lunes, 16 de diciembre de 2019

1898, GUERRA HISPANO USENSE EN CUBA (4)

No era esa la situación en los Estados Unidos, donde  el 24 de diciembre de 1897, más de mes y medio antes de ser volado el Maine, era enviado un escrito al Teniente General N.A. Miles. La misiva, llena de desprecio, comenzaba diciendo:


Esta Secretaría, de acuerdo con la de Negocios Extranjeros y de la Marina, se cree obligada a completar las instrucciones que sobre la parte de la organización militar de la próxima campaña en las Antillas le tiene dadas, con algunas observaciones relativas a la misión política que, como General en Jefe de nuestras fuerzas, recaerá en ustedes. (Brenckenridge 1897) (ver anexo)

Y seguía diciendo:

Puerto Rico constituye una isla feracísima, estrátegicamente situada en la extremidad oriental de las Antillas, y a mano para la nación poseedora que sea dueña de la vía de comunicación más importante del Golfo de México, el día (que no tardará en lucir, gracias a nosotros) en que sea un hecho la apertura del Istmo de Darién. Esta adquisición, que debemos hacer y conservar, nos será fácil, porque al cambiar de soberanía, considera, tiene más de ganar que de perder, por ser los intereses existentes allí más cosmopolitas que peninsulares. (Brenckenridge 1897)

Y más…

nuestra política se concreta a apoyar siempre al más débil contra el más fuerte, hasta la completa exterminación de ambos, para lograr anexarnos la Perla de las Antillas. (Brenckenridge 1897)

Y esa política se concretaba en esos momentos en que de los Estados Unidos, y particularmente de Nueva-York, salieron sesenta y tres expediciones filibusteras para fomentar y sostener las insurrecciones, tan ruinosas y mortíferas para la isla, como para España.
Sirva lo relatado a modo de introducción, y pasemos a relatar los hechos, crudos y dolorosos, de una manera estrictamente secuencial.
El 1 de enero de 1898, concedida por el Gobierno de Sagasta, se instaura la autonomía en Cuba. Su gobierno, compuesto por los Sres. Galves, Zayas, Rodríguez, Saenz, Ibañez y Govin, inició negociaciones con EE.UU. para llevar a cabo un tratado de comercio.
La misma carta era aplicada en Puerto Rico.
El resultado de este decreto, fue negativo. Los revolucionarios rehusaron deponer su actitud y aceptar el armisticio, y el consejo de gobierno cubano consideró una falta de consideración que sin su conocimiento, se publicara tal bando.
En estos momentos, Rafael María de Labra, Barbosa, del Valle, Fernández Juncos, Salvador Amell y otros, formaron el Partido Autonomista Puro, o Partido Ortodoxo.
En estos primeros días de enero la agitación llegó a tal grado, que Lee, el cónsul americano en La Habana, pidió barcos a su país para proteger las vidas y haciendas de sus compatriotas, en vista de los motines que se sucedían en la capital de Cuba.
Pero esa agitación había sido provocada por el mismo embajador usense a través del periódico separatista “El Reconcentrado”. El mismo Lee cursó un telegrama en el que informaba:

Turbas capitaneadas por oficiales del Ejército español (¡infame! ni uno solo asistió á la algarada) atacaron hoy las redacciones de cuatro periódicos que abogan por la Autonomía. A esta hora, una tarde, continúa el motín. Mucha excitación que puede conducir a serios disturbios. La dificultad empezó entre los que se oponen »á la Autonomía, y hasta ahora todo lo que se hace es contra los que abogan por ella. En este momento el motín está aplacado, pero circulan muchos rumores de que se renovará... El Consulado está bajo la protección de hombres armados…/… Supe ayer que unos cuantos  amotinados declararon á gritos su propósito de marchar á  nuestro Consulado. Puede necesitarse la presencia de buques de guerra. Se me dice que las tropas de que se ha llenado el Palacio para proteger al General Blanco, gritaron también ¡muera la autonomía! ¡muera Blanco! Si se demostrara que las autoridades no pueden mantener el orden, salvar vidas... y que los americanos y sus intereses corren peligro deberán mandarse á este puerto buques de guerra, á cuyo fin bueno será estén preparados para ponerse en camino enseguida. (González 1903: 85)

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