lunes, 9 de diciembre de 2019

De Isabel II al sexenio revolucionario (2)


Un manifiesto en el que queda también manifiesto el arte del liberalismo para utilizar la mentira, cuyo uso defiende y justifica, por ejemplo, a la hora de realizar una campaña electoral… o a la hora de utilizar una propaganda engañosa también en otros ámbitos no necesariamente políticos.
Un uso de la mentira que no tiene rubor en proclamar. Por ejemplo, John Knox asegura:



En contra de nuestros malditos oponentes, todos los medios están justificados, mentiras, traición, manipulación de las leyes aunque sean contradictorias.

Un uso de la mentira que, evidentemente, siempre se realiza en beneficio propio. Algo que les es reprochado incluso por el comunismo que, no en este caso sino en otros, relata alarmado las matanzas llevadas a cabo por los liberales, a quienes acaba no reprochando la barbaridad en sí, sino que ésta esté llevada a cabo no por odio, sino por mero cálculo.

En 1840 dio fin la primera guerra carlista, pero con ello no acabarían los problemas del estado liberal, sino que, por el contrario, se recrudecieron.
A partir del 1 de septiembre de 1840 estallaron revueltas por toda España en las que se formaron "juntas revolucionarias". La primera en constituirse fue la de Madrid encabezada por el propio Ayuntamiento en defensa de la Constitución de 1837 y en demanda de un nuevo gobierno.
Ante esta situación, la Regente ordenó al general Espartero que reprimiera la rebelión, algo a lo que se negó Espartero, que acabó constituyendo un nuevo gobierno de carácter progresista que acogía las demandas relativas a la suspensión de la ley de ayuntamientos y la disolución de las Cortes, y que comportaba la renuncia de María Cristina a la Regencia, algo que tendría lugar el doce de octubre de 1840.
En el escrito que envió a la regente, y manifiestamente en relación al matrimonio secreto de Maria Cristina con Fernando Muñoz y Sánchez, duque de Riansares, contraído tras la muerte de Fernando VII, se decía:

Hay Señora, quien cree que Vuestra Majestad no puede seguir gobernando la nación, cuya confianza dicen ha perdido, por otras causas que deben serle conocidas mediante la publicidad que se les ha dado.
La tutela de Isabel II quedó encomendada a Agustín Argüelles, mientras la regencia pasaba a manos de Espartero, que mientras estuvo en el poder, hasta 1843, tuvo que afrontar la oposición de progresistas y moderados. Espartero y O’Donnell, que habían combatido juntos a los apostólicos, empezaban a distanciarse.

Tres años duró la regencia de Espartero, en un mar de conflictividad que llevó a acelerar el reconocimiento de mayoría de edad de Isabel II.

El 10 de Noviembre de 1843 juraba Isabel II como reina constitucional. Contaba 13 años, y el nuevo gobierno fue presidido por el progresista Olózaga.

La niña coronada, Isabel II, juraba:

Juro por Dios y por los Santos Evangelios que guardaré y haré guardar la Constitución de la Monarquía española, promulgada en 18 de Junio de 1837; que guardaré y haré guardar las leyes, no mirando en cuanto hiciere, sino al bien y provecho de la Nación. —Si en lo que he jurado, o parte de ello, lo contrario hiciere, no debo ser obedecida; antes aquello en que contraviniere, sea nulo y de ningún valor. Si así, Dios me ayude y sea en mi defensa; y si no, me lo demande.

Como casi todos los juramentos de los distintos miembros de la familia Borbón, mayores o menores de edad, evidentemente, era papel mojado.



Texto completo: http://www.cesareojarabo.es/2018/06/de-isabel-ii-al-sexenio-revolucionario.html

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