jueves, 19 de diciembre de 2019

1898, LA GUERRA EN FILIPINAS (11)

La respuesta del ministro no se hizo esperar. El día 21 de julio, con el concurso del cónsul en Hong Kong, el ministro de la Guerra  informaba al general Augustín:



«Se apresuran negociaciones de paz y acordar en breve el armisticio. Como preliminar de aquellas, interesa que V.E. siga manteniendo a todo trance soberanía en la plaza con la entereza y decisión que lo está haciendo, pues en ellos estriba gran parte solución favorable negociaciones.» (Dávila 1999: 329)

El día 25 el general Augustín vuelve a cablegrafiar a Madrid:

«Manila lleva tres meses estrecho bloqueo y dos de bloqueo y cerco por insurrectos. Todos admiran resista tanto tiempo sin auxilios con sólo defensas improvisadas pero se agotan subsistencias aunque se hizo posible aprovisionamiento. Guarnición disminuye por bajas naturales y sólo por valor, buen espíritu, sufrimiento tropas y continuos trabajos defensa he podido hasta ahora contener y rechazar enemigo y sus proposiciones capitulación. Con la escuadra y refuerzo que esperaba, roto bloqueo hubiera podido prolongar resistencia. Su regreso producirá fatal efecto elemento español que se considera abandonado y animará insurrectos. Urge si hay negociaciones paz venga enseguida armisticio para evitarlo y poder sostenerme en ella según deseo gobierno pues sólo tendré que contener a insurrectos. Estos han cortado el agua a población .Se utilizarán aljibes. (Dávila 1999: 330)

El 7 de Agosto de 1898 comienza el ataque usense a Manila que capitula el día 13, después del acuerdo de paz de París del día 12.
Las medidas tomadas por el general Augustín eran indicativas del final que se venía anunciando; así, el once de agosto se dio la orden de no hacer fuego sobre el enemigo aunque fuesen atacadas por éste… Y hubo más… se prohibía que ninguna batería apoyase a otra que se viese atacada… Y más… Se prohibió a las tropas de infantería y las unidades de artillería impedir que los sitiadores tagalos progresasen en su labor de abrir trincheras en torno a Manila.

Se sabe que a otro capitán le costó cuarenta y ocho horas de arresto el hecho de haber disparado sobre los norteamericanos á fin de evitar que construyeran una trinchera frente al fuerte de San Antonio Abad. Se sabe que se dio orden de abandonar el fuerte citado, como antes se había abandonado la línea del Zapote y después la de Las Piñas, y que la resistencia del comandante de aquel fuerte a cumplir la orden, dio tiempo á que se reflexionara mejor sobre lo dispuesto y se rectificara. Se sabe, por haberlo afirmado públicamente personas de notoria seriedad, que en la ciudad sitiada se daban pases á los chinos para que fuesen al campo enemigo á llevar víveres, rayadillo, tabaco y otros efectos de que carecían los sitiadores, y no se ignora que esto producía terrible impresión en la tropa…/… Se sabe que en la junta de generales para la rendición de Manila hubo quienes protestaron de la entrega, afirmando que, si bien las defensas eran defectuosas, se estaba en la obligación de resistir hasta consumir la última ración y las postreras municiones. Se sabe todo esto, y mucho más que no puede referirse por falta de pruebas, y no se sabe que se haya instruido de veras ningún expediente para averiguar, por ejemplo, quién o quiénes daban pases para llevar á los sitiadores las provisiones que hacían falta en Manila.  (Isern 1899: 454-455)

El día 13 de agosto de 1898 capituló  la plaza de Manila ante las fuerzas mandadas por el General Merrit. La capitulación se hizo, dijeron, con todos los honores de la guerra, y la ha firmado el General Jáudenes, gobernador militar de Manila, que desoyó los comunicados que le pedían resistir unos días más a fin de tener más fuerza en las negociaciones de paz. La noticia de la rendición no llegó a Madrid hasta el día 25.
Las tropas españolas en Filipinas acababan rindiéndose sin presentar batalla, y el costo humano, al menos, fue muy reducido.

Las bajas en Filipinas fueron notablemente inferiores a las de Cuba. Allí murió un 30 por ciento del contingente; en Filipinas, algo menos de 200 hombres en combate y poco más de 3.000 por enfermedad. Esta cifra coincide con el diez por ciento de bajas considerado habitual en el trópico por los ejércitos europeos del siglo XIX e indica la poca entidad de los combates librados. (Puell 2013: 48)

http://www.cesareojarabo.es/2018/04/1898-la-guerra-en-filipinas-texto.html

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