aragón: Zaragoza, Épila, Nuestra Señora de la Sierra, Torrecilla, El Frasno, Villarreal... El 21 de agosto, el archiduque entró en Zaragoza. Allí tuvo un consejo de guerra con los aliados, donde se manifestaron dos posicionamientos: los ingleses y holandeses (Stanhope y Belcastel) eran partidarios de ocupar Madrid; Starhemberg, al frente de los austracistas, era partidario de recuperar Valencia, Aragón y Cataluña e incluso ir a Navarra y Vizcaya –territorios fieles al Borbón.”

Las victorias austracistas de Zaragoza y Almenara no sólo animaron, como hemos visto, a intentar una victoria total por parte de las tropas aliadas, sino que también le animaron a dar más forma al estado que encabezaba, por lo que creó, paralelamente a los Consejos de Estado, Guerra y Aragón ya existentes en su corte, los de Inquisición, Italia y Cruzada“ y después se constituyeron progresivamente los demás Consejos.”  Al respecto, señala Virginia León que “en el período que transcurre entre octubre de 1710 y septiembre de 1711, fecha de su marcha a Alemania, se van formando los restantes consejos, aunque carecieran de competencias por estar su jurisdicción bajo dominio enemigo.”

El triunfo austracista parecía cierto en estos momentos, por lo que, según señala Virginia León, “la segunda incursión aliada en Castilla atrajo a algunos nobles a la causa austracista, como el duque de Híjar, a quien vemos participar en los Consejos de Guerra de ese período. Pero también en el partido del pretendiente austríaco hubo desafectos en 1710: el conde de Clavijo, D. Simón Ibáñez, D. Miguel de la Mata y D. Andrés Dávila, del Consejo de Castilla, después de jurar fidelidad al archiduque, se quedaron en Madrid.”

Por su parte, el duque de Uceda reveló a los aliados los intentos de recuperar Cerdeña, y dilató la partida de la armada destinada a tal fin, mientras conspiraba con los ingleses, quienes orquestaron una emboscada al mando del pirata Norris, que se adelantó y abortó la empresa.

Mientras, Felipe V pedía ayuda a su abuelo, con el respaldo de 31 firmantes de la alta nobleza, el primero de ellos el duque de Alba; respaldo que fortaleció los argumentos, no solo de Felipe V, sino también de Luis XIV, quién recibía reproches por parte de quienes estaban empeñados en el descuartizamiento de España en el sentido de que la alta nobleza no respaldaba a Felipe y sí a Carlos. En esta situación, nuevamente Francia tomó parte, colocando como generalísimo de los ejércitos de Felipe a Luis José de Borbón, duque de Vendome.

En medio de intrigas cortesanas, y cuando Felipe V había huido con la corte a Valladolid, el 28 de Septiembre de 1710 hacía su entrada en Madrid el archiduque Carlos dando lugar a todo tipo de excesos. Los templos fueron saqueados mientras el pueblo, viendo como invasor al ejército de James Stanhope, supo darle respuesta adecuada mediante el ejercicio de la guerrilla, cuya efectividad quedó demostrada, permitiendo que en dos meses fuesen rehechas las fuerzas de Felipe V.

La entrada de Carlos en Madrid provocó un aluvión de voluntarios que nutrieron el ejército felipista, que fue equipado y adiestrado en un plazo de cincuenta días, mientras la guerrilla hostigaba por doquier al ejército del archiduque y las tropas de Vendome impedían la reunión del ejército austracista con los refuerzos que le llegaban desde Portugal, y otro ejército francés, comandado por Noailles atacaba Gerona.

La noticia de la acometida de un ejército francés destinado a cortar la retirada, hizo que Carlos abandonase Madrid el nueve de noviembre de 1710, donde entró nuevamente Felipe V el 3 de Diciembre, mientras las tropas perseguían a las del Archiduque, a las que acabaron enfrentándose en Brihuega, donde Stanhope pidió la capitulación y fueron hechos prisioneros cinco mil ingleses.

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