lunes, 30 de diciembre de 2019

El amargo sabor del azúcar (2)

Por estas circunstancias, y por el incremento del tráfico negrero, la isla dejó de ser productora de azúcar para convertirse, como Cabo Verde, en centro neurálgico del tráfico, circunstancia que se veía favorecida por su situación  estratégica entre los continentes africano y americano.

Y es que, desde un primer momento, la producción azucarera se implantó en La Española, del mismo modo que pocos años antes se había procedido en las Islas Canarias.
No podía ser de otro modo, siendo que con la Conquista se importaba unos medios de producción, como unos modos de alimentación, que exigía el desarrollo de esta industria. Para los naturales fue un cambio más que afrontar. Junto al azúcar se introducía en el nuevo mundo el trigo, el vino, el aceite, el ganado lanar, el cerdo, el ganado bovino… cuyo desarrollo, salvando el caso de los cereales, encontraron unas condiciones de producción que resultaron excepcionales, y como consecuencia, las plantaciones de caña encontraron un lugar sin parangón.
No obstante, el desarrollo que alcanzaría la producción en el Caribe español no alcanzaría importancia singular sino hasta el siglo XVII en Puerto Rico y en Cuba, ocupando un lugar especial los asentamientos piráticos ingleses holandeses y franceses que se produjeron en aquellos lugares del Caribe que España dejaba sin control por considerarlos de bajo interés.
El cultivo de la caña, así, comenzó a tener un desarrollo importante, pero con diferentes matices. Mientras España le dedicaba la atención propia de un mercado cerrado, los europeos, que iban ocupando las islas que España descuidaba, crearon un emporio en principio tabaquero y finalmente azucarero a base de mano de obra esclava; primero se trataba de esclavos ingleses, que vendían su libertad a cambio de un billete de ida, y luego se trataba de mano de obra africana.
Por su parte, Portugal, a mediados del siglo XVII se hacía con el mercado mundial del azúcar merced a sus centros de producción de Brasil.
Se había dado comienzo a una carrera frenética por la producción de azúcar y por el control de su mercado; algo que no podía escapar de la órbita británica y holandesa, quienes, sin lugar a dudas fueron los promotores de esa carrera, controlando el mercado y creando en la población la necesidad de consumir azúcar antes incluso de tener la capacidad de suministrar el producto, pero no antes de tener controlada su distribución. Es la filosofía del liberalismo, que en esos momentos comenzaba a mostrar sus fauces.

En realidad, parece que en el siglo XVII, como luego en el XX, el primer paso que daban los pobres para salir de la indigencia iba acompañado del deseo de añadir azúcar a la leche y al té. (Thomas 1997: 187)

En ese orden, y con la experiencia acumulada en las plantaciones de Curaçao, judíos holandeses se trasladaron a la colonia inglesa de Barbados, donde descartaron los esclavos ingleses, que fueron sustituidos por esclavos negros expertos en la producción azucarera.

La conversión del Caribe en un archipiélago azucarero -situación que duraría más de doscientos años- se debió sobre todo a las empresas francesas e inglesas, pero que se inspiraron en las ideas de los holandeses de Brasil y funcionó gracias a la mano de obra de esclavos suministrados por tratantes holandeses. (Thomas 1997: 186)

Barbados sería el primer centro esclavista de producción azucarera en el Caribe, y a partir de él se difundiría la producción a los otros centros piráticos del Caribe, que Inglaterra convirtió formalmente en colonias. Antigua, Nevis, Montserrate, San Cristóbal, y finalmente, cuando España fue desalojada, Jamaica. En todos los casos, y muy especialmente en el caso de Jamaica, la acción fue orquestada por la comunidad judía, que llevaba una importante actividad pirática y había creado en Holanda sendas compañías, de las Indias Occidentales y de las Indias Orientales, dedicadas a la piratería y al tráfico de esclavos, y con objetivos concretos para tomar posiciones en el continente. La actividad de la Armada de Barlovento en el Caribe, y de la Armada que tras el ataque del pirata Drake hubo de constituirse en el Pacífico, junto a la actuación del Tribunal de la Inquisición de Lima, fueron las responsables de que no lograsen sus objetivos.
Pero si no consiguieron sus principales objetivos, consiguieron los de segundo orden; así, en los últimos años del siglo XVII, el mercado del azúcar había dejado de depender de la producción brasileña, desbancado por la producción británica, y en segundo lugar francesa (en Guadalupe y Martinica), en las Antillas.

A partir de fines de esta centuria, el proceso indicado de conversión de la economía colonial (de la pequeña producción de tabaco y añil hacia la plantación esclavista con la caña de azúcar como principal cultivo) se hizo notar también en la parte francesa de la isla de Santo Domingo. (Grafenstein 1990: 62)

Y para conseguir la producción, la mano de obra debía ser importada. Ahora ya se había descartado el uso de esclavos ingleses e irlandeses, que dieron malos resultados al demostrar que eran poco adaptables al clima, y se hacía necesaria la importación de mano de obra africana, así como se hacía necesaria la importación de maquinaria, todo lo cual representaba un riesgo económico de envergadura, siendo que el aporte de esclavos debía ser constante debido a la gran mortandad.
Como consecuencia se hacía necesario asegurar que en las colonias no pudiese comprase nada que no fuese fabricado en Inglaterra, fuese una alpargata, un clavo o un sombrero, y por supuesto un esclavo que no fuese suministrado por empresas británicas. Así resultó tarea prioritaria la creación de empresas negreras que fuesen capaces de ser tan eficaces como lo estaban siendo las empresas holandesas.


Texto completo: http://www.cesareojarabo.es/2018/12/el-amargo-sabor-del-azucar-texto.html

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